Sigo

La vida continúa, es lo importante, y te lleva sin que te des cuenta. A veces la disfrutás y a veces no (pero siempre trato de guiarme por mis elecciones, de esta manera si me equivoco, se a quien reclamarle).

Anduve medio desparecida, pero solamente de “la vida pública”, se me sumaron problemas personales y anduve colapsada. Pero intenté en algunos momentos entrenar, si… si… intenté, tampoco voy a decir que andaba a full, porque no.

El jueves pasado salí con las chicas, e hicimos 3×12 min con R1’ de cuestas y pasadas (en la rotonda que está al lado del monumento a Güemes, por Figueroa Alcorta que tiene esa subidita espectacular al costado de la entrada a la Lugones); el domingo hice 11.6 km, fue cuando me crucé con José Angel que me gritó un GURIISSSAAA, me sentía como un hipopótamo en estampida, las piernas super pesadas; el martes de esta semana salí temprano e hice una hora, circuito nuevo, ni idea cuantos km fueron.
Hoy amaneció neblinoso, luego de dejar a Santu reee tarde en el cole (estuve peleando con el para que se despierte ¡UNA HORA!) me fuí a correr, empezé en Udaondo y Libertador, pero para el lado de provincia., seguí por Libertador y me metí para ir para el Parque de los niños. Tenía ganas de inovar recorrido.
Fue una salida hermosa, apenas salí de abajo de la autopista, a mi derecha, ya se veía el río, había un silencio y una paz increíble. Lo único que escuchaba era mi respiración y el ruido del oleaje golpeando en las rocas. Iba corriendo por la bicisenda, rectísima, al fondo no se veía nada, la neblina cubría el horizonte y se mezclaba con el agua. Estaba corriendo sobre el pasto mezclado con tréboles y las gotitas de roció salpicaban mis zapas. No había nadie, estaba sola corriendo por el parque, pero no sentía miedo, me parece que la bruma reinante me había trasladado a otra realidad.

Llegué al puentecito para cruzar hacia Vicente López, paré el crono y caminé porque el piso de lata estaba mojadísimo, pero al llegar al otro lado del puente, estaba cerrado, había un cartel que decía “Abierto de lunes a viernes de 9 a 18”, miro el reloj y eran las 9:05 ¡qué mala suerte! el “abridor” de puertas se había quedado dormido. No me quedaba otra que volverme. En el arroyito que pasaba abajo del puente, había una garza blanca, con las patas metidas hasta la mitad en esa agua mugrienta, y me imaginé que era una metáfora del destino hacia mí. La garza buscaba algo que comer metida en esa inmundicia, y yo tenía que sumergirme en mis problemas para poder salir adelante.

Seguí corriendo y me encontré una marca de 10km de FC MAX, podía usarla para medir a que velocidad andaba, el crono estaba en 26:30, llegué a la marca de 9km y el crono marcaba 31:59 o sea que andaba por 5:30 el km, y lo mejor de todo era que me sentía super bien. Para hacer este pequeño cálculo, había parado y me puse a mirar por la baranda el río. Me llamó la atención, entre el sinfín de cosas que traía la corriente, unas “maderitas” flotando, no lograba darme cuenta que era, hasta que entendí que era una pescado panzarriba y de pronto comprendí que estaba lleno de “maderitas” … ayyyy —pensé—, mejor no me lo tomo como mensaje hacia mi. Prendí el crono y salí disparada alejando los malos pensamientos, y dejando que la neblina me sumerja en sus ensoñaciones.

Fue 1:01hs, algo es algo, mañana voy a tratar de salir nuevamente, y el domingo me espera la segunda fecha del Circuito Adventure Days, esta vez en Barker, 21 km por las sierras de la Tandilia. No la voy a hacer como carrera, me lo tomo como parte del intento de entrenamiento para la maratón. Aparte que no me daría el cuero. Voy a hacerla, como le dije alguna vez a Sylvie, disfrutando del paisaje… (la foto que inagura este post es de Barker)