Los chicos crecen y el tiempo pasa.

Y por fin mi nombre aparece en una lista de inscriptos para una carrera. El Orientatlón “La Cumbrecita” será no solo mi bautismo de la temporada, sino de los orientatlones. Carreras muy singulares donde el objetivo, es sumar puntos encontrando puntos testigos marcados en un mapa.
La caracterísitica de este en particular, es que tiene formato expedición, hay un stop obligatorio a las 19hs y se vuelve a largar a las 5 de la mañana del otro día. Al momento de la largada, te enterás donde está el campamento, al cual cada corredor tiene que llegar por medio de las cartas topográficas, la brújula, el sentido común y que se yo… la suerte.
En general, muchos de los que vamos, también iremos porbando cosas para el objetivo final: La Misión.

Estoy enferma hoy, el finde me enfrié y no me siento muy bien que digamos. Pero estoy entusiasmada-emocionada por tener en menos de tres semanas esta carrera.

Mientras tanto (y no en ciudad gótica) mi hijo Lucio osó pasarme en altura, ahora me abraza y parezco la hija de él. Paulita le dijo chau a la cuna y Santi ahora duerme “en el segundo piso”. Y yo, que intento no sentirme una anciana, con comentarios de mis hijos como “mami pero si vos sos muy flaquita para subir esa cama” cuando después de armar la cama cucheta, intentaba ponerla de pie. Pero, ¡lo hice! Y Santu me miraba con cara de “sos mi héroe”.

Narcotizada

“Esta noche” fue el tema que abrió la puerta de las mil sensaciones que despertaron esa noche.
El humo trepaba esquivo, travieso y a su antojo los diferentes haces de luz que se dispersaban por el escenario, la música se agolpaba en la cabeza, en el cuerpo y en el alma.

Comenzó a sonar “Otra luna”, el escenario ardió en un rojo vivrante y yo comencé a entender el mensaje que sutilmente, desde hace días, intenta decirme ella. Aunque como todo buen secreto, quedará entre nosotras.

Quería cerrar los ojos y dejarme llevar, seducida por la magia que flotaba.

Éramos una masa que vibraba al compás de aquel infinito bandoneón que inundaba todo.

Siguió el cover de “Mi Buenos Aires querido” con un despilfarro hermoso de energía, comandado por el baterista de la banda, que cual chaman en trance, tocaba como si fuera la última vez.
La magia siguió, en esa torre de babel que se había convertido el Niceto Club, en el marco del 10º Festival de Tango de Buenos Aires, rabiaban los aplausos, y mis palmas lloraban de tanta rabia.
Sumergida en el océano profundo que me había envuelto, “Plano Secuencia” me dejó extasiada como siempre, no hacia falta demasiado tampoco. Entró un bailarín en escena, Marcelo Rizo si no recuerdo mal, con una mezcla de contorsión-rap-milonga hipnotizante, y un cuerpo casi etéreo que lograba darle un toque dramático y romántico al conjunto.
“Gente que si” fue el bis y el cierre, seguí tarareándola por lo bajo hasta llegar a casa.

Gracias Narcotango por una noche mágica.

acá se puede escuchar alguito de cada tema

Escucha atenta

Hace unos días, un calorcito inusual se dejó sentir por Buenos Aires, y me fui con mis ejercicios de abdominales afuera, y así, por lo menos disfrutar la noche, ya que las “abominables” no son una buena forma de disfrutar nada.
Tirada de espaldas al piso, veía el cielo a través del follaje de los árboles, el cielo de un negro profundo, aunque sin estrellas por la excesiva luz de la ciudad. Y de repente, entreveo la luna, redonda y ambarina… y como si todo formara parte de un gran acto, de mis auriculares comienza a escucharse:

“La luna tiene la cara / blanca como la azucena / es porque no tiene sangre / no tiene sangre en las venas / la luna dice que mira / pero no tiene mirada / que poco pinta la luna / la luna no pinta nada / no pinta nada…”

Dicen que las casualidades no existen, pero ahí estaba yo, tirada en el piso, con una luna que me guiñaba el ojo y me cantaba al oído. No se bien todavía que me habrá querido decir, o yo no estoy conectada en sintonía Selene.

Mi rodilla supuestamente está bien, aunque en días tan húmedos como los que andan cayendo, siento una pequeña molestia por donde la resonancia acusaba que mi cartílago no andaba bien. Tendré que hacerle caso al doctor y dejar mis miedos atrás, luego de mas de dos meses de arduos e intensivos ejercicios de fortalecimiento ya sería hora de salir a trotar. Lo pongo en mi “to-do”.

Mejor rehago el párrafo anterior, como me dice mi hermana Mily, hay que hablar en presente las cosas que querés que ocurran, para llamarlas y que se concreten. Entonces la cosa quedaría así:
Mi rodilla está perfecta, cada día la siento mejor, no siento molestias para nada, por lo que la pequeña lesión en el cartílago que se veía en la resonancia, ya está curada por completo. Ya estoy saliendo a correr todos casi todos los días disfrutando cada kilómetro como solía hacer antes.