Mi Orientatlón

Un rato después de acostarnos, sonó el teléfono “¿qué? ¿cómo? ahhh… si, gracias” . Era el conserje del hotel, avisando que eran las 4 de la mañana, hora que habíamos pedido que nos despierten. ¡Pero apenas si habían pasado poco mas de dos horas desde que terminamos de ultimar detalles y nos fuimos a dormir…!

Había que levantarse, no quedaba otra en esa mañana tan fría. 4:30 era el desayuno y semi dormida me fui para allá para tomar mi riguroso café cortada matinal, en este caso madrugal.

Ya los demás habían partido hacia la montaña, yo tenía que llevar a los corredores en el charter, y estaba con terror de dejarme alguno olvidado, pero tampoco podía ponerme a tocar todas las puertas del hotel. Le pregunte al conserje si había despertado a todos, y riendose me contesta el sanjuanino: “a todos los que me pidieron, si”.
Bueno, si se quedaba alguno dormido, allá ellos, mucho no podía hacer.

Al llegar al lugar de la largada/llegada, la oscuridad nos envolvía con sus redes heladas. Pero era un hervidero de cascos y se sentía el calor de la adrenalina. Bueno, la adrenalina si, pero calor lo que se dice calor, no.

preparativos en la largada

preparativos en la largada


No había mucho tiempo, eran las casi las 6 y la largada se venía encima. Fernando vociferaba a los corredores mientras se entregaban los mapas “¡Chicos, una vez que Ana de la hora, comienza a correr el tiempo de carrera!” y yo miraba mi cronómetro como si fuera un dios, Gus que me decía “gorda, ¿lo tenés listo?” —”si si” mientras iluminaba con mi frontal el reloj y me golpeaba con el peso de esa RESPONSABILIDAD.

Fernando que me dice “Decime cuando”, “¡CUANDO!” le digo, no mentira… Le digo “YA” y se escucha un “¡¡ESTÁN EN CARRERA CHICOS, dentro de siete horas tienen que estar de vuelta, si no comienzan a descontar puntos!!

En este tipo de carrreras, cuando se larga, nadie sale corriendo, todos van a buscar algún lugar para ver los mapas, trazar un recorrido estratégico y recién ahí salen corriendo.
Mientras todos estaban en eso, yo salí a cazar fotos y seguía atormentándome el tener en mi muñeca la clave de la carrera.

¿hacia donde vamos?

¿hacia donde vamos?

En las siete horas que duró, hice todo tipo de cosas raras para no tocar el reloj.Y si me tenía que fijar las horas transcurridas (porque alguno de los chicos me lo preguntaba por radio) lo trataba como si fuera alguien con Girpe A o un extraterrestre en cuarentena, tenía miedo de darle al botón equivocado y poner stop. Ay, ni me lo quería imaginar.

Se fueron yendo todos, y cuando digo todos, es todos. Porque tanto Gustavo, como todos los chicos de Transierras, tenían su posición para dar seguridad a los corredores. Asi que me quedé ahí, viendo la oscuridad del camping y dije “y ahora, ¿qué hago?”.
Primero me preparé un cafecito, (me habían quedado de la misión pasada, me lo regaló Marco el día de la acreditación… son como unos cubitos de caldo pero de café, uno para cada día —se ve que me tenía confianza de que iba a terminar— pero al final no los había usado, asi que ahí estaban). Después, para tomarlo, busqué algo para no congelarme al sentarme (para tomar el café).

Pero, en seguida, la radio empezó a sonar, asi que mi laburo comenzó. En un momento llegó Walter “mono” Orozco, que me hizo compañía también un buen trecho. Incluso hizo un fogón en una de las parrillas para paliar el frio y fue pasando la mañana, hasta que el tuvo que irse a su “Posición”.

En el interín, escucho a uno de los chicos “hay una chica esquinzada”, al rato me dicen a mi “estoy yendo con la chica esguinzada, se llama Viviana”, “¿Viviana que?”, “es la novia de estebita”… UH —pensé— ¡VIV! así que a eso de las nueve de la mañana la trajeron con su tobillo esguinzado.

collage2
De a ratos pensaba en todas las cosas que habíamos estado haciendo estos úlitmos tiempos para la carrera, y ya estábamos ahí. El día anterior haciendo las acreditaciones, la charla de orientación, la charla obligatoria, la cena para todos, cargar el programa de clasificación. Gustavo yendo a San Juan para revelar los lugares de los testigos. Tantas cosas para que en unas horas haya concluido.

A partir de las seis horas de carrera comenzaron a llegar los corredores, a pesar de que el tiempo eran siete horas, muchos fueron conservadores y prefirieron llegar antes. Era muy gratificante estar ahí, en la llegada, felicitando a cada uno, poniéndoles sus medallas y viendo la cara de felicidad de todos. Aunque después me di cuenta que no había pisado las montañas y me quedé con las ganitas. Las ví de lejos. Son de una aridez hermosa y pasmante.

las fotos:

Orientatlon San Juan