¿Dónde estaban mis alas?

EL sábado nos fuimos a pasar el día a San Isidro, más exactamente al Molino, que Diego había arreglado con un compañero de running para ir a hacer kayak al río, asi que agarramos los bártulos y emprendimos el viaje para allá. El día estaba espectacular, asi que mientras Diego y Hugo Días se internaron en el río yo me quedé con Santi y Paula jugando en el pastito, de lo mas agradable estaba la mañana. Como no daban señales de vida los dos aventureros y ya eran los 12 y pico del mediodía, me fui a almorzar a la parrillita con los chicos. Tenía pensado salir a correr a la tarde, cuando lleguemos a casa, pero tenía mis cuádriceps del sport cycle a la miseria… asi que fue pasando la tarde, fui un rato al club minetras todos dormían la siesta y me nadé mis 10 largos, tomé sol y al final escuché a mi cuerpo y me quedé en casa, cené mi porción de hidrtaos de carbono, que en este caso fueron unos sorrentino de muzarella, jamón y albahaca muuy ricos, para salir temprano por la mañana.

Y fue una buena decisión, el domingo salí tipo diez de la mañana, había un fresco picantón, totalmente refrescante para los calores que venían haciendo, y me sentía como una hoja en blanco, liviana para dibujar mis kilómetros con alegría. La novedad de esta salida es que salí con música, me llevé un MP3 con algo de música que me fue poniendo Diego. Asi que comencé mi trote con Nelly Furtado acompasándolo.

Iba tranquila, mi meta era hacer los 5.2 tranqui y volver con mejor ritmo. Pero sin darme cuenta le empecé a meter pata y al final los hice en 28 min (la vez anterior habían sido 31 min) pegué la vuelta siguiendo con mi ritmo pero a los 40 min me pinché y la tentación de parar se apoderó de mi, corté por lo sano y bajé el ritmo, a pesar que justo estaba escuchando un tema de Jamiroquai de lo más movido, pero no era suficiente, asi que antes que parar preferí correr más suave. Y si que dió resultado! cuando llegué a mi meta me di cuenta que estaba bien, asi que seguí corriendo hasta la ex Escuela de mecánica de la Armada, en la Av Comodoro Rivadavia, mi reloj marcaba 1:03 hs y había hecho 11.5 km. Buenísimo. Crucé a la estación de servicios y me compré algo para tomar porque estaba muerta de sed, y me volví chocha para casa.

Hoy lunes, nuevamente amaneció fresco, me desperté a las 6:30 y después de clavarme dos tostadas con luleche (dulce de leche, pero Santi con su pronunciación le dice asi :o) comencé mi trote diario, el objetivo, mis 10.400 (por lo menos)

Me llevé el MP3 nuevamente, pero cuando iba llegando a Libertador me dí cuenta que le habían sacado las pilas, que mala leche, sin música esta vez. Arranqué donde siempre y ya no estaba como ayer, en “blanco”, se notaban los garabatos de ayer, pero seguí como si nada, tranquila, eso si, llegué a Sarmiento, mis 5.200, en 32 min (¿dije que iba tranquila?!) y pegué la vuelta comenzando a subir mi ritmo, cuando iba por los 40 min tuve que hacer uso de automotivación, porque a pesar de que estaba fresquito y no estaba cansada era como que mi cabeza me boicoteba, comencé a recordar la Crónica de Juan Craveri, de su reciente Ultraman, que luego de 433 kilómetros entre nado y bici, se hizo 84 km corriendo en 7:55, y dije —Anita, poné onda hermana! y venía con la cabeza en esto cuando de repente pasa lo impensable… segundos nada más y yo estoy volando hacia el piso! Si, me comí una raiz que no ví y aterricé en el piso a metros de la calle Pampa, por suerte eran recién las 8 de la mañana y no había demasiada gente, me paré y noté que me había golpeado la cadera derecha y las palmas de las manos las tenía todas raspadas. Pero lo que más me ardía era el corazoncito del papelón que me había mandado. Seguí corriendo como si nada pero ahí si, bajé el ritmo… continué corriendo suavamente y pasado unos minutos por suerte lo único que ardían eran las manos…

Llegué a mis 10.400 en 1:01. ¿Dónde estaban mis alas?