Incendios, tormentas y un apagón

Los pronósticos anunciaban desde la mañana que se iba a venir el super tormentón, pero desde temprano que se hacía el lindo el sol y se dejaba entrever de a ratos y nada hacía suponer que se cumplirían las profecías, así que siendo las cinco de la tarde, y antes la necesidad urgente de cambiar los humores ´me fuí a entrenar.

Cuando salí a la calle, me golpeó el extraño calor que irradiaba la calle. Respiré hondo, puse el crono y mis patitas en marcha. Disfrutaba el sentirme cada vez mejor corriendo; y todos los problemas y las complicaciones que  iban quedando hecho bollitos en cada esquina que pasaba haciendo mas liviana mi mochila. Tantos incendios que tuve que apagar últimamente y que todavía me traen concecuencias se íban convirtiendo en espejismos desdibujados.

Se ve que andaba muy onda yoguitántricasupermeditativa porque cuando pegué la vuelta vi que me habían cambiado el decorado, y unas nubes negrísimas iban cubriendo el cielo, convirtiendo el día en noche de un periquete. No pasó mucho tiempo y mi entrenamiento  se convirtió en una suerte de acuatlón citadino, las ráfagas de viento y lluvia azotaban contra todo y todos. ¡Me faltaban las antiparras! Pero qué lindo que se sentía.

No pude completar la hora, pero fueron poco mas de 50 minutos de entrenamiento hiper energizantes. Recordé mi última carrera, La Conquista Copahue, como llovió todo el día y como la sufrí en ese momento, pero cuantas ganas me dieron de estar ahí nuevamente.