Camino por el filo de mis emociones, girando la llave del sentido de la vida

Los compases de espera, hay veces que suelen ser monótonos, aburridos y hasta intransitables. Pero, cuando se vislumbra un objetivo posible, se pueden llegar a tomar con calma, con simple resignación.

Este año fue un poco asi, esperando… por momentos no sabía bien que, o por tener tantas cosas esperables, terminaba perdiéndome y anudándome. Como esos ricos caramelos que mi viejo una vez me trajo de Tucumán: los alfeñiques. Duritos, dulces y anudados, así los recuerda mi memoria elefantiásica. Son caramelos de azúcar de caña —si no recuerdo mal—, con un saborcito muy pero muy particular. Pero yo, que por momentos, soy añoranza pura, traigo a mi presente ese sabor tan de mi infancia, aunque creo que una sola vez mas los volví a comer.
Como los caramelos media hora (que siempre intentaba comer, pero nunca logré pasar de probarlos y escupirlos) o esas gallinitas de azúcar con almíbar adentro… Huy, cuántos recuerdos, pero me fui por las ramas, para variar, hablaba de mis esperas.
Aunque también podría hablar de esas cosas que no esperaba, y sin embargo llegaron igual, para alegría de la que teclea y escribe.
Por suerte la vida, siempre tiene un as en la manga para mejorar la partida.

Qué sentimental que me puse, cosa que no es rara en mi, otra vez voy a intentar llegar al punto donde quería, que es un poco el tema de este blog (solo un poquito, que a mi el off-topic me atrae como la canela a la manzana).

Cuando todavía no había logrado salir de mis “lesiones” emprendí la búsqueda de un objetivo, algo que me llenase (o que esperaba que me llenase, al terminar), y las cosas se fueron dando y terminé anotada en una carrera épica como es La Misión, con la que me fui mas que entreteniendo a lo largo del año buscando y rebuscando información, los elementos obligatorios, los necesarios, los por las dudas; refinar pesos, tamaños; pavear un poco entre toda la banda que vamos, hablando hasta de las diversas cremas para paspaduras… Intentar aprender algo de orientación. Entrenar —o intentar hacerlo—, acá me podría detener un poco, que mis pseudos entrenamientos fueron de lo más sui géneris por donde se lo mire, y no porque haya estado musicalizado por aquel grupo que comandaba Charly García, no, mas bien porque de correr ni hablar hasta hace unas semanas, en las que poco a poco fui sumando algunos kilómetros semanales hasta llegar a esta que pasó, que logré hacer 40 km. Todo un logro. Aunque nunca, desde el 4 de junio que comencé con mis ejercicios de fortalecimiento, dejé de hacer estos y complementando con bici y natación. Piernas, piernas y mas piernas y ya que estaba, fortalecimos todo.

Hoy puedo decir: “el mes que viene, es LA carrera” y un frío me corre por la espalda de solo pensarlo.