el 2008 comenzó

Terminé el año corriendo, y lo empecé también así. Claro, de forma metafórica.

El 31, con un día de 1.000 grados de sensación térmica en Buenos Aires, salí a entrenar. Corrección, a intentar entrenar. Lo único que pude hacer fueron 55 minutos a paso lamentable, sin intervalos, sin nada de nada, salvo correr. Palermo estaba casi desierta, eran las 8 de la noche y evidentemente todos andaban en los preparativos de la cena de año nuevo. Como mi santa madre se encargaba de todo (de la cena) pude escaparme a correr.

Andaba medio cagada en las patas, la soledad por esos parajes no es buena, y aunque era de día porque el cambio de horario del día anterior hacía que siendo casi las nueve hubiera luz, igual andaba alerta. En eso veo que un chico en bici se daba vuelta y me miraba, y yo pensaba «la ca**ué» y ahora ¿qué quiere? … unos metros mas adelante, tenía un fotógrafo personal, asique quedó hasta inmortalizada mi salida…

La semana pasada entre las navidades y eso, bajó sustancialemente mi entrenamiento, logré 55 km y todos en plan juntar km, nada de calidad y ni nada de eso… Esta semana ya llevo dos días de entrenamiento, y ayer pude meter dos por 25’, costaron… costaron, mis piernas todavía no logran la «velocidad» de otras épocas previas a la maratón.

Iba a poner que mi compañero está a tiempo de cambiar, pero no, ya no queda tiempo. A casi un mes del Cruce de los Andes, ya no hay vuelta atrás.