mateando

Siendo las —casi— tres y media de la tarde, y mientras sigo tomando mi mate que comencé a las 11:45 de la mañana, y con esto no quiero iniciar un debate del buen mate, que a pesar de mi ascendencia de estirpe guaraní, soy un desastre en cuanto a este típica bebida de la zona… y si, lo digo… lo retomé dos veces (y me la banco!). Mi mate es una calabaza o “porongo” de esos gigantes, que tenés que vaciar medio paquete de Cruz de Malta para que quede masomenos lleno y cuando volvés a echar el agua caliente luego de media hora que no tomaste, arrugás la nariz y decís “que pase rápido, así disfruto el próximo” …
Intento focalizar en el trabajo que tengo que hacer, sin mucho empeño, —para que decir una cosa por otra—, mi cabeza se va hacia estas mini vacaciones que tuve y a los exorcismos que anduve haciendo, cortando cabezas y sacando corazones… ¡Qué macabro que suena! Limpieza de mitad de vida que le dicen… O era de mitad de año?

Sigo sin novedades en el frente, perdón, en las rodillas…