Bajo agua

La gente que va a nadar los findes de semana es bastante peculiar.
Mientras me calzaba la gorra y las antiparras, chusemeaba en que andarivel me iba a sumergir; dos estaban copados por una clase de buceo, otro por una clase de natación, un cuarto por dos señoras mayores que hacían la plancha y apenas pataleaban y quedaban dos o tres…
Me decidí por uno que había dos muchachos fornidos. Uno estaba papando moscas en lo playo y el otro estaba con manoplas “dele que dele”. Esperé que llegara al otro lado y ahí comencé.
¡Qué placer el agua fresca con el calor que reinaba en Baires!
Iba haciendo unos largos en pecho de entrada en calor, cuando sentí un golpe en el pie, mi musculoso compañero de andarivel, al querer pasarme me había dado con algo de su anatomía. Me descolocó tanto que tuve que frenar, mientras él seguía lo mas tranquilo, sin inmutarse, y yo me quedaba “mordiendo el polvo” (aunque quedaría mejor por el contexto “tragando agua”). Cuando llegué al otro lado, me saqué las antiparras y resoplé para sacarme la mufa. Recién cuando nos volvimos a encontrar en la otra punta, se dignó a balbucear un “¿te golpeé recién?” se ve que como ve vió ahí parada, le agarró cargo de conciencia. Intercambiamos un par de palabras mas y la cosa quedó así. Seguí nadando un rato mas y me fui a tomar sol. Por este tipo de cosas es que me gusta ir a nadar a las 10 de la noche, cuando somos tres gatos locos.
En eso andaba, cuando veo en una de las líneas una mujer bastante mayor (y lo digo yo, que bien mayorcita ya soy) enfundada en una malla super-pro nadando a toda velocidad, en línea a ella, otra que venía nadando tipo mantis religiosa, era como estilo pecho pero cuando los brazos se juntaban lo hacía como si estuviera rezando, y todo esto con hecho tipo cámara lenta. Era digno de ver.
Atrás de ellas, aparece una mujer, que en vez de gorra de natación, traía una gorra de plástico transparente como las que ponen en los hoteles; me fijo mejor y también la cara estaba toda embadurnada en pantalla solar de esa que te queda la piel blanca… Y venía nadando sin meter la cabeza en el agua, ¡era un show! Pero lo mejor (o peor) vino unos minutos después, cuando apareció otra igual, misma gorra, mismo ungüento en la cara…
Seguía riéndome de eso (era inevitable) cuando las dos muy orondas, salen de la pileta y van caminando hacia…. ¡dos mas que venían igual! ¡era la reunión anual de las nadadoras esotéricas! y si no era esto, no se… no se me ocurre otra cosa.
Siguió la tarde, en medio de personajes salidos de algún cuento, entonces me miré yo, por las dudas.