Intermedio

“… Negro como el fin de tus deseos que reducen poco a poco el tiempo muerto…”

Duro. Con un ojo que no encaja. Te miro, como en un partido de tenis, te vuelvo a mirar. La realidad no se condice. No llego con mis oscuros. Ese ojo… que no encaja…
Afilar el lápiz y buscar ese negro, el 5b se va achicando, es la concecuencia de ser el preferido, el que me da el trazo ideal.

Mañana antes de que despunte el alba, tengo mi turno con el tunel del tiempo, por fin mi resonancia, veremos como sale mi rodilla, o como no sale.

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Ahora es después

¿Valió la pena el esfuerzo al que sometí mi rodilla lesionada por hacer el cruce?

Lo pienso, y lo pienso y no encuentro quiebre: si.

Hace 40 días que terminó la carrera y la cuarentena de actividades sigue. Corrí dos veces desde entonces: la primera, en la semana siguiente, me pegué una pasada de unos cuantos metros para que no perdamos el catamarán que nos llevaría al bosque de Arrayanes, y ví las estrellas; la segunda, este domingo, persiguiendo a Paula para que no se caiga en la plaza, y sentí el tirón.

Cuando fuí al traumatólogo, lo primero que me preguntó (con cara de miedo) es que carrera seguía ahora y le dije lisa y concisamente: mi único objetivo ahora es recuperar la rodilla. “Bien” me dijo el doc, y luego de un minucioso examen el dictamen fue “te hacés una resonancia para ver que el tendón no se halla lastimado y en base a eso, vemos el plan a seguir.

Asi que estoy esperando y sin apuro. El cruce me dejó satisfecha y no se me mueve un pelo por tener que seguir parada. En otro momento, habría tenido ganas de hacerme un “harakiri” por terner que parar 10 días. Hoy lo tomo con calma, como una sucesión de hecho lógicos a mi elección.