Cruzando los Andes (parte 1)

Estoy con Miguel volando hacia Bariloche, y una mar de incertidumbres nos embarga. Aún no sabemos si podremos correr o no. Mi rodilla, recuperándose a 1.000 por hora de una tendinitis rotuliana, y su abductor, con mil dolores, no nos daban la seguridad de nada. Él desde la última media maratón no hacía nada; yo, desde hace quince días que me la pasaba en kinesiología, con hielo, nadando alguna vez o con algo de bici. ¿Podremos enfrentar el desafío?

Nos planteamos salir a “probarnos” las mañana de la acreditación. Y salimos. El gps nos decía que casi íbamos a 7… jaja… estábamos los que se dice “cagados en las patas”, pero igual decidimos no perdernos de estar en la salida del reto.

Partimos hacia la Villa Catedral, donde se hacía la acreditación y el armado del container que llevaría todos los efectos personales que despecharíamos para los campamentos. El día no podía ser mejor, el sol se desplegaba sobre el pequeño caserío Andino, de sueño. Todos estábamos exaltados, alegres, derrochando ansiedad por todos los poros.
La mañana de la carrera, madrugamos. Aunque mucho no se había podido dormir. Los nervios son terribles. Un desayuno a las apuradas, y a prepararse para la guerra (asi lo sentía yo). Vaselina en los pies, y en cada parte posible a rozar, chequear por enésima vez las cosas de las mochila, que estén los elementos obligatorios, lo que queríamos llevar.

La largada estaba a orillas del lago Mascardi, sobre la ruta es imposible pasarse, hay corredores por todos lados como hormigas alrededor de un pote de azucar. Casi sin darme cuenta, largan los primeros: “Caballeros”, “Mixtos” y “caballeros entre 80 y 100 años” salíamos segundos. Estoy nerviosa, ¿qué hay mas allá? No hay tiempo de pensar, la cuenta regresiva la gritamos nosotros y largamos… a los pocos metros, ya había que cruzar el primer arroyo, había gente que intentaba no mojarse las zapatillas ¿se habrán equivocado de carrera? Fue caótico, el pobre Estebita había perdido a su compañero Zanetti, desesperado gritaba para todos lados, había varios en la misma situación.

Antes del kilómetro 1.5, lo impensable: la tira de la cintura de mi mochila se rompe, me quedo con una parte en la mano y no lo creo. La até como pude, pero se me fue desatando varias veces, hasta que finalmente la enganché con la tira del cierre del bosillo de adelante (odié a José Salomón)
Después de hacer el costering por el lago, nos metimos por un sendero que subía, caminamos. Con mi rodilla, no me animaba a treparla corriendo, migue salió disparado para arriba y le grité que yo caminaba, me esperó mas arriba y seguimos por senderos cada vez mas para arriba, por ahí bajábamos y ahí yo lo disfrutaba un montón, era algo que había practicado bastante, haciendo zig zag con pasitos cortos como esquiando, adquiría una velocidad increíble…

Llegamos a una cumbre, según el que estaba en el puesto de control, la mas alta del día. Se veía de fondo el lago, las cumbres, el glaciar. Ni siquiera la nube de polvo rojo que levantábamos nosotros mismos, aplacaban la hermosura de lo que veíamos todos, anonadados.

Seguimos el camino que nos marcaban las cintas puestas cada tanto del CDC, y fuimos bordeando el lago. Aunque había bajadas y subidas, pasábamos gente. Cuando podíamos, pedíamos izquierda o derecha y avanzábamos, era divertido.

Cruzamos varios arroyitos mas, y de repente, entramos en un desierto, con matas bajas y poca sombra. El cansancio ya hacía mella en nosotros, y los dolores también. Mas de tres horas llevábamos corriendo y el calor era abrumador. Corría por inercia, por seguirlo a Migue, porque de haber estado sola, hubiera caminado. Casi siempre fui delante, marcando el ritmo yo, por ser la mas “lenta”, pero ahora me era imposible…

A lo lejos vemos el río Manso, imposible no detectarlo por su color celeste lechoso. Aún no se por que le llaman así, porque no tiene nada de manso. Cruzamos de la mano para jugar con el equilibrio mutuo, a los pocos metros siento un hacha en las piernas, es como haber metido las piernas en hielo, el dolor es feroz, ya no siento las piernas. Al salir nos dicen que faltan 700 metros… ¿cómo correrlos? si nos quedamos sin pies. Avanzamos torpemente, yo aún sin poder creer que falta tan poco, vamos casi cuatro horas, y de repente, empezamos a ver mas gente, corredores que caminan hacia donde veníamos. Entonces lo creo, estamos casi en meta, me embarga una emoción increíble, nos damos la mano con mi compañero de aventuras y pasamos el arco, mirando extasiados el lago Mascardi y fundiéndonos en un abrazo de felicidad.

Buscamos a los amigos, nos sacamos fotos con la mugre que llevabábamos. Estebita me dice: no lo vas creer! estás negra! jajaja, intento limpiarme con la pechera, pero ya está inutilizable…
Seguimos rumbo a la búsqueda de los containers, para armar el campamento y poder descansar. Por suerte teníamos contratada la comida de la organización, asi que ni bien armada la carpa nos fuimos por nuestros pollos a la parrila con ensalada, que devoré como si fuera caviar de beluga.

Ya estaba, el primer día había sido un éxito total, lo habíamos disfrutado y podíamos pensar en un día dos. Asi cada día, paso a paso…

Desde hace unos días puse unas fotos en el picasa, de los primero días… pasen y vean!
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13 Responses to Cruzando los Andes (parte 1)

  1. Anonymous says:

    Anita:
    Felicitaciones, por fin la cronica. Costó que saliera mas que el cruce. Pero valió la pena, está genial. Ojalá que la segunda parte no tarde tanto como la primera 🙂

    Un abrazo
    César

  2. Anonymous says:

    ¡¡¡JOERRRRR!!! se me han puesto los dientes largos largos ….. que maravilla de sitio, y encima con buen tiempo. Esto si que es una experiencia ….. jajajajaja
    Me habria encantado estar ahi con vosotros y participar, claro. Estoy encantado. “Please more more more …”
    Abrazos
    Malmi

  3. Milady says:

    Niña, vaya paisajes más bellos los que se ven de fondo. Me alegro tanto de que lograráis vuestro cruce. Un besito enorme.

  4. Kt. says:

    .

    Excelente equipo han hecho Ana, la foto es perfecta y encaja con tu narración.

    Felicitaciones

  5. Francisco Castaño says:

    Me ha gustado el relato, lo debisteis pasar de miedo.
    Lo que me ha hecho gracia eso de que no se querian mojar las zapatillas, como dice mi cuñado, el que no quiera polvo, que no vaya a la era.

    FELICIDADES MIL!!!!!!!

    Besos Anita.

  6. Carlos says:

    ¡Qué alegría Anita!. Me alegro muchísimo de todo lo que habéis disfrutado.

    Un beso. 😉

  7. maria says:

    te felicito de todo corazon Anita, le pusiste el pecho (o mejor dicho, le pusieron con Merak) ¿como sigue la aventura?

  8. Amor says:

    qué maravilla, ana, dan ganas de estar allí con vosotros

    un abrazo y mucho ánimo, y

    amor

  9. Anonymous says:

    ¿por que tienen pintadas las piernas de azul?

  10. merak says:

    estebitan te diría que por ser un equipo… yo te confirmo que es u taping que no sirvió para nada… autosugestión.
    gracias ana, me hiciste recordar cosa que había olvidado (qué raro).
    te quiero mucho. besos

  11. Alfonso says:

    Enhorabuena Ana. La crónica estupenda, parece estarte viendo cabreada con tu mochila, afrontando la subida, las vistas del lago y del glaciar y cruzar ese río de agua de aguas aceradas. Jo, que envidia dais.

  12. Alejandro Esteban says:

    ¡FELICITACIONES ACÁ TAMBIÉN!

  13. anita says:

    CESAR, MALMI, MYLADY, KT, FRANSISCO, CARLOS, MARIA; SANTIAGO, ALFONSO Y ALE…

    Mil gracias por la buena onda, un beso enorme!

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