Acá estoy

¿Qué maravilla de lugares, no?

Estas fotos, son el escenario de “La Misión, una auténtica aventura”, según dicen los organizadores de la carrera, veremos eso mas adelante. Pero todo indica que la voy a hacer, asi que de aquí al 26 de noviembre que larga, voy a intentar entrenarme. No va a ser una entrenamiento común, ya que no se corre, es de trekking. Es una carrera en la que hay que llevar en la espalda todo lo que se vaya a usar para hacer los 150km que separan la largada de la llegada, y el tiempo límite son poco mas de 72 hs. ¿Loca yo? No, no lo creo.

El año pasado llegaron a meta el 50% de los que largaron. Ya sea por cansancio físico, por ampollas, por falta de previsión de comida, por estar desorientados o por lo que sea, es una carrera que se “corre mas con la cabeza”.

Entre las cosas que tengo que hacer de acá a noviembre, aparte de entrenar, es aprender mas sobre orientación. El día antes de la carrera, reparten los mapas, con los diferentes puestos de control obligatorios y cronológicos que hay que ir pasando, cada corredor tiene que hacer su estrategia de carrera, pero no puede saltearse estos “PCO”. Elige cuando descansa, cuando come, cuando sigue, cuando duerme… ¡Si, hay que dormir en el medio de la montaña! Nada de campamentos ni nada, a lo guapo.
También tengo que ver el equipamiento, evaluar que me conviene según el tipo de carrera que quiera hacer, buscar cosas que no pesen mucho pero que sirvan para el fin. Por ejemplo, una bolsa de dormir que abrigue pero no pese dos toneladas… Como para entrenerme.

Ayer salí a hacer mi primera salida oficial de entrenamiento, algo que decidí llamar “trekking urbano”, cargué mi mochila de 20lts con peso y agua e hice (o hicimos, porque en el camino “levanté” a mi amigo Hugo) casi 24 kms de caminata rápida. Tuvimos la suerte de hacer una parada técnica en la Reserva Ecológica con mateada por el día del amigo con la gente del foro el km, recargamos energía y con “la panza llena y el corazón contento” seguimos camino.

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si, hay cosas mas raras

Ayer había estado lloviendo en Buenos Aires, y se me ocurrió salir con Santu y Paula.

Hicimos media cuadra y paré un segundo para cerrar y encapuchar a los dos enanos, ya que había una garuita finita que molestaba. Cuando estaba en este menester, se me acerca un hombre de unos 45 años, demasiado bien vestido para el día que hacía y con unas carpetas en la mano, y me dice “hola, puedo molestarte un momento”, le contesté que si mientras seguía cerrando la campera de Paula, y me preparo para escuchar alguna venta de algo y para pararlo en seco y así poder seguir caminando. Pero no, me cuenta que está que haciendo un curso de no-se-que-cosa y que se había puesto el desafío personal de acompañar a un desconocido con el paraguas unas cuadras, como forma de “ayudar a un extraño”.
Era medio raro todo, pero como no me afectaba mucho porque era caminar por la calle le dije “ok, voy acá a la vuelta, a la parada de colectivo” y fuimos para allá. En el camino me contó que se sentía muy bien ayudar a la gente, y bla bla bla. Santu se reía y hacía morisquetas desde abajo y yo me reía por dentro por la situación un tanto “bizarra”.
Llegamos a la parada, nos saludamos y se volvió sobre sus pasos.
Fue bastante snob todo, aunque es verdad que hay que juntar coraje para acercarse a un desconocido y ofrecerle acompañarlo con un paraguas. Fundamentalmente, porque caían cuatro gotas locas. Asi que me quedé con la duda si realmente era el ayudar a alguien el objetivo o, por ejemplo, alguien que tenía que saltar una barrera de timidez, o algo por el estilo.