Hay vida después

Si, resucité después de mi domingo de furia. El lunes, como me sentía mal todavía, no salía a hacer el regenerativo, y como el domingo casi no había estirado, tenía las piernas bastante cargadas. Necesitaba urgente salir a correr.

A la mañana temprano del martes, sonó el despertador para que vaya a mi cita matersina con las chicas, pero pintaba bajón, y me quedé en la cama.

Estuve todo el día en el laburo como Robocop, cuando llegué a casa, en un momento estaba jugando con los chicos y cada vez que alguno me subía a las piernas, estaba “auch auch auchhhh”. Asi que a la tardecita, finalmente, salí a hacer algo por mis patitas.

Shorts, zapas y vaselina por el frío en las piernas (la refalosa en acción) y comencé, mi trotecito tardío. Tenía idea de hacer 1 h hora, pero a los 45 minutos, dí por superada la prueba y me fuí para casa. Un sms del hogar que decía “No hay luz, traé velas” no hizo que me apurara, seguí caminando hacía allá lo mas pancha.

Lo que sí, con el lío de que estábamos como en la colonia, ni me acordé de estirar, así que cuando los pekes se durmieron, y la luz había vuelto, fui al baño munida de una crema de esas con olor espantoso (pero que supuestamente hacen bien) y me masajeé las piernas mientras me estiraba en las posturas mas insólitas ¡qué alguien pruebe hacer elongación en un baño! En un momento parecía una acróbata china, lo peor vino cuando quedé toda anudada ¿y ahora, quién podrá defenderme? (¡¡y no apareció el chapulín colorado!!).