Conquistadores y conquistados

Conquista tu Cumbre, edición “La Payunia” fue  una carrera que me sorprendió en su extrema dureza. Con solo mirar a mi alrededor, uno quedaba sin habla. El paisaje era hermosamente áspero, con un arcoiris de rojos, negros y amarillos. El Payún Liso dominaba la zona, con una majestuosidad que no dejaba duda de lo que sería la subida, sobresalía notoriamente entre todos los volcanes de la zona. Se recortaba en una lejana inmensidad que estremecía.

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Largada en la plaza de Malargüe

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El domingo a las 11 de la mañana era la cita en la plaza de Malargüe para iniciar la caravana hacia “la pasarela”, lugar desde donde sería la largada simbólica hasta uno de los labios del volcán Coco. A medida que nos acercábamos hacia allí, el paisaje se convertía en un inhóspito desierto. Y en mi interior iba creciendo el nerviosismo y el miedo a lo desconocido.

Pasada las dos de la tarde,  se inició la largada simbólica, adelantándose un poco al cronograma para tratar de aprovechar un poco mas las horas de luz.

Largada simbolica desde la pasarela

Si alguno acaba de aterrizar en este momento acá, hago un pequeño paréntesis en esta crónica para explicar brevemente en dónde exactamente me estaba metiendo. Conquista tu cumbre es una carrera que busca en cada edición, que los corredores vayan conquistando una cumbre diferente. En ediciones pasada fueron el cerro “Mal Barco” en Los Molles, con 3300 msnm; el Cerro Champaquí de casi 3000 msnm, en La Cumbrecita y este año, la cumbre a conquistar era el Payún Liso de 3820 msnm. Transitando 100 km planimétricos a los que había que agregarle el gran desnivel acumulado, alrededor de  4000.

Munidos de un mapa, la brújula y algunos también el GPS, había que ir pasando diferentes puntos cronológicos llamados “Puestos de Control”, algunos de ellos con horarios de cierre, por lo que tiempo apremiaba. Y con el condimento de llevar en una mochila todo lo necesario para sobrevivir los días que nos llevase la prueba.

Cuando arrancamos la caminata hasta la cumbre del coco, me doy cuenta de que de mi camel (bolsa de hidratación)  no salía agua, me quería morir,  no había controlado al cargarlo que saliera agua, y me entró una desesperación porque sin agua, poca vida tenía en esta aventura.

Pero no quería detenerme, fui caminando apurando el paso, hablando con los corredores con los que iba empatando en el camino.
Pero llegando al Coco, vi que estábamos sobre la hora, asi que abrí rápido la mochila y vi que la válvula de seguridad del camel estaba desconectada, conecté rápido y seguí la subida. LLegué justo cuando había arrancado la cuenta regresiva y al son del último  4, 3, 2 1, me lancé como loca hacia abajo, ¡como todos! En una locura que nos había contagiado a todos sin pensar demasiado que por delante teníamos mínimamente 35 horas.

Preparados para largar en el labio del VOlcán Coco
Largada del Volcán Coco

De lejos veo a unos amigos, el Negro y Zanetti y fui tras ellos, pero luego de un tiempo largo, los dejé ir. El Negro avanzaba con un tranco infernal y tuve miedo de quemarme de entrada. Así que bajé un poco los decibeles y sobre todo la ansiedad.  Era la primera que largaba sola con mi alma una carrera. Y tenía que acostumbrarme a la idea.

Se hizo una fila india e iba trotando y caminando en las subidas. Fui pasando un montón de gente y se sentía una adrenalina increíble.
Seguí sola todo el camino, llegué al primer CPO en el Volcán Clemente, pero fue un paso sin mucha ceremonia, anotaron mi número de corredora sin siquiera detenerme.

Había que enganchar la entrada al escorial en el CPO siguiente, en el mapa figuraba que había justo una senda de animales y en la charla nos habían dicho especialmente que no intentemos avanzar por el escorial por otro lado porque se nos iba a hacer difícil. Quedé justo en la entrada buscada. Seguí la senda, siempre tomando agua cada 5 minutos. A la hora me tomé un gel, había intentado pasar algunas frutas secas pero se me apelotonaban en la garganta, y como tenía que empezar a recuperar el gran desgaste que estaba haciendo, intenté con eso.

Todo venía saliendo de 10. A esa altura  me había pseudo  adoptado otro  Corredor, estábamos  casi los dos solos y de vez en cuando chequeaba si venía atrás, si paraba para sacarme la arena  de las zapatillas, él me esperaba —un divino—, sobre todo ¡porque no habíamos emitido diálogo alguno!

Daniel, que así se llamaba, venía con buen ritmo, y me servía para no quedarme atrás.
Llegué al PC 1 apenas pasada las  20 horas, cuando el sol se había ido casi por completo y era solo  un destello lejano detrás de la cordilllera.

Hicieron la primera marca en mi pasaporte y para mi significó mucho mas, era un pedacito de carrera que ya nadie me podía quitar.
No había mucha gente en el PC, pero en el interín que cargué agua, me tomé otro gel, me comí dos barritas y me abrigué, se llenó. Necesitaba imperiosamente “ir al baño” pero no había arbustos, ni nada que se le parezca, asi que partí hacia mi próximo destino, con la idea de hacer una “parada técnica” en la oscuridad. En eso estaba, cuando veo que se me acercan cuatro luces, apuro el trámite y enciendo mi luz. Los chicos que venían eran unos amigos de mi novio, el equipo La legión Infernal, que como ví que se me venía la soledad de la noche en ese lugar tan inhóspito, les pregunté si me podía acoplar con ellos y marchamos hacia el Pc. Lo encontramos bastante rápido, y seguimos. No se bien que hora era, por ahí pasada las diez de la noche.

Pampas negras

Comenzamos a transitar la zona de Pampas Negras, donde el suelo está cubierto por una formación volcánica llamada “pilis” que se asemeja a una arena gruesa pero de color absolutamente negro, en si toda La Payunia se caracteriza por no tener prácticamente huellas de presencia humana y en ciertos sectores, como éste que teníamos por delante,  la organización priorizó el cuidado de áreas sensibles y era obligatorio transitar por las huellas ya hechas. Fueron mas de 15 kilómetros de un camino en un falso plano hacia abajo, donde el sueño, el cansancio y el frío fueron las vedettes. Agradecí ir en compañía, pero ni eso era suficiente. Llegó un momento, cerca de la una de la mañana donde comenzamos a dormirnos. Había momentos que me daba cuenta que había estado caminando dormida. Alucinaba que las mochilas de Claudio y Lucas —los chicos que iban unos metros adelante— cobraban vida, me hacían morisquetas y se reían.

Finalmente a las 3:15 de la mañana llegamos al PC3, la base del Payún. Ahí me entero que La legión abandonaba, había dos que estaban esguinzados y otro que venía mal del coco.

Me comí la carbonada caliente y me fui a buscar un lugar dentro de la carpa-hospital que se había  convertido en carpa-dormitorio. Puse la alarma del reloj como para despertarme un rato antes de que se cumplan las dos horas. En pocos minutos había entrado en un sopor de cansancio y adrenalina extraño.
Cuando sonó  el despertador, me incorporo  y veo al Negro del otro lado que estaba en la misma, fueron un ida y vuelta  de preguntas y respuestas en las que quedé en ir con él y con quien fuera que fuese él.
La organización había dispuesto que mínimo teníamos que parar tres horas, a repartir como quisiésemos en los dos PC Camp que había en el recorrido, yo había “pagado” dos ahí y  ya estaban cumplidas, pero decidí que era mejor emprender esa gran odisea de subir al Payún con amigos que salir sola por no perder tiempo.

Pampas negras, de fondo el Payún Liso

Al final éramos un lindo grupo de seis amigos que emprendimos la subida. Todavía no eran las seis de la mañana y ni rastros del sol.

Creo que no tomé conciencia en ningún momento de lo que estaba haciendo, y por eso no dejó de sorprenderme nunca la dureza y la aspereza que fue subir al Payún ¿liso?
Fueron horas y horas de luchar contra piedras, contras las piernas que no daban mas de subir y subir, pidiendo internamente que alguien detenga el paso para descansar. Hubo algunas que las pedí yo, no daba mas. Otras que disfruté el pedido de stop de los otros.
Eran unos segundos donde era imperioso detener el paso y dejar descansar los cuádriceps, ni hablar de los deliciosos minutos que parábamos para comer algo, un par nada mas, pero que eran gloria para la espalda, las piernas y cualquier parte del cuerpo con músculo  presente.
A medida que subíamos se incrementaba la tecnicidad del terreno.

En un momento, desde una de las quebradas, nos grita alguien que el chico del CPO había  bajado por el frío, creo que nos lo decía para que bajemos a buscarlo, pero no era una opción esa. Seguimos hacia arriba.
Ya habían pasado varias horas, el sol había salido pero ni remotos rastros del calorcito.
Lajas y rocas, móviles o quietas eran nuestra compañía. Llegamos al PC 4, toda una odisea. En el camino   hubo momentos en los que teníamos que caminar agarrados de una pared de piedra para no caer al precipicio.

Pero la felicidad que nos embargó en es ese momento vino acompañada de un cachetazo, justo habían recibido la orden por radio de cerrar el paso hacia la cumbre… ¡no nos querían dejar subir! Le pedimos por favor al muchacho que se comunique nuevamente, que le diga quiénes éramos (todos teníamos experiencia)  hubiera sido injusto, dos segundos habían pasado desde la orden y nuestra llegada. Finalmente escuchamos el distorsionado “ok, que suban”. Encaramos por el filo, pero camino a la cumbre pasó algo que después cambiaría mi historia: el viento, el cansancio, la falta de reflejos o no se bien que, de repente me llevaron de cabeza hacia a la derecha. Caí como una bolsa de papas y di de lleno contra una roca. El casco hizo la diferencia en que hoy esté contando el cuento, pegué también con toda la fuerza del golpe con mi rodilla derecha. Quedé como tonta sin saber que hacer por unos segundos hasta que entre todos me ayudaron a salir de ahí.
Sentí un poco de molestias después, pero ni aún bajando por el Payún me dolió demasiado. Y eso que la bajada fue también otro motivo para no entender el por qué del adjetivo “Liso” a este volcán.

El acarreo infernal que había en esa bajada nos estaba dejando exhaustos, eran rocas del tamaño de una pelota de futbol. Te caías, te levantabas y te volvías a caer en esa eterna pendiente que nos llevó hasta la base.

Uno de los chicos,  no quería saber nada de ir al PC6 y aunque primero concordé con él, luego decidí ver el mapa para ver realmente donde corno estaba el dichoso PC6, en realidad era de pasada, valía la pena ir hasta allí porque después seguíamos hacia el siete. Y Sergio opinó lo mismo.
Nos costó encontrarlo, estaba escondido, y cómo sabíamos que éramos los últimos que habíamos estado en la cumbre, cabía la posibilidad de que lo hubieran levantado. Comenzamos a hacer entre todos un rastrillaje, el GPS anunciaba que estábamos en el puesto, pero no se veía por ningún lado. Finalmente alguien lo vio y dio el grito, fuimos a firmar y rápido emprendimos el caminos hacia el siete. Estaba atardeciendo, y de repente nos aplastó la noche.

El sueño ya pegaba, pero había que seguir. Cuando llegamos al seis ya era notorio que había muchas bajas, yo tenía que pagar una hora, pero estaba decidida a dormir por lo menos dos. Comí rápido unos fideos y les pregunté al Negro y a Zanetti para volver salir con ellos y me puse el despertador.
Esta vez no había carpa ni nada. Armé la bolsa con el vivac en un resguardo que se creaba entre la carpa, un arbusto llamado “El Molle” y una camioneta. Dormí profundamente, cuando me desperté, abro un ojo y estaba todo apagado, y no se veía a nadie.
Me agarró algo así como un ataque de pánico. Pensé rápido y me fui haciendo a la idea de tener que salir sola. Eran la una de la mañana y el cielo era un colchón de estrellas que me dejaba pasmada.

Salí disparada de la bolsa de dormir y fuí para donde habían armado sus bolsas los chicos y los vi. Uff. Alivio.
Salimos nuevamente los cinco hacia el PC8. Mi rodilla comenzó a quejarse (el golpe, con el cuerpo frío, se estaba haciendo presente) , le pedí un calmante fuerte que tenía Sergio y seguí.
En el ocho, que lo habían bajado a la ruta, me agaché para que me firme el pasaporte el chico y siento un ruido raro en mi rodilla, no se si algo se movió, no se… Pero a partir de ahí empezó un calvario.
Seguí calladita con mi dolor hasta que en un momento les digo a los chicos de parar, para vendarme la rodilla y tratar de menguar esa tortura. Pero fue solo un paliativo. No podía mas. El cansancio tampoco ayudaba, nuevamente veníamos durmiéndonos. Y yo fui masticando la idea de no seguir. Es mas, comencé a fantasear quedarme literalmente ahí, en el medio de la nada donde nos encontrábamos. La idea era abrir el VHF para avisar y dormir hasta que haya luz o me fueran a buscar.

Obviamente, mis compañeros no me dejaron hacer esa locura. Me alentaban con un “dale Anita, hasta la ruta que ya llegamos, faltan dos kilómetros” YO pensaba, “ok, serán media hora con toda la furia”. EL viento pegaba muy fuerte y sumado al cansancio, contribuían a que la temperatura corporal decienda de a ratos demasiado.
Al llegar a la ruta, vemos que no había nada. “Hasta el PC, Anita” me decía Sergio, “dale, ahí es seguro”. “Ayyy —pensaba—, no puedo, no puedo”.
Venía al lado mío, intentando insuflarme ánimo, trataba de que se me pase rápido el tiempo, me cantaba cuanto faltaba… “1,60 km… 1,20 km… ya casi estamos!”

Amanecía en la Payunia.
Comenzó la bajada y sentía que me  moría, bajaba a dos por horas y mi rodilla gritaba y pataleaba ( y yo con ella).

Pensaba “¿dónde esta el “#$# PC, porrrrdiossss?”
Pero todo llega, y llegué al PC10. Ya había tomado la decisión de quedarme ahí. Asi que mientras los chicos se iban hacia el 11 yo me iba al DOMO a descansar un poco y esperar que me vayan a buscar.

El domo del PC10

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Tipo 9 de la mañana comienzan a despertarse los que ya estaban ahí y me sentí un poco mejor, pero la rodilla seguía doliendo. Pensé por un momento en seguir, pero era una locura. Me sentía impotente, con bronca, había hecho la peor parte de la carrera  (o la mejor) y estaba ahí, sentada, atada de manos.

Mi carrera terminó ahí, a poco mas de 20 kilómetros. Cerca del mediodía llega una camioneta que nos llevaría a “la pasarela”, donde había comenzado esta aventura hace casi 48 horas.

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¿Marte? no, La Payunia

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Fue la carrera mas dura, fue mi primer abandono. Duele, pero por lo menos me queda la satisfacción de haber entregado todo, y de haber disfrutado algo totalmente distinto.

En septiembre se hace la segunda edición de “Conquista tu Cumbre 2010”, esta vez en Los Gigantes, y si todo se acomoda  ¡iré en busca de mi revancha!

Estebita, Viv, Mua, Gus.. foto oficial

.fotos:

Conquista tu cumbre 2010
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19 Responses to Conquistadores y conquistados

  1. Marco dice:

    Grande Anita, te falto decir que de 200 corredores SOLO 38 hicieron cumbre en el Payun y VOS fuiste una de ellas. FELICITACIONES y las carreras siempre dan revancha.
    Un beso

  2. che gurisa dice:

    Hola Marco!
    Es verdad. en un principio lo había pensado, pero en el apuro de escribir anoche no lo hice…
    ¡Eso si que me hace sentir bien!

  3. Carlos dice:

    Lo siento muchísimo Anita, pero como dice Marco, eres toda una superviviente, todo un ejemplo de tenacidad y fuerza. Te admiro mucho Anita y estoy seguro de que, como decimos por aquí, te sacarás esa espina en septiembre. Mucho ánimo hasta entonces.

    Un besazo fuerte. ;-)

  4. Pablo dice:

    felicitaciones anita, una cosa increible lo que hiciste!!!
    ya tendras oportunidad de revancha, como anda tu rodilla, ya estas entrenando de nuevo????? abrazo!!!!

  5. che gurisa dice:

    Hola CARLOS, claro que me voy a sacar las espina!,(tengo que pensar positivo y visualizarme!) Es una buena escusa para comenzar a focalizar en algún objetivo.
    Igualmente, como dije por ahi, el solo hecho de haber hecho lo que hice (trabalennngguas) me deja contenta, fue una experiencia maravillosa y me alienta a ir por mas.

    PABLO, estoy en plena recuperación con kinesiología y antinflamatorio, el golpe fue bravo estoy hoy por hoy con dolor en la zona. Paciencia me recetó el doc tamb ién ;o)

  6. chello dice:

    Hola Ana !, comparto todas tus sensaciones en la subida al Payun, felicitaciones por el carreron y que mejore tu rodilla !!!

  7. che gurisa dice:

    CHELLO! gracias…

    Me voy acordando de cosas de la subida al Payun, cuando me desperté en la carpa que los corredores tomamos como “dormitorio”, no encontraba por ningún lado el guante. Se me venía la subida al volcán, con el frío que hacía y yo sin un guante. Empecé desesperada a buscar en donde vendían el guiso, volví a la otra carpa, revisé por donde había estado mi mochila pero nada. NO sabía que hacer, ahí me cuenta SIlvia que ella había perdido uno en el camino! y se había puesto los dos liners para compensar, pero ahora ella había perdido el único que tenía!
    Seguí buscando hasta que lo encontré ! pero al ponérmelo me doy cuenta que era otro diestro, no era mio! Al final era el que había perdido en segunda medida Sil, y así nos quedamos las dos con uno en cada mano!

    Me puse los dos guantes liners y uno de los chicos me prestó uno de los mitones de bici que llevaba para agarrar los bastones.. Pero toda la primera etapa, que no había sol como hasta media mañana (que fue casi la mitad de la subida) se me congelaban bastante las manos…

    Esa noche, en el PC7, cuando saqué la bolsa de dormir para descansar un par de horas ¿¡quién apareció!? SI! el guante, había etado todo el tiempo adentro de mi bolsa de dormir!!!

    • chello dice:

      jaja! guantes! yo pardí el derecho cuando salí del pc3, intenté buscarlo entre las matas de pasto pero no hubo caso, ni loco subia sin guante pero tampoco iba a perder mucho mas tiempo, así que el par de medias de repuesto, una dentro de otra, fue el miton de reemplazo !

      • Pablo dice:

        esa es buena! esteban llevaba medias de repuesto para abrigarse, y para usarlas de proteccion en la famosa bajada del payun!

  8. Alfonso dice:

    Ana, eres un volcán de valor y bravura. Y una gran atleta. La carrera que describes es durísima y el esfuerzo titánico. Me has asustado con el “coscorrón”, pero sobre todo con ese querer quedarse tirada en medio de la nada. Menos mal que llevas buenos amigos a tu lado. Cuida esa rodilla, se prudente, entrena y ya nos contarás esa revancha que se adivina a cara de perro.

    Suerte !!!

  9. Paco Montoro dice:

    Anita he disfrutado con esa gran aventura que tan bien nos ha relatado. Lo tuyo no fue un abandono, y si lo fue, sería forzoso, por tus problemas con la rodilla.

    Un beso, eres un ejemplo para todos…

  10. PabloNSN dice:

    Hola, Anita, aún no he tenido tiempo de leerte más que en diagonal (y de deleitarme con esas fotos fantásticas!), a ver si antes del domingo me pauso un poco y me pongo a leerte con calma, tus relatos son siempre fuente de inspiración! Mientras tanto, besos !

  11. mayayo dice:

    Bravo Ana! Magnífica la carrera, y soberbia la pelea tuya hasta el final. Así son estas pruebas, no? duras, inteminables…y el minimo detalle te deja fuera de combate, por mucho coraje que quieras echarle.
    “Vuelve con tu escudo, o sobre él” se despedían los guerreros espartanos. Más, no se puede pedir, y creo que aciertas de pleno al estar muy orgullosa de tu rendimiento en el Paýun.
    Es por todo ello que nos enamoran estas locuras, verdad? :-)

    Cuídate bien esa rodilla, que ya estoy deseando leer tu aventura conquistando tu cumbre 2011. (Y ya puestos, porque no leer tambien como fuiste al UTMB 2011 con unos chicos españoles, jaja)

  12. gurisa dice:

    Hola ALFONSO! gracias por tus palabras, igual eso de Gran Atleta como que me queda medio grande, pero igualmente me sube el ego, jeje…
    Pero es verdad lo que decìs del grupo en el que iba, realmente es un buen aporte no correr sola o no correr este tipo de carreras con gente que no conocès. En esos mometnos, cuando la cabeza y el cuerpo ya no responden, y uno tiende a hacer lo que mas facil sale que es quedarse ahí sin pensar en las concecuencias es que el empu´jón de la gente que conoces te sirve!

    PACO, qué bueno que hayas disfrutado con mi relato, de alguna manera lo comparto para que otros puedan vivenciar un poquito lo lindo que fue. Se que me salió medio larguito pero mechadito con fotos por ahi se traga mejor. ;)

    PABLO, no te preocupés que acá va a quedar para cuando lo quieras leer… Acá hay una publicidad de “Tes” que dice “Me tomo cinco minutos.. me tomo un té” … Asi qeu ya sabés!

    MAYAYO! Se me pone la piel de gallina de pensar en el UTMB 2011, hay un chico que la corrió a la carrera esta y está anotado para la de este año, que envidia..
    Y muy buena esa despedida de los guerreros espartanos….
    A ver con que sigo ahora… ¿?

  13. anita dice:

    Hoy salió en clarin una nota de la carrera, el tercero en la foto, es el Negro

    http://www.clarin.com/diario/2010/04/12/sociedad/s-02178733.htm

  14. El Negro dice:

    Anita
    Fue un placer compartir el recorrido y una confirmación que estamos ante una corredora con “agallas”. La tendrían que haber visto haciendo las cosas con la naturalidad de los montañistas: Fuimos, por que estaba ahí para subir.

    • anita dice:

      gracias NEGRO, viniendo de quien viene, es mas que un cumplido!

  15. Malmi dice:

    El que solo aprecia la meta es un tonto, se pierde el disfrute del camino. Felicidades Anita por lo hecho y, sobre todo, como lo has hecho. Con tu relato nos trasportas al momento y al lugar de la aventura, porque es una aventura siempre que el final sea incierto.
    Un abarzo y sigue con las ilusiones intactas.

    • anita dice:

      Lindas palabras Malmi, me gustaron mucho.
      besos!

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