¿se terminó el 2008?

El domingo cerré el año con una carrera cross que me cayó medio de la nada, Estebita me SHP (superhinchapeloteó) para que la haga, y no solo la hice, sino que compartí sus 18.5 km con él. Bajo un sol terrible y con «tres grados menos que el infierno» anduvimos por Ezeiza. Fue un circuito rural, pero por momentos le decía a Esteban que ni loca lo hacía sola, después de haber estado por esas hermosas montañas…

Mis piernas todavía estaban «en remojo»: descansando luego de la misión, asi que fuimos a divertirnos mas que nada. Hablamos de todo y nos cantamos todo también, mejor dicho, Estebita se cantó todo, yo no tenía energía de mas para desperdiciar en cosas que no fueran mover cada pierna a la vez. Pensé que no la terminaba, pero al final llegamos y nos colgamos nuestras medallas.

Llegando.

No creo que la vuelva correr, el año que viene quiero hacer un par de carreras mas tipo travesías, me enganché o me engancharon… Por ahí, si logro ver cual, haga una maratón. Pero como quiero mejorar mi orientación, me pienso anotar en algunos orientatlones. Mucha aventura, mas que cemento habrá en mi 2009.

Acá algunas fotos:

Y como ya entro en vacaciones (casi) les deseo un

HERMOSA navidad, y un
2009 lleno de buenos momentos!
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La Misión 2008 (el después, que es el ahora)

Es difícil intentar explicar lo que se vive en una experiencia como la que elegí vivir: La Misión. Intentaré volcar cada momento, cada vivencia, aunque se que siempre se va a perder gran parte de la esencia.
Mis crónicas suelen ser con todas mis emociones, porque soy asi, sensiblera y emotiva, pero me gusta sentir las cosas, me encanta vivirlas a pleno.
Estos seis días allá fueron increíbles. Ahora, en Buenos Aires, se me antojan eternos, como si hubiera estado una vida.
Pasaron mil cosas, compartimos con los amigos millones de momentos, consejos, nervios, camaradería, cariño.
Siento que hay un antes y un después, por muchas cosas… Me siento super feliz.
Iré escribiendo de apoco, mas para mí, para no olvidarme de las miles de sensaciones que colmaron estos días que acaban de concluir (lamentablemente) y también para devolver a las personas que comparten conmigo este vivir a pleno e intentar cumplir sueños…
(1 de dic)- Sin tiempo para escribir nada, me acaban de mandar el link a este videito que está la entrega de premios… Es increíble lo que fue esta mañana de mails, chat, sms, foro! cuánta emoción!
Un poco de historia:
Por ahí por abril o mayo de este año, Estebita me empezó a comer la cabeza para que me anotara en La Misión. Yo todavía no estaba recuperada de las rodillas (ni de la cabeza) y por mas que me tentaba la idea, estaba reticente. Sobre todo porque era una carrera con equipamiento distinto de las que venía haciendo. Había que llevar todo lo que fuésemos a usar en las 76 horas de límite que ponía la organización, mucha ropa técnica por el reducido peso que tiene, etc.
No tenía idea de orientación y estaba haciendo nada.
Él me llevó de las narices a la Clínica del Gurí, yo ya había estado investigando por Internet de todo lo que no sabía y tenía que saber, inclusive empecé a postear tímidamente en el topic de El Kilómetro, pero aclarando que era solo una remota posibilidad.
Cuando volví de la Clínica, me acuerdo que le mandé un mail al Gurí agradeciéndole por todo y le dije algo así como que me había quedado la cabeza girando en falso con la carrera, que tenía ganas de hacerla pero que todavía no me animaba ni podía decidir que hacer. Él, muy amablemente, me dijo que me guardaba el cupo, que lo piense, y al final, a los pocos días las cosas se desencadenaron de forma tal que me pude anotar.
Todo esto, sin estar corriendo ni para abrir la puerta.
Comencé mi recuperación de las rodillas, yendo al gimnasio, fortaleciendo los cuádriceps, intentando volver a sentirme realmente bien. En total fueron 5 meses de ir hasta cuatro veces por semana para hacer la rutina de fortalecimiento, sentía que avanzaba muy de a poco, agregaba un poco de peso y mas repeticiones. Nadaba un poco y hacía bici fija.
Dos meses antes comencé a correr, también muy de a poco, casi con miedo. Y al tiempito hasta ligué plan personalizado de entrenamiento. No me podía quejar.
Ya casi llegando a la fecha, me sentía mas segura. Aunque la orientación no era mi fuerte y para colmo, la conjuntivitis devenida en Queratitis que me tuvo media ciega por un mes y pico, no me daba la confianza de poder ver bien los mapas, pero ya estaba en marcha la rotativa y no me bajaba por nada del mundo.
La Mochila
Durante estos últimos seis meses estuve de alguna forma armándola. Buscando elementos con balanza en mano para intentar llevar cosas livianas. Después estaba el tema de los alimentos, 76 horas había que comer, y a mi me agarraba pánico de pasar hambre, asi que a Pehuenia me había llevado la mitad de la calija llena de alimentos.
Cuando descargué sobre la cama para empezar a poner, era una bestialidad, tenía que decidir qué llevar y que dejar. Qué dilema. En el foro me cargaban con el alias de kioskito ambulante…
Al final, llevé:
9 «sanguchitos» de jamón crudo ibérico y queso en pan árabe.
2 sopas maruchán (tienen fideos secos pero cocidos)
2 sobrecitos de sopas instantáneas.
1 pack de queso addler
2 paquetes de manies.
7 miniladrillitos de membrillos
6 turrones
8 barras de cereal
3 baras de coco bañadas en chocolates
1 paquete grande de rocklets
caramelos varios
7 geles
5 recoverys
3 bolsitas de mix frutas secas (habrán tenido unos 25 grs)
20 sticks de tang (son minisobrecitos de jugo)
1 turrón navideño bañado en chocolate
1 mini torta galesa
Es bastante ¿no? Si, y eso que dejé mucho en el camino. Pero tenía que comprobarlo, en otra vida debo haber sido una refugiadaque se ca**o de hambre o algo así!
Y a último momento agegué un aislante autoinflable que no se cuanto pesaba pero que seguro que mucho…
Cuando levanté la mochila, casi me muero… Pensaba «esto no lo puedo llevar» pero no sabía bien que hacer. La suerte estaba echada.
Habíamos hablado mas que suficiente con los chicos en la cabaña, teníamos la suerte de tener a Claudio y a Silvia que ya son experimentados en el tema, y también la sapiencia de Gustavo, que me parece que ya se había agotado de decirme que no lleve cosas al cuete… en fin.
Dia D. La largada
 
 
Amanecí re temprano, había tiempo para los últimos preparativos ya que la largada era a las 12. Desayuné y me puse a preparar los sanguchitos, y al rato empezaron a aparecer los demás. A mi los nervios no me dejaron dormir mas, por ahí hubiera estado bueno descansar algo mas teniendo en cuenta todo lo que había por delante.
Una vez listos, partimos para la Biblioteca Municipal, lugar de la cita tan esperada. Éramos muchos para entrar en la camioneta de Mauri, y encima todas las mochilas gigantes, mas la ansiedad que teníamos los debutantes (y los que no debutaban también).
Con la pechera en mano, Estebita me dice de personalizar las pecheras, asi que pedimos un marcador y nos escribimos sendos «Estebita» y «Gurisa«. Ya habíamos acordado salir juntos. Por suerte hacía calorcito, los corredores iban cayendo y se iba armando un grupo compacto cerca de la largada.
Yo no caía mucho en lo que iba a hacer, estaba preocupada por la mochila. Decido descansar un poco, cerré los ojos y traté de respirar profundo. Pensaba «no voy a poder con esa mochila» los chicos trataban de tranquilizarme: «No tenés cara de que la estés pasando bien.. tenés que disfrutar».
Por fin anuncian la largada, había que seguir a la camioneta hasta que salgamos de Pehuenia y ahí se liberaría la largada. Nos ubicamos medio atrás, y comenzó la cuenta regresiva. Creo que mi cara denotaba el pánico que me inundaba, veía a todos contentos y yo estaba en un mar de dudas.
10,9,8,…….3,2,1… (video de la largada)
 
{Instrucciones de carrera: De la largada al CPO «HitoXXIII» Mapa 1 (1:50.000) Desde la largada deberán seguir primero el vehículo de la organización, sin pasarlo, hasta ser autorizados a navegar hacia el CPO «Hito XXIII»}
Nos fuimos quedando mas atrás todavía de lo que nos habíamos puesto. La música sonaba (creo) y empezamos a movernos, poco a poco. El brazo derecho se me tenzaba del esfuerzo, veía la vena que me cruza como si estuviera por explotar. Intentaba sonreir pero no podia mucho. Estebita lo estaba pasando bomba. «Relajate anita» —pensaba—. Se veía en la curva a los punteros, que corrían detrás de la camioneta deseperados por no perder puestos.
Llegamos a la ruta y Esteban empieza a darse cuenta de lo que me pasa.. .A»nita no te preocupes, ya va a pasar».
Comenzamos la subida hacia el Volcán Batea Mahuida, fue infernal, demoledora. Bajo un sol terrible y yo con ese lastre que no me dejaba vivir. Estebita me propone ir descartando comida de mas, o comerla o tirarla ¡hacer algo! ¿Qué tenés ahí que te pesa? ¡La torta galesa! la saco para ir comiendo y era un asco! estaba como quemada por dentro. Nos agarra un ataque de risa de lo tarada que había sido en llevarla. Como algo mas y me dice «¡¡¡Tirala!!!» la volé en ese mismo instante como proyectil supersónico, imagino que algún animalito la habrá podido disfrutar mas tarde.
Vemos gente que ya está parando a descansar. ¡Nieve! ya se ve nieve a los costados.. ¡qué lindo!
En eso vemos una algomeración grande de gente: había un río, casi no teníamos agua por el calor que hacía, asi que paramos a cargar un poco y Nos tomamos un gel.
Ya estoy decidida a dejar el asilante en el pc1, necesito estar mas liviana, sino no llego. Lo se.
El siguiente objetivo, era la patrulla en la punta del volcán, ahí nos iban a decir como llegar al CPO Hito XXIII, había mucho viento cuando por fin llegamos, y adentro de la camioneta estaba Vero, la esposa del organizador. No lo dudé, le pregunté si le podía dejar el autiflable, después de todo, no era un elemento obligatorio.
Creo que fue mas psicológico que otra cosa, pero a partir de ahí, me sentí mucho mejor. Comenzamos a bajar para llegar al Hito, yo tenía miedo de perderme, y eso que era el principio, pero Estebita marcaba el camino, y por fin nos fuimos acercando. Cruzamos varias lenguas de nieve, y fuimos cargando agua. Cuánta razón tenía el Gurí cuando nos dijo que no saliéramos cargados de agua, porque había a rolete.
Por fin el primer CPO, que aunque no figuraban en Internet, era la primer firmita en el pasaporte. Por fin se sentía que avanzábamos. En ese momento, firmamos con el número doscientosypico. Casi no paramos —creo— y seguimos camino hacia el siguiente CPO. Nos había costado un par de horas mas que lo que habíamos calculado inicialmente.
Pensar que el día anterior, fantaseábamos con llegar al CPO Pedregoso a la nochecita, con suerte íbamos a llegar al 2…

Marcando el pasaporte en el CPO Hito XXIII

{Del CPO “Hito XXIII” al CPO “Cerro Piñeñe” Mapa 1 (1:50.000) Para ir desde el CPO “Hito XXIII” al CPO “Cerro Piñeñe” de 1914 msnm navegar.}

Salimos del Hito con rumbo al Piñeñe, agarramos una huella de 4×4, caminábamos de re buen humor. El haber marcado el primer eslabón del pasaporte me dejaba contenta, como que estábamos en carrera. El camino nos lleva al que creíamos que era el cerro buscado, costó un poco subirlo, mucha piedra pero la adrenalina por conseguir el segundo trofeo nos hacía subirlo bien.

Cuando llegamos a la cumbre, nos damos cuenta que nos habíamos equivocado, nuestro objetivo estaba todavía a varios km! Iban 23 km y 5horas con 53 minutos de carrera. No habíamos controlado ni rumbo ni altura, solo nos dejamos llevar y caíamos en una especie de trampa. Había que seguir.

Bajamos y entramos en una meseta larga, ya el frío se notaba así que decidimos abrigarnos, yo me puse las calzas largas arriba de las cortas, me puse el softshell y la campera rompevientos, hacía viento frío y el sol se iba yendo. Esteban —todavía no entiendo por qué— dice que se quiere sacar las cortas para ponerse las largas, asi que me dice que mire para otro lado. Yo mientras iba comiendo algo, hidratándome. De repente siento que dice “aah.. ough.. mmm” ¡estaba trabado con las calzas cortas abajo! Yo me lo imaginaba y me empezó a agarrar un ataque de risa, sobre todo porque la única que no miraba era yo, después seguían pasando corredores y no había una mata siquiera para cubrirse. ¡Me vuelvo a tentar de acordarme la situación!
Al fin, ya vestidos y abrigados, continuamos al siguiente pc.

Nos cruzamos a Griffa que iba a las puteadas porque él también se había equivocada subiendo al cuete el cerro equivocado. Ahí lo encontramos al Negro Toledo y sus Secuaces y medio que no nos separamos casi con estos último hasta el final de la carrera.

Llegamos al CPO Cº Piñeñue a las 7 horas 14 minutos después de haber recorrido 28km desde la largada. Nuestro plan inicial estaba descartado. El cansancio de mi espalda era evidente, cada vez que parábamos por cualquier cosa, yo me sacaba la mochila aunque sea por un par de minutos.

Fuimos comiendo mucho, creo que fue el día que mas comimos!

{De CPO “Cerro Piñeñue” a PC1 “Ruinas” Mapa 1 (1:50.000): Para ir desde el CPO Cº Piñeñue” al PC1 “Ruinas” deberán bajar al principio con precaución por la cara Este del Cº Piñeñue hasta que la pendiente se hace mas suave. Luego navegar hacia el PC1 “Ruinas”}

A esta altura del partido, ya mi portamapa con los cuatro susodichos estaban guardados y recontraguardados en uno de los bolsillos exteriores. Como le decía a Estebita, era como una vaca que seguía al ganado, con escasa participación en cuanto a orientación y en el mapa de otra persona. Me daba fiaca.
Eso si, me había tomado el trabajo de plastificarlos con contact después de colorearlos. Eran un chiche. Pero como esos juguetes inservibles.

Emprendimos el trayecto hacia el Primer Puesto de Control, al llegar ahí, comenzaríamos a figurar en Internet como que vamos en carrera. Por primera vez usaríamos el pasaporte magnético tan vonito que nos dieron junto con el de papel.

Atardecía en Pehuenia y nos encaminábamos hacia el PC, no tengo muy presente que pasó hasta un momento que empezamos a bajar una pendiente arenosa. Al fondo se veía el Rio (lejos), Estebita venía atrás, sacaba fotos y yo llegué mucho antes y fui con el Negro, Gonza y Hernán, y también aproveché para huir hacia unos matorrales. Había un grupito de corredores descansando, y no era cuestión de montar el show.

Seguimos camino, a mi me empezó a agarrar un poco de angustia, ni siquiera llegábamos al primer PC y ya anochecía. ¡No íbamos a llegar! ¡No nos iba a alcanzar el tiempo! Íbamos camino a fracasar.
Pero tampoco se podía hacer demasiado.
Había que tener paciencia para no quemarse el primer día, y a mi tampoco me daba el físico para emprender una carrera loca.

Comenzamos a atravesar una plantación de pinos, y de repente nos pasa una camioneta, se detiene un poco y nos dice: ¡El PC está un poco mas adealante!
Ayyy, qué alegría. A mi me agarró casi una cosa religiosa de mover las piernas para llegar. Por fin… cuando ví a lo lejos la carpita que hacía de puesto, salí disparada, quería marcar cuanto antes, como si por no apurarme, no pudiera firmar.

Aparte, era la prueba que iba avanzando, me imaginaba apareciendo por fin en la tabla de posiciones.

{Del PC “Ruinas” a PC “Río Litrán” Mapa (1:100.000): Para ir desde el PC1 “Ruinas” al PC2 “Río Litrán” recomendamos buscar la senda que sube a la Meseta del Arco por el lugar indicado en el mapa. Atención: Arriba de la meseta encontrarán un puesto de un lugareño. Allí nace una huella ancha que atraviesa la Meseta y conduce al PC2. Navegar}

Ya habíamos firmado el pasaporte y pasado por primera vez la tarjeta magnética. Cargamos agua porque según el mapa no había mas hasta casi el PC2.

El chico del PC nos indicó que había que subir por la senda que arrancaba desde un triángulo natural que se formaba de la mitad del cerro para arriba. Era un triángulo formado por árboles, que se recortaba sobre la tierra. Pero casi nadie lo veía. Había que seguir por ahí y agarrar para la araucaria sola que se recortaba sobre el filo.

Ya no quedaba mucho tiempo para que anocheciera, había que apurarse. En este PC nos hicieron mostrar algo del equipo obligatorio que estaba en el fondo de mi mochila, y me costó acomodar todo (en cada puesto, pedían algo de los elementos obligatorio como control rutinario, si algún corredor no lo tenía, quedaba automáticamente descalificado).

Seguíamos con el grupo del Negrotoledo y algunos mas.

Teníamos que hacer un zigzag para llegar al sendero. En eso nos toca cruzar un arroyo, helado-helado, uno de los chicos que venía atrás se cae, alguien grita ¡que lo envuelvan en la manta de supervivencia! A mi me pareció que no era para tanto. Igual, nosotros seguimos.
Si nos caía la noche, iba a ser difícil encontrar “la huella”.

Yo iba como “guía”, increíble… por qué casi nadie había llegado a ver el famoso “triángulo”. Me sentía bastante nerviosa que dependieran de mi, pero habíamos ido para eso, para perdernos.. no, jjaja, para orientarnos.

En eso cayó la noche, y nos aplastó. Se comenzó a ver una luz en el lado derecho, y todos quisieron ir para allá. Yo esbozé un “para ese lado no es, es justo para el lado contrario” pero nadie me dio bola. Así que seguimos a la luz pensando que era un guía de la organización (nos faltaba decir muuu).
Hasta llegué a pensar “que bueno, ya que se hizo de noche ponen una luz para que podamos orientarnos». Ilusos nosotros. Nos habíamos olvidado que estábamos en una carrera de orientación y autosuficiencia.

Obviamente, llegamos a la luz, y resultó ser un corredor perdidísimo que nos pidió seguir con nosotros. Creo que los 10/15 que estábamos ahí lo quisimos ahorcar. Pero ya estaba hecho.
Comenzamos a subir en la oscuridad entre medio de las araucarias y los pinos, era agotador, la pendiente era infernal. Y yo me sentía realmente mal por la inseguridad de estar yendo por el camino correcto. Ya me veía llegando arriba sin encontrar la araucaria solitaria de guía y menos el puesto famoso para agarrar la huella.

Finalmente estábamos arriba, con la lengua afuera, pero en la dichosa meseta. Había que ir para el lado que sabíamos estaba el camino, con el deseo firme de encontrarlo. Pasaba el tiempo, y nada.

En eso viene el chico de la luz, que nos dice a Estebita y a mi, de ir con nosotros. Yo me había quedado con bronquita por lo que había pasado, pero tampoco era cuestión de dejarlo, pero Estebita fue claro “si, podés, pero nosotros hacemos nuestra carrera, si te atrasás o algo, no te vamos a esperar”. Estuvo un tiempo con nosotros y después lo perdimos.

De repente alguien grita: ¡el camino! “¡Aleluya!” —pensé—. Me sentí realmente contenta, eran más de las 11 de la noche en ese momento y no veía la hora de llegar al PC2.

Había gente dando vuelta por ahí, del grupo con el que habíamos subido, pero a Toledo lo habíamos perdido, y queríamos encontrarlo. Y de repente, en medio de la oscuridad, le digo a Estebita: “Estaría bueno encontrarnos con Toledo y sus amigos». En ese instante me habla alguien y era el negro, ¡qué casualidad! Seguimos hacia el puesto, era fácil porque había que seguir la huella. Por ahí llegábamos a un desdibuje del camino por la arena, pero entre todos iluminábamos con los frontales hasta darnos cuenta por donde seguir.

Me sentía super aventurera caminando en medio de la noche, en medio de la nada (con redundancia y todo). Pero ya quería descansar. Mirar el cielo era como mirar un calidoscopio de estrellas, se veía hasta la última de todas. Un cielo infinito y hermoso.

Ya casi eran la una de la mañana y se vemos muchas luces a lo lejos… ¡el PC!
Pero ¡había un enorme río que cruzar previo llegar!

—¡Qué guachada! ¿Por qué tenemos que empaparnos justo antes de llegar? El cansancio había hecho que me indigne, maldecía hasta al Gurí. Ya estaba harta.

Decidimos cargar agua antes de cruzar, asi después seguíamos sin demora, la carpa se la veía a unos 200 metros (creo) y estaba lleno de lucecitas.

El río, obviamente, estaba heladísimo. Era como una avenida de ancho, pero por suerte llegaba apenas debajo de la rodilla por donde pasamos.
A medida que no acercábamos, se veía gente durmiendo en vivacs, carpas; gente cocinando o comiendo.

Firmamos el pasaporte y yo “chusmié” algunos equipos como iban. Iban muy bien, por cierto, casi 5 horas antes habían pasado por ahí.

Nos vamos a buscar un lugar donde acampar las tres horas que habíamos decidido dormir, un lugar lejos de ahí para que no nos moleste la gente al llegar (bah, medianamente lejos). Fuimos caminando, pasamos al grupo del Negro, y Estebita quería ir mas allá. Pero estaba todo húmedo. Volvemos sobre nuestros pasos hasta una explanadita de arena. Seca, ideal para armar la carpa. Él se pone a armarla y yo a cocinar, el menú era sopa maruchán y sanguchitos.

Pongo a calentar el agua, y aprovecho a ir cambiándome. Tenía en la mochi una remera y un pantalón térmicos secos. Asi que me saqué las calzas largas empapadas y las medias, y me puse la ropa seca. Fue el día y la noche. Estaba tiritando. Comencé a entrar en calor y ya la sopa estaba lista. Comimos directamente de la ollita los dos, y cada vez se sentía mejor. Estaba buena la camaradería que había entre los dos. Él enrollaba unos espaguetis y me daba el tenedor para que coma, después comía él.

A pesar del frío, fue un momento re-lindo. Después de un día de mil peripecias, compartir algo tan simple como una sopita caliente con un amigo era como el slogan de alguna tarjeta de crédito: “No tiene precio”

Al lado había uno en un vivisac que roncaba a pata suelta. Y en la carpa de al lado nos gritaron un Shhhh.

A dormir entonces.

La carpa de Estebita, que tan generosamente compartió conmigo, era una Doite Solo Special, o sea, para una sola persona, pero como tiene lugar para poner las mochilas, es como que entraban dos personas.

Acordándome del Cruce, que amanecía todo con rocío lo que dejábamos afuera, saqué el cubremochila y puse todo debajo de ahí, hasta las zapatillas. Se lo dije a Esteban , pero no me prestó demasiado atención. Subí los hombros y me metí en la carpa.

¡Qué placer! Estaba agotada. Pusimos el despertados a las 5 y cerramos cada uno la bolsa de dormir.

A mi me costaba respirar un poco, tenía miedo de hacer demasiado ruido y molestar a Estebita, pero él después me dijo que se iba poner los tapones, asi que no lo iba a molestar, y que tenía que estar atenta al despertador porque sino nos íbamos a despertar al mediodía. Me dormí profundamente, tuve sueños de carrera, montañas y brújulas.
Creo que todos tuvimos el mismo plan, porque empezaron a sonar a coro los despertadores de casi todos. Se sentía el murmullo increcendo fuera de la carpa.

Uno de al lado, le decía a otro que su compañera había pasado una noche terrible, con frío y dolores en las ampollas, que iban a salir mas tarde.
“Pobre” —pensaba— por suerte nosotros habíamos dormido como reyes ahí dentro. Es mas, no tenía la menos gana de salir. Pero Estebita me mandó a hacer el desayuno mientras él empacaba las cosas.

Era de noche todavía y hacía frío.

Afuera me puse a charlar con el de los ronquidos, que resultó ser VictorQ50, del foro. Qué había llegado como tres horas antes que nosotros y había dormido hasta recién. ¡Con razón que roncaba como un condenado! ¡Se había dormido la vida!
Tengo que ir al “baño” pensaba un poco angustiada mientras veía que cada vez había mas claridad, y ¡no se veía ni un condenado arbusto! Dudaba entre ir, dejar todo el desayuno para mas adelante, pero sentía que estaba dejando de lado mis tareas en el equipo si hacía esto.
Así que recién cuando Estebita estuvo listo, vino a tomar el café, yo ya me había embadurnado con vaselina los pies para estar lista para salir y fui en la búsqueda del lugar indicado.

—“Ayy ¿dónde surulo voy?”

Había una pequeña lomita y me encaminé para allá, sentía que todos me miraban pero no había otra alternativa.
Cuando vuelvo, ya estábamos listos para salir, el grupo del Negrotoledo también, asi que partimos nomás.

{Del PC2 “Río Litrán” al CPO “Cerro Pedregoso” Mapa 2 ( 1:100.000): Para ir del PC2 al CPO “Cº Pedregoso” sugerimos subir entre las lomas 1597 y 1611. Después cruzar el cañadón del Arroyo Quirinco. Luego bordear el Cerro Quirinco y desde allí navegar recto hasta el CPO Cº Pedregoso.}

Arrancamos —a mi parecer— sin rumbo fijo. Estebita creo que le había preguntado al amigo del PC, pero ni tiramos rumbo ni nada…

Subimos un poco hasta que llegamos al Cañadón: ¿por dónde cruzar? era el dilema. A esa altura Dimi y Absis del foro andaban nosotros, y pero básicamente éramos el grupo del Negro y Estebita y yo. Había otras personas, pero en realidad nos preguntábamos entre nosotros.
El cañadón era imposible de pasar. A uno de los chicos se le ocurre dar una vuelta gigante sin perder altura para cruzar, para la derecha se podía hacer eso, pero era mucha vuelta. Nosotros preferimos seguir intentando ahí.

En eso vemos a uno que estaba del otro lado ¡¿cómo hizo?! Porque apenas estaba emergiendo de la quebrada, y no se veía ningún lugar de paso, o sea que estábamos ante un misterio digno de resolver.

Pero no andábamos con demasiadas ganas de jugar a Sherlock, uno le grita:

—¡¿POR DONDE CRUZAAARON?!
—¡POR ACÁAA! (Señalando una bajada empinadísima).
—¡¿Y CÓMO HICIEEEEROOON?! (A ver si nos tiraba alguna data… )
—¡PONIENDO MUCHO HUEEEEEVVOOO!

Buscamos, buscamos y buscamos pero no encontramos mucho huevo dando vuelta, así que seguimos buscando alguna senda.

Al rato, por suerte, Estebita grita ¡por acá! Y pudimos bajar por una bajada ree empinada pero por lo menos sin tanto matorral espinoso y la arena ayudaba bastante.

El Arroyo Quirinco era apenas un hilo, asi que por unas piedras y un poco de ayuda fuimos pasando.
Ahí nos enteramos que Dimi había puesto huevo y se había mandado nomás por donde decían los corredores “huevones” (je).

Seguimos para arriba ahora, y a mitad de camino Esteban necesita “descargar tensiones pesadas”, me dice “seguí Anita que te alcanzo”, pero entre que no quería desencontrarme con él, y estaba cansada, aproveché unos metros mas adelante y me saqué la mochila al lado de una araucaria y me puse a comer algo.

El paisaje era hermoso, como todo el recorrido de la carrera, aunque un poco mas boscoso que en otros lugares, y te llenaba los pulmones el olor intenso a pino que había.
Fueron casi diez minutos —creo yo— que estuve en ese limbo, hasta que apareció mi partner con una sonrisa de oreja a oreja, había encontrado una rama que le había servido de inodoro.

Seguimos a buen ritmo luego del descanso y alcanzamos a los chicos cuando todavía seguíamos subiendo.

Entre el PC2 y el CPO había 10 km según los cálculos que habíamos podido hacer el día previo a la carrera, así que imaginábamos que habiendo ya pasado la cumbre del Cerro Quirinco, estaríamos a mitad de camino.

Seguimos por toda una zona de mallines, agua por todos lados. Había un sol radiante y ya se veía a lo lejos el Cº Pedregoso.

El CPO no se veía, y según el mapa, estaba en la cumbre del Cerro, pero no estábamos seguros de en que cumbre estaba, porque se veían como dos. Así que muy inteligentemente, Estebita dijo de subir enfilando hacia el collado, para ahí husmear donde estaba el puesto.
A la derecha veíamos el Lonco Loan, donde teníamos que ir después.

Mallines y el lonco Loan a la derecha.

Fue super dura la subida, así como su nombre lo indica, había piedras por donde lo mires. Muchas de ellas, tipo lajas, que se movían y te la hacían parir. Yo me rezagué ahí, como en casi todas las subidas.

Llegué con la lengua afuera. Cada vez que llegaba a un puesto, me agarraba un ataque de firmar cuanto antes, después me relajaba y hasta me sacaba una foto. Había mucho viento y nos fuimos rápido hacia el PC Virtual en la cumbre del Volcán Lonco Loan.

{Del CPO “Cerro Pedregoso” al PCV “Lonco Loan” Mapa 2 (1:100.000) Para ir del CPO “Cº Pedregoso” a la cumbre del Cº Lonco Loan navegar. EL Cº Lonco Loan es un antiguo Volcán de color rojizo con forma de cono. Atención: este es un PCVirtual y se encuentra en la cumbre de este volcán, allí hay una gran pirca de piedra con un cartel, usted debe decir luego en el PC3 de que material está hecho el cartel: de madera, de plástico, de hierro, de lona?}

Al fondo, el volcán Rojo Lonco Loan

Nos indicaron que bajáramos con precaución por el lado X, y después era ir hasta el conito coloradito que se veía claramente. Era rojo como un semáforo.
Cuando nos fuimos acercando, y pisándolo, este color se lo daban miles de piedritas coloraditas que tenía en sus laderas el volcán.
Si el pedregoso fue empinado, este se sacaba el premio mayor.
El viento no ayudaba. Tuvimos nuestro momento estelar cuando apareció el Helicóptero y nos enfocaba (no se si fotos o filmación) pero yo quería llegar arriba.

Finalmente hicimos cumbre. Se veía la pirquita y el cartel: era de hierro agujereadito con un nombre ¿era una tumba? No lo se. Pero si había un viento de la gran flauta.

Me fijo si hay señal, y lo llamo a Lucio, que mucha bola no me da que digamos. Yo estaba re emocionada después de haber hecho ya quiticientas cumbres entre los dos días y él me hablaba de nosequecumpleaños. Perdí señal al toque de moverme de la cumbre. Y seguí camino con los chicos.

{Del PCV “Cº Lonco Loan” al PC3 “La Pampa” Mapa 2: Navegar, en el PC3 deben responder la pregunta del PCVirtual}

 


No era demasiado complicado ir hasta el PC3, se lo veía abajo al fondo. Estebita estaba re contento porque había podido hablar con su novia y eso lo llenaba de una energía increíble.
Llegamos y marcamos pasaporte y tarjeta magnética. Nos preguntaron lo del cartelito y nos hicieron mostrar el calentador (en cada pc había que mostrar algo del equipo obligatorio).

Ahí chusmeo por el equipo de Gustavo y veo que abandonaron, se me cayó el alma y encima me dice que fue porque él se había descompensado.

{Del PC3 “La Pampa” al PC4 “Escuelita” Mapa 2 y Mapa 3 (1:50.000) Para ir del C3 “La pampa” al PC4 “Escuelita” sugerimos seguir el rumbo que bordea por el este la cumbre del Co Lonco Loan Chico y conduce a la bajada de los riscos de la Pampa. Atención: Habrá patrullero justo donde se inicia la senda de bajada. Al terminar la bajada seguir rumbo que pasa por la costa sur de la lagunita que figura en el mapa. Navegar hasta el PC4 “escuelita” En este PC funcionará la cantina}

Emprendimos camino hacia la patrulla de los riscos previo al PC4, primero unos mallines y después un caminito. En algún momento paramos porque me volvía a pesar la mochila, también comimos algo mas, ligué un pedazo de chocolate “Águila” del Negrotoledo que me supo a gloria ¿cómo no había llevado chocolate entre todas las boludeces que tenía en la mochila? Me volví a envaselinar los pies y seguimos. Se hacía largo. Primero me quejaba por las subidas, pero ahí, en esa inmensa planicie, se hacían lunga-lunga las distancias.

Ya era la tarde y cuando nos vamos acercando al cerro Pichi Lonco Loan (o Lonco Loan Chico), Estebita sugiere no ganar altura como dice el mapa, sino darle la vueltita bien por el costado del cerro, ya que no hacía falta porque no había ningún pc ni nada.

Fuimos perfecto, ganamos un montón de tiempo, pero en algún momento nos desviamos muy al norte. Caímos en una subidita llena de matorrales cerradísimos que casi era imposible pasar. Estuvimos por pegar la vuelta para intentar otro camino, yo pensaba “por favor, por favor, no; sigamos por acá, no quiero desandar todo” pero por otro lado, nos estábamos yendo para la “miércoles”.

Por fin llegamos a la altura que buscábamos, pero de la patrulla ni noticias. Nos pusimos al reparo de una gran araucaria y algunos de los chicos se fueron a pispiar la zona, a ver si la encontraban.
Una parejita se nos había unido, y ella saca unas frutigran de avenas y pasas (que me encantan) y no se si puse alguna cara que me evidenció o que, pero me tiende el paquete para que saque una. En cualquier situación, uno diría si y se la come sin problema, pero en las circunstancias que estábamos, me sentía sacándole la comida de la boca, pero eran irresistibles. Me fui comiendo montañita por montañita hasta que me quedó una sola y glup, me la terminé con toda mi culpa incluida.

Había vuelto el grupo de “avanzada” y como bien suponíamos, íbamos a tener que intentar encontrar la patrulla caminando por el borde del filo hasta verla.
El del PC anterior, nos había tirado la “data” que la patrulla estaba justo en línea con una araucaria gigante… ¡Había cientos de araucarias enormes! Parecía una broma de mal gusto.
Asi que fuimos formando una línea perpendicular al filo barriendo para ver si dábamos con el lugar para bajar los riscos.

Alguien, en un momento grita: ¡por acá se podría bajar! Pero a mi no me parecía coherente, por algo habían puesto la salvedad de encontrarla para que te indiquen por donde bajar. Uno de los chicos iba tocando el silbato para ver si el patrullero nos escuchaba, pero no hubo caso. Seguimos por en medio de ese bosquecito de araucarias y pinos hasta que se oye el grito ¡Acá está!

Con el Patrulla, atrás las araucarias y hacia abajo, a donde teníamos que ir.

Qué alegría que sentí, por un momento me imaginaba pasando la noche ahí sin poder hacer nada.
Cuando estuvimos todos, no muestra donde bajar y allá a lo lejos se veía el techo verde la escuelita rural que hacía de PC y campamento.

Arranqué primero y me siguió Estebita, y después cambiamos y él fue guiando. Atrás venía la patota. Ya no veía la hora de llegar, estaba cansada y medio hambrienta. Pero se hizo largo el camino, parecía que alguien nos iba moviendo la escuela a propósito. Ya atardecía y teníamos el aviso que esa noche iba a haber tormenta, así que teníamos que apurarnos, pero no llegábamos mas, nos metimos por un filo lleno de espinas que no teníamos como bordearlo.

Por fin Gonza parece que llega a la escuelita, pero no había movimiento ni nada. ¡qué raro! —dijimos todos—, pero al toque pasa un auto y nos indica que la escuelita era la casa que estaba unos metros mas abajo todavía.

Nos agarra un envalentonamiento y hasta creo que corrimos (o lo aluciné, como tantas cosas en esta carrera) . Eran pasadas las 20:30 hs

Vamos a marcar los pasaportes, pero nos dicen que nos lo retienen hasta que nos vayamos, para saber la hora de salida de cada uno. Igualmente, nuestra idea era comer algo y salir hacia el 5, nos daba la sensación de estar en un zona de muerte, donde muchos corredores abandonaban.

El olorcito a comida que había era mortal, el apetito que ya estaba totalmente abierto, explotaba dentro de cada uno. Asi que nos dipusimos a comprar los patys, yo me encargué de ir por los de Estebita y mios. Pero me dí cuenta que no tenía la menor idea donde había guardado la plata: pagó la ronda mi compañero.

Ahí había señal, asi que llamamos a nuestras familias. Mamá me contó que iba 7ma en Damas, ¡casi me caigo de traste! Tomé una coca fresca que fue la cosa mas rica que probé…

Nos empezamos a arreglar las patas, ahí me veo una pequeña ampolla, la primera: ufa. Me puse un compeed, o mejor dicho me lo intenté poner, porque la mezcla de vaselina, tierra y noseque era infernal. Mas vaselina, y como la tormenta ya se nos venía encima nos pusimos el equipo de lluvia, medio a las apuradas porque ya caía la noche y queríamos salir rápido para el PC5.

Nuestra idea era tratar de llegar esa misma noche, aunque sea tipo 2 de la mañana.

Varios de los chicos, se quedaron a pasar la noche ahí. Absis estaba en la duda, casi viene, pero al final se quedó a dormir ahí, y a la mañana abandonó (creo).

{Del PC4 “Escuelita” al PC5 “Arroyo Relem” Mapa 3 (1:50.000) Deberán cruzar el puente de hierro sobre la naciente del Río Aluminé y continuar hacia el Oeste por el camino unos 2 km apróx hasta encontrar un camino que sube hacia el Sur. Tomar por este camino hasta bifurcación, pasar tranquera y seguir pr el camino que va siempre por la margen derecha del Arroyo Relem hasta llegar al PC5}

Salimos del PC4 con un fuerte viento, y ya las nubes habían cubierto el cielo, de la poca luz que podría haber habido, no quedaba nada. Seguimos por la ruta hasta el puente y cruzamos el Aluminé, teníamos que hacer 2km y ahí agarrar el camino que subía hacia el Sur. Los chicos sabían bien donde quedaba este camino porque hacia allá quedaba su cabaña, yo venía masomenos, me dolía la espalda y estaba cansada. Ya esa altura creo, habíamos cambiado el plan y decidimos seguir hasta justo antes antes del vado que cruzaba el Arroyo Relem, y dormir secos de esta forma.

Había que seguir por ese caminito uno poco mas de diez kilómetros, asi que perder no nos íbamos a perder (a lo sumo, nos ahogábamos, si seguíamos por el arroyo). Cada vez me quedaba mas atrás, les pido al grupo parar un poco para descansar, en realidad por segunda vez lo hacía, antes sin pedirlo, mientras esperábamos a Gonza y Hernán que se habían ido a “hacer un trámite” había aprovechado a descansar un poco, sin sacarme la mochila pero apoyándome en una montañita justo donde doblamos para agarrar el caminodelsur.

Estaba tipo autómata, creo que Estebita se daba cuenta o se empezó a dar cuenta, porque me preguntaba si estaba bien, si quería descansar nuevamente.

¡Qué buen equipo extraficial que hacíamos! Después, yo le comenté que tenía la sensación que él había puesto mas en esta unión concubina, y que sentía que había sido la más débil, hasta me había dejado cuidar.

Cada vez que me lo preguntaba le decía “no, está bien” Quería llegar cuánto antes al vado.
Pasamos por un cartel, y todos empiezan a bromear, que era como un cartel que te llevaba a la muerte o algo así. A esa altura, serían las once de la noche.

Empecé a sentirme peor, ya no podía encontrar posición cómoda con la mochila, me estaba aniquilando poco a poco, o mejor dicho… “mucho a mucho”. Yo soy de hacerme la cabeza, y ahí, en mi interior, sentí la derrota. Tenía ganas de llorar. No podía mas. Le digo a Esteban que no puedo seguir. Él, con una bondad infinita, me llevó tranquilidad (me emociono de solo escribirlo…):

—¿Querés que paremos acá? No te preocupes, yo hablo con los chicos. No te preocupes Anita, paramos acá y armamos la carpa, así descansás.

Inmediatamente que él se adelantó para alcanzar y hablarles, yo me derrumbé a la vera del camino y cerré los ojos, no me importaba la lluvia que ya caía, ni nada, necesitaba descansar. Escuché toda la conversación (la primera parte) que todos dijeron enseguida que sí, con muchísima buena onda.

Me despertó un grito de Estebita: “¿¡Acá está bien!?”, en realidad, no se si me lo preguntaba o me lo decía, pero me levanté y me fui caminando hacia allá, era una plantación de Pinos (Elliot me parece), le fui ayudando cuando me pedía y ni bien estuvo armada cubrimos las mochilas por la lluvia después de sacar las cosas para dormir y nos fuimos adentro. Había agarrado algunas cosas dulces que las fui comiendo mientras me preparaba. Cubrimos la parte de los pies con las camperas impermeables (¡qué buen invento el goretex!) porque la carpa condensaba un poco.
Pero no me abrigué, dormí con la remera térmica y la calzas. Formábamos entre los dos una salamandra humana que nos permitía dormir calentitos.

Los chicos se habían armado el campamento a unos cien metros según los cuentos de Perez. Habían quedado en que nos despertábamos a las cinco de la mañana para seguir.
Me desmayé casi al instante que cerré la bolsa de dormir, y creo que Estebita también.

Tipo cinco de la mañana, sentimos que el negro nos habla y nos dice que ellos ya están listos para irse, ellos no tenían carpa y habían pasado muy mala noche con la lluvia y el viento y estaban muertos de frio. Que nos esperaban en el puesto que estaba supuestamente unos metros mas adelante en algún lugar antes del vado y no preguntan si teníamos café. El único que hablaba era Esteban, yo no podía articular palabra todavía, pero les recalcaba que no nos esperen, porque todavía estábamos verde.

Como si estuviera en casa, estaba remoloneando sin ganas de levantarme, se sentía el goteo de la lluvia y peor aun, ¡tenía ganas de taparme hasta las orejas!
Esteban fue el valiente, salió y me dio la noticia que la lluvia no era tal, era casi una fina garúa, asomé la cabeza para ver y ya siendo de día, era como un amanecer verde. Las miles de gotitas hacían de prisma que multiplicaba en mil tonos de verde la atmósfera.
Me di cuenta que no veía bien, me dio miedo haber empeorado de los ojos, porque no me había traido las gotitas, pero en ese momento Esteban se pone a reir y me dice que mis ojos apenas se veían de lo hinchado que tenía los párpados, Bueno —pensé— por lo menos eso en algún momento se deshinchará.

Me metí en la carpa como un caracol para arreglarme los pies, mas que nada ponerme vaselina, porque no tenía mas ampollas que la que me había curado en el PC4.

Ya no había mas escusas, y salí. Sobre todo porque sentía que la vegija me iba a explotar.
Después mordisqueé un “sanguchito” de jamón crudo y queso addler que me dio Esteban y algunas barritas, guardé comida en los bolsillos de adelante y casi estaba lista.

En ese ínterin que nos fuimos despertando-acomodando lentamente, fueron pasando corredores por el camino, nos pasaron varios. Ahora, ya descansada, me agarró un poco de ansiedad de empezar a rezagarnos, y no se si lo miré raro o que, Esteban me dice “ya se que estoy lento, pero necesito este tiempo”. ¡Está bien! —le digo— con todo lo que él venía haciendo por mi, no le podía decir nada a él. Mas allá que realmente no me importaba demasiado, salvo un pequeño escozor (muy pequeño, pequeñito).

Finalmente salimos. ¡Qué hermoso era el paisaje! A pesar de que estaba lloviznando, se podía ver hacia el fondo las montañas con lo que suponíamos que serían los filos por donde pasaríamos.
Ahí nos encontramos con Pitty y su grupo, me extrañó verlo solo, ya que él había salido con Horacio, pero me cuenta que Horacio había abandonado en el CPO Pedregoso, me dio mucha tristeza porque sabía todo lo que se había preparado, todas las ilusiones que había traído a Pehuenia.

Íbamos viendo si encontrábamos a los chicos, nos habían dicho que nos esperaban en el puesto, pero al final habíamos tardado casi una hora y media mas. ¡Si habíamos salido a las siete de la mañana pasadas!

Llegamos al dichoso vado, había gente sacándose las zapatillas, las medias y subiéndose las calzas. Pero nosotros nos mandamos así previo cargar agua.
Ni decir de la temperatura del agua, auchhhh y mas auchhh. Teníamos que cruzar varios arroyos hasta llegar al PC5, asi que seguimos así.

Iba con la mirada al piso no se bien porque, por la lluvia por ahí, aunque creo que justo ahí no caía casi agua, escucho que Esteban me dice: “¡Anita! ¡mirá, te estás perdiendo todo el paisaje!” Y si, era alucinante.

Comenzamos a subir y yo siento una “piedrita” en una de las zapas, y mientras me la sacaba (a la zapa) me dí cuenta que lo que me iba a encontrar no era una piedra, sino una ampolla. Y así fue. Saqué el botiquín e intenté curarme, mientras Esteban desarmó la mochila para sacar la carpa, porque pensaba que sus anteojos habían quedado dentro.

Nos siguen pasando, pero no podía hacer demasiado, salvo curarme bien para no tener que volver a parar por lo mismo.

Después de bajar lo que habíamos subido entramos a un valle que estaba cruzado por quiticientos arroyitos, arroyotes y pseudoarroyos. Llegó un momento que nos mareamos, y ya no sabíamos cuántos habíamos pasado. Según el mapa habíamos deducido que teníamos tres en el camino, pero alguien nos estaba haciendo una broma pesada y nosotros empezamos a discernir medio en broma medio en serio, en que categoría los encuadrábamos.

Llegó un momento, que estábamos tan re-podridos del agua, que nos pusimos a charlar como si tal cosa con las patas sumergidas en un arroyo, totalmente anestesiados ya por la lluvia y los constantes cruces de arroyos.

En un momento nos cruza el Gurí y Vero, que iban en una camioneta hacia el PC5. Se detienen a hablarnos y nos dicen que se nos ve bárbaro (ja) que sigamos adelante que queda lo mas lindo (y duro).

Al rato, comenzamos a cruzarnos con corredores que volvían, el frío había sido fatal para ellos y ya no podían seguir mas, regresaban hacia el PC4 para poder volver a Pehuenia. En uno de esos grupos, lo vemos a Gustavo Corral, y nos cuenta que habían pasado la noche arriba, en las montañas, y que la lluvia lo había dejado destruido por la hipertermia, su compañero, El Negro, había seguido con Zanetti en un intento de terminar la carrera, por mas que ya estaba fuera de la clasificación.

Después nos enteramos que ahí, había llovido en serio, y que muchos de los que esperaron la luz de día para cruzar los filos (la organización cerró el paso hacia los filos la noche del jueves por seguridad de los corredores) habían abandonado por frío y agotamiento.
Eso había sido algo que nos habían recalcado, que para cruzar los filos para la mayoría de los mortales, iba a ser casi imposible, que aconsejaban luz del día para eso.

A medida que seguíamos en camino hacia el 5, seguían pasando corredores de vuelta. De repente pasan dos camionetas de la organización llenas con corredores que habían abandonado, era re triste. Después de prepararte tanto durante todo el año, tener que tomar la decisión de abandonar… ¡qué duro! Pero Gustavo Corral dijo algo totalmente serio en su crónica, que la decisión de abandonar, fue también pensando en su familia. Siempre hay una chance para volver, no hay que perder eso de vista y cuidarse.

Era casi mediodía, y de solo pensar en nuestras delirantes conjeturas en el PC4, que íbamos a estar llegando al 5 tipo dos de la mañana, nos comenzamos a reír a carcajadas, y con cada una a mi me mataba la espalda: ay, ay, ay. Qué poca experiencia la nuestra.

Miro hacia un claro adelante…

—¡gente! ¡mirá, mirá, es el PC!
—¡En serio! ¿dónde?
—¡Allá! ¡Mirá!
—Anita, son vacas, no es gente, estás alucinando…

Qué desilusión, no veía la hora de llegar. El plan era comer algo caliente y seguir.

Cuando finalmente llegamos, los vemos al Negrotoledo, Gonza y Hernán que se habían construido un “petit-hotel” con un plástico negro y unas ramas para descansar algo mas secos. ¡Hasta un fueguito había!

No sabía por donde empezar, quería secarme los pies, calentarme, comer, sentarme en algo que se asemeje a un banco (y que este cerca del fuego).
En eso andaba (elucubrando por donde empezaba pero sin hacer nada) cuando viene el chico del PC (que era un divino) y dice que iba a apagar el fuego porque la gente se quedaba mas tiempo y no subía, y a las cinco de la tarde se cerraba el PC y nadie iba a poder subir mas ¡horror!

Me siento en una piedra y me pongo a calentar el agua para el arroz con pollo al curry iofilizado que iba a ser nuestro almuerzo, o mejor dicho, lo intento, porque a todo esto, seguía lloviendo.

Mi idea original, era tomar solo un café caliente, pero al final me tenté, me puse a comer un triangulito de queso addler mientras llegaba Esteban que no se que había ido a hacer y cuando llega le pone al agua al pack, era todo nuevo, porque ninguno tenía mucha idea de cómo se hacía, pero Claudio se lo había regalado a Eseteban que estaba c-h-o-c-h-o con su comidita de 1.500 calorías tan chiquita y compacta. Supuestamente había que esperar cinco minutos. Cuando la abrimos tenía rico olorcito, aparte ¡era algo caliente!
Prueba él:
—¡mmm esto está buenísimo! ¡Probá, probá!
—mmsi, como que le falta sal, ¿no?
—¡NO! ¡Está perfecto! Comé Anita, comé.

Nos íbamos pasando el paquetito para ir comiendo. Cuando no quedaba casi nada, miro y veo todo el condimento “al curry” que había quedado en el fondo y en nuestra inexperiencia no habíamos revuelto bien ¡con razón que no tenía mucho gusto a nada. Pero Esteban no se cansaba de reptir lo bueno que había estado el bendito arroz.

El chico del pc se pone a hablar por radio con el Gurí, que estaba arriba poniendo algunas cintas guías porque había mucha gente perdida que no había encontrado el camino correcto hacia arriba.
Escuchamos todo la conversación y nos recalca que vayamos en grupo, que era peligroso ir solos.

Un chico que estaba ahí me dice: —¿vos sos la chica que estaba en Perú Beach entrenando cuestas hace como un mes y que tenía miedo de no poder ver nada por que tenía los ojos hechos pelotas por una conjuntivitis?
—¡Siii!, —le digo, la misma que canta y baila (o mejor dicho que se arrastra y susurra)
La chica que estaba con él, —intuyo, la novia—, se empieza a reir diciendo que era lo mas cuerdo que decía desde hace rato.

La gente se empieza a movilizar y a Estebita le agarra un ataque, “¡vamos Ana, que tenemos que subir en grupo! ¡No nos podemos quedar solos!».

Estaba tomándome un cafecito que había preparado para todos, porque había varios que querían y que me lo terminé tomando sola, guardé todo y salimos disparados, Éramos los últimos de nuestra tanda. En eso llega Mauricio al PC, el amigo de Silvia y Claudio, que nos cuenta que se había perdido, porque él corre bastante mas que nosotros. Bueno, nosotros no estábamos corriendo nada, es una forma de decir mas que nada. Después pasaría a toda velocidad casi llegando a la primer patrulla.

{Del PC5 “Arroyo Relem” al PC 6 “Moquehue” Mapa 4 (1:50.000)
Atención: Gran parte de este trayecto será por alta montaña, pasarán dos cumbres de mas de 2.000 mts. Para ir del PC5 al PC6 deberán navegar siguiendo el itinerario marcado en el mapa: cruzar primero el arroyito que baja de la cara Sur del Cerro2056. Luego subir por el bosque abierto al “lomo” de la margen derecha del arroyo que acaban de cruzar. Continuar por el “lomo” hacia la cumbre 2056.
De la cumbre 2056, continuar por el filo hacia el oeste pasando por un corto collado hasta la cumbre “hermana” que figura en el mapa. Máxima precaucion en este cruce, pasarán por nieve, cuidado al llegar a la cumbre “hermana” con rimaya entre la nieve y la roca. Prestar mucha atención a donde se pisa!!
De la cumbre “hermana” seguir por el filo hacia le Norte, pasarán otro collado y bordearán la próxima cumbre por el Oeste sin perder altura.
Continuar hacia el siguiente collado donde deberán buscar la parte mas baja del mismo y desde allí bajar hacia el oeste. Ingresarán a un bosque abierto, bajar con precaución hasta encontrar un camino maderero. Continuar bajando por éste hasta llegar al PC6 “Moquehue”. }

Primer arroyo buscando el sendero, la última soy yo.

Yo iba memorizando las señales que había supuestamente dejado el organizador para encntrar la senda correcta, estaba muy nerviosa de terminar en cualquier lado. Primero una cinta, una bifurcación, un espejo de supervivencia sobre una tronco… ¿o era una roca? ¿Y después…? ayyy, ¡no me acordaba nada!

Esteban estaba muy seguro, y al poco tiempo nos topamos con varios grupos que dilucidaban por donde seguir. Igualmente, ya estábamos en un punto, que lo que había que hacer era ganar altura para llegar a la patrulla, uno dice ¡por acá! Y si, una pequeña cintita atada a una rama. ¡Gracias Gurí! —agradecí internamente—.

El saber que íbamos bien encaminados me dio fuerza, llegamos a una subida que era roca pura, con pequeñas cascaditas que caían entre las rocas. Estebita venía atrás, pero venía, yo no se de donde había sacado la fuerza que tenía, pero subía bien. Me puse a hablar con el mismo chico de antes, el de Perú Beach, se llamaba Juan y llegamos juntos arriba. La novia con una energía increíble había subido creo que primera.

Fue un golpe el ver el paisaje: las cumbres nevadas en hilera, que a pesar de estar nublado y con una leve neblina, no le quitaban encanto.

Mas adelante se veía la carpa roja de alta montaña del Patrulla, y me encaminé hacia allá. Estaba el grupo de los que habían subido con nosotros, y fueron con el patrulla que les indicaba por donde seguir hasta la siguiente patrulla. Me entretuve viendo la hilerita que se iba formando ¡no podía creer para donde se dirigían! Miro para atrás y venía Esteban con los chicos, y cuando llegan me reta un poco “Anita, no te podés quedar quieta con tanto frío, la próxima vez que me tengas que esperar, por lo menos caminá en círculos, es importante que te mantengas en movimiento, sino sos boleta”.

Por los filos. Yo, Estebita, y al fondo Gonza sin bastones.

Escuchamos las indicaciones del Patrulla: “Mantenerse juntos, caminar bien por el filo hacia allá (lejos y alto) no tienen que pisar mucha nieve, si lo hacen, están en el camino equivocado, solo van a cruzar unas lenguas de nieve”. Igual había precipicio para ambos lados, asi que no veía la forma de equivocarnos.

Emprendimos la marcha, adentro mío, el corazón empezó a latir fuerte. Estaba emocionada. Yendo por esos lugares que algunas veces imaginé estar, por las cumbres de Montañas nevadas, solitos con nosotros mismos ¡qué belleza!

El viento azotaba fuerte, y hasta en un momento la lluvia se convirtió en pequeños granizos. Por el frío habíamos incrementado la velocidad, los guantes estaban empapadísimos, intenté sacármelos y quedarme sin ellos pero era peor, por mas que estaban hechos sopa algo mas calientes estaban las manos.

Esteban venía atrás, asi que de vez en cuando iba parando para quedar junto a él. Sacaba fotos, filmaba, se lo veía contento a él también.

Antes de llegar a la segunda Patrulla, nos pusimos al reparo de unas rocas y descansamos un toque, yo tenía la vejiga a punto de explotar, mucho lugar para buscar no había y me fui atrás de la misma roca. Me reía sola, estaba haciendo pis en el borde una especie de acantilado con viento que chiflaba de una forma increíble.
Llegamos a la segunda patrulla, el chico estaba metido en la carpa y nos explicó como hacer.

Acá ya teníamos varios tramos de nieve medio peligrosa, caminamos con cuidado sobre la misma huella de otros corredores y llegamos a un cruce que habían puesto una soga para que nos agarremos por seguridad. La nieve no estaba tan profunda, pero si había viento, y tenía para la derecha una pendiente “interesante” que de solo imaginarme rodando por ahí me agarraba escalofrío.

Finalmente llegamos a la última patrulla, ahora había que bajar hacia un bosque y seguir por un camino maderero. La primera bajada era toda arenosa, me caí un montón de veces, y cuando entramos al bosque, el suelo era tierra húmeda removida, segúía siendo empinadísima y sguimos cayéndonos a cada rato. Ya estaba harta de caerme, parecía una milanesa de tierra.
El sendero hasta llegar al camino fue complicado y por momentos casi no sabía por donde seguir. Bordeábamos un arroyito y en un momento casi cruzo para cualquier lado. Estábamos solo Esteban y yo, y yo seguía dudando si íbamos bien.

Por fin llegamos al camino, estaba cansada. Rebusqué en mi cabeza a ver que me quedaba para comer en la mochila, quería algo dulce y rico: ¡mi super turrón navideño bañado en chocolate! Me había comido muchas gastadas por él cuando armaba la mochila… en cuanto se lo mostré a Esteban lo agarra y como poseído por un demonio empieza a gritar “¡es todo para mi, no te voy a convidar!” (en chsite, obvio).

En un principio, nos imaginábamos llegando el sábado. Hasta yo quise averiguar bien la hora de cierre del sábado, porque tenía miedo de que entremos tarde, pero pensando entre los dos, nos dábamos cuenta que con suerte esta misma noche podríamos estar durmiendo en la cabaña..
Comer ese turrón lleno de azúcares nos volvió a la vida, creo que me comí el 60% yo, ¡y era grande!

Ahí se nos acopla cerca un corredor que habíamos pasado pero ninguno de los dos tenía mucha onda con el intruso, sobre todo porque se puso a menos de un metro caminando atrás nuestro y era molesto.
Grrrr. Nos quedamos rumiando los dos y no seguimos hablando.

Pasamos una granja, ya estábamos cerca del PC. Esteban me grita para que me ponga junto a unos chanchos que estaban ahí para sacarme una foto. No le hice caso, con el PC6 tan cerca, solo quería ancontrarlo, eran casi las 5 de la tarde y quería llegar. Pensaba que teníamos por delante, después del Pc6, el cruce del Arroyo Blanco, que supuestamente nos iba a llegar a la cintura, pensaba en mas agua helada, mas frío… ayyy, no quería.

¡Por fin el PC! Estaban el negrotoledo y sus amigos, nuestros compañeros de tantos momentos…
Entro a la carpa y cuando me sellan el pasaprte me dice que hay cambio de recorrido, en vez de ir por el sur de lago Moquehué, había que ir por el norte. De buenas a primeras, ya no había que cruzar el arroyo Blanco. Me dio una alegría tan grande, que a los que fueron llegando detrás nuestro, les contaba del cambio de recorrido.

La idea era comer algo caliente ahí, pero como había que cruzar un arroyo apenas saliéramos para el camino, decidimos cruzar primero y después secarnos, comer, descansar.
Uno de los del pc con mate en mano me convida un par.. ¡qué rico! ¡No me quería ir solo por esos mates!

Pero al fin cruzamos, veo a un hombre del otro lado y le hago señas para que me indique por donde cruzar, pensaba que era alguien de la organización. Pero de repente me doy cuenta que se reía, y ahí lo reconocí, ¡era Marco! Que nos había estado esperando para sacarnos unas fotos.

El PC6 al fondo y el vado que cruzar .

Me costó bastante cruzar el arroyo, me sentía cansanda. Ahora, viendo la foto, ya tenía la cara completamente hinchada y se me notaba el agotamiento ( y mi nariz enorme).

Nos saludamos con Marco, ¡qué increíble verlo acá! Y que bien se sentía ver una cara amiga.
Había una cabaña a medio construir que había sido tomado por asalto por los corredores para guarecerse de la lluvia, y fuimos allá que estaban los chicos también. Ya adentro, nos enteramos que el dueño, que estaba ahí, había dado permiso para que entren. Estaba llena y por afuera en el alero también había gente curándose los pies, comiendo algo, descansando patas para arriba. Yo estaba adentro pero como no había ventanas podía hablar con los chicos que estaban afuera.

Deicidimos no tardar demasiado, total nos restaban 22 km (eso pensábamos, en reallidad fueron 25) algunos se cambiaron de ropa y sacamos cosas para ir comiendo en el camino. La vedette fue el “fuet” que como nadie había sacado el cortaplumas, lo íbamos comiendo a mordiscones, con un pan de campo que todavía no me explico como apareció ahí.

Casi agarramos para el lugar equivocado de no ser que apareció en una camioneta Erico. Seguimos nuestra última travesía por el camino de ripio.

Íbamos en eso, cuando se nos acerca una camioneta ¡eran Claudio y Silvia! Qué alegría que fue verlos, sobre todo para Estebita. Nos dieron noticias de los amigos y vinieron munidos de una coca, que yo no se por qué, en ese momento no me dio ganas de tomar.
Ya había entrado en ese estado de “quiero llegar” y me fui adelantando. Esteban Charloteaba con los chicos, estaba super emocionado, feliz y contento.

Me grita: “Escuchá esto Anita” y se me adelanta (no me acuerdo que era lo que quería que escuche) .

Los chicos se van, y él la llama a VIV, estba como en un estado de algarabía increíble.
De apoco va oscureciendo y nuestras fuerzas también, y todavía teníamos por delante varias horas por delante.

Me dice de tomar un gel, y yo no quería mucho un gel en ese momento. “Dale, paramos a hacer pis, y yo saco un gel para cada uno” “ok” le digo, y fue increíble el tomar ese gel, y eso que era los de guaraná que a mi me parecen espantosos por lo amargos que son. Pero pude tirar un rato mas.

Estebita llama a Viv por el Celu y le dice que me aliente que me veía decaída, asi que vía celu desde Buenos Aires se la oía alentándome. ¡Qué buenos esto de la tecnología!

Llegamos a la ruta asfaltada ya de noche, ahí estaba el puesto de gendarmería y cuando pasamos por ahí, el gendarme nos ofrece un cafecito, yo quería llegar (para variar) y le digo que no gracias, pero Esteban le dice “yo si quiero uno” mirándome con carita de carnero degollado y dicéndome todo lo bien que me iba a hacer uno a mi.

El café nos vino bárbaro y Esteban se tomó dos! En eso veo una camioneta que se detiene enfrente: ¡era Gustavo que nos había estado buscando por la ruta! Me dio un vuelco al corazón, fui para allá sin poder creerlo, y mientras mi compañero se tomaba su segunda taza yo me quedé hablando con él. Fue Mágico. Me contó que había estado en el PC6 esperándome como tres horas y después se dio cuenta que cuando vio en Internet que habíamos firmado el pasaporte a las 17;30 que apenas se fue, nosotros llegamos. Como en las películas…

Seguimos camino, teníamos más de una hora todavía y estábamos exhaustos. De repente siento un ardor en el pie: se me había reventado una ampolla. ¿Cómo caminar? Intenté varias formas, pero tenía miedo que encima me tire algún músculo, tragué saliva y seguí de la misma forma, fueron los primeros minutos que me sentí morir, después menguó el dolor como si nada hubiera pasado ( o casi nada).

Se veían las luces de Pehuenia. Lejos. Pero, por lo menos, ya teníamos el fin a la vista.
A esta altura, nos dábamos cuenta que llovía cuando pasaba algún auto y la luces iluminaban las gotitas. Iba caminando por la banquina, porque el asfalto me hacia doler los pies demasiado.
Estábamos avanzando re-lento, de repente empezamos a ver casas, ¡ya estábamos en Pehuenia! Y veo hacia un lado, ¡y se veía el arco! “Mirá Estebita, está el arco de llegada!” “¡Si, Si, Gurisita, está el arco, llegamos!”.

Que gran desilusión fue ver que no era el arco (seguíamos alucinando). Por suerte pasó un auto y nos grita que faltban menos de 1000 metros para llegar.

Ahí sentimos que una chica viene detrás nuestro, Claudio y Silvia nos habían dicho cuando los encontramos por la ruta, que iba 3ra o 4ta en Damas, y no se cómo pero Estebita salió disparado a toda velocidad al grito de “¡No te van a sacar el podio! ¡Vamos Anita, dale, que no se de cuenta!”
Yo estaba lejos de poder seguir ese ritmo infernal, lo intentaba y lo intentaba pero no podía, sobre todo porque no quería quedarme sola, (y desupés nos entermos que no teníamos a ninguna chica atrás.. misterio…).

Llegamos al Cruce, donde había que doblar hacia la Biblioteca, me agarra la mano y a cada uno que pasaba le gritaba “Esta chica es una campeona, hace podio!” y me llevaba casi volando.


Yo me reía, él se reía.

Disfrutaba tanto esa llegada con mi querido amigo, después de todo lo que habíamos pasado en esas 59 horas 30 minutos de aventura.

La Música sonaba fuerte, había flashes de fotos, todos te aplaudían y sonreían. “Vamos chicos” nos gritaban. Fue un momento hermoso.

Aparecen en escena Gustavo, Claudio, Silvia, el Gaucho Hugo, Marco, Zanetti… . Abrazos y mas abrazos, yo me re emocioné. Nos ponen con el cartel de “Misión Cumplida” para la foto (digo nos ponen, porque ya no entendíamos nada, nos iban moviendo los demás porque estábamos fuera de nuestros cuerpos).

Ahí entramos para dejar los pasaporte y que nos anoten. Todos me dicen que había salido cuarta, pero yo no lo creía.

Volvemos a salir para que Marco nos saque unas fotos y ahí me agarró un chucho de frío que me descompensó. Entré rápido y me sentí mareada, me apoyé en las rodillas y sentía que me hablaban… pero me estaba hundiendo en algo negro y profundo, me sentaron en una silla y así volví a la vida, aunque no podía dejar de temblar.

Igualmente estaba feliz, feliz, feliz.

Me viene a saludar el Gurí y me dice que se alegraba muchísimo de saber que habíamos llegado. Y si, con todo lo que habíamos hablado y re hablado de la carrera en esta última mitad del año!
Al rato llegan el Negrotoledo, Hernán y Gonza, ¡qué lindo verlos llegar a ellos también! Habíamos pasado gran parte de la carrera juntos

Ya en la cabaña, me fui al baño y cuando entré y me veo en el espejo no podía creer la cara desformada por la hinchazón que tenía. Estebita me había pedido por favor que él se quería bañar primero, pero al final me cedió el lugar y es mas, mientras estaba en la ducha en la árdua tarea de sacarme la mugre de los pies, uno de los chicos me grita que no me apure, que Esteban se había puesto a hablar sin parar.

Cada pie tenía una ampolla grande llena de agua cerca del talón, y varias chiquitas bajo los últimos dedos del pié.

Me fui a dormir. Tranquila, cansada y feliz.

Fotos:

la mision 2008

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El mapa completo: cortesía de Zanetti : http://ca02css13.oosah.com/1/images/63717/original/69860711bcb35b8daf97f49b16eafd48.png

Cumbre en el Volcán Lonco Loan

Casi en el pc 3. Mucho viento. La espalda destruida. Somos equipo con estebita sin papeles. Esta buenismo.
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Este e-mail fue enviado desde un movil.

Lágrimas de Paraíso

Ayer salí a hacer uno de los últimos entrenamientos pre-misioneros, quedan menos de dos semanas y ya pronto hay que comenzar a hibernar, para evitar cualquier tipo de “accidente”. Eran poco mas de las tres de la tarde y el calor de la ciudad se hacía notar (y mucho), iba por Palermo buscando la sombra de alguno de sus árboles, pensando y repasando en todo lo que tengo por delante. Cuando crucé Dorrego, una avenida suave lluvia de savia de paraiso comenzo a caer, y yo, ya a esta altura muerta de calor, agradecí profundamente.

Este fin de semana, haré la prueba de meter casi todo en la mochila. Es de 35+5 litros, tiene bastante bolsillaje y la particularidad que a en los laterales, tiene dos cierres que permiten acceder de forma mas cómoda a las cosas que uno mete adentro:

Equipamiento de Seguridad Personal
Campera de abrigo: Deberá ser impermeable, con capucha, no se permiten rompevientos livianos.
Pail: Puede ser un buzo tipo polar.
Cubre pantalón rompe viento: Para usar en caso de lluvia.
Calza larga: De lycra o similar.
Remera térmica: Puede ser de lycra o similar
Guantes de abrigo: Pueden ser de pail o lana.
Gorro de abrigo: Pueden ser de pail o lana.
Linterna Frontal: Deberá estar en buenas condiciones de funcionamiento durante toda la carrera y deberá ser llevada por las noches.
Espejo de Supervivencia: Puede ser de plástico o vidrio, la medida mínima permitida será de 5 cm x 5 cm. No está permitido el papel aluminio como espejo de supervivencia.
Manta de Supervivencia: Debe ser original de fábrica y estar sin uso (nueva). Puede ser una manta de supervivencia o un saco de supervivencia. IMPORTANTE: El Saco de supervivencia no reemplaza al Saco Vivac. No se permiten mantas usadas o recortadas.
Encendedor: Deberá estar en perfectas condiciones y será usado únicamente para encender el calentador o en caso de que un equipo o una persona necesiten hacer fuego por razones de seguridad (hipotermia o señales)
Cuchillo: Deberá tener un estuche de seguridad y estar apto para cortar elementos como cuerdas, ramas, cintas etc.
Silbato: Deberá estar en buen estado de funcionamiento y será usado en caso de extravíos para señales auditivas.
Bolsa de Dormir: Deberá ser original de fábrica, de materiales sintéticos y con capacidad para soportar temperaturas bajo cero. Deberá tener al menos tres capas de material Ej cobertura exterior, relleno, cobertura interior. No se permiten bolsascaseras, ni de telas polar o similares.
Equipamiento de Seguridad del Team o Corredor Individual
Radio VHF: Deberá estar en perfectas condiciones y ser presentada con las frecuencias dadas ya instaladas y con la batería cargada a full. Al menos un integrante del equipo deberá manejar la radio a la perfección. No se permitirán radios sin lafrecuencia instalada y en la Organización no habrá nadie que se ocupe de sintonizar radios. Recomendamos una bolsa estanca para llevar la radio durante la carrera.
Calentador: Deberá estar en perfecto estado de funcionamiento y tener el recipiente de combustible lleno antes de largar.
Olla o similar: Para calentar agua en el calentador. Deberá tener una capacidad mínima de ½ litro.
Brújula: Podrán ser de mano o digitales de reloj. Recomendamos la brújula con placa base transparente rectangular. Para usar con las instrucciones y en caso de necesidad o emergencia.
Mapa: Estos serán provistos por la organización y esta PROHIBIDO llevar otro mapa o imagen satelital. Estarán los PC marcados.
-Carpa/Tienda para dos Personas: En el caso de usar esta opción, ésta deberá tener capacidad para dos personas (según el fabricante), y deberá ser llevada durante toda la carrera con los parantes, las estacas y el sobretecho correspondientes.
Saco Vivac Impermeable (2 para Equipos): Para los que opten por llevar saco vivac éste deberá tener capacidad para una persona dentro de su bolsa de dormir, ser de material resistente e impermeable con costuras termo selladas y deberá tener capucha para cubrir la cabeza. También serán aceptados sacos vivac para dos personas bajo las mismas condiciones. La aceptación de los Sacos Vivac quedará a criterio de la Organización.
Bolsas de residuos medianas: Deberán ser de nylon y con capacidad para transportartodos los residuos que el equipo produzca durante la carrera. Estos residuos deberán ser depositados en los Campamentos o en los lugares autorizados para su evacuación.
Botiquín Personal Obligatorio
Cada persona indistintamente si corre en individual o en equipo debe llevar el siguiente botiquín.
3 (tres) Apósitos autoadhesivos, Ej. Moleskin, Compeed o Second Skin o similar para ampollas. (No sirven curitas)
1 (un) Rollo de venda elástica de 1,50 metros de largo por 7 centímetros de ancho.
1 (un) Rollo de venda NO elástica de 1,50 metros de largo por 7 centímetros de ancho.
2 (dos) Sobres individuales de Gasas estériles para cubrir heridas.
1 (un) Apósito Quirúrgico grueso para heridas profundas.
20ml de Solución Iodo-Povidona. (No jabón)
4 (cuatro) Comprimidos de antidiarreico (solo Loperamida)
4 (cuatro) Comprimidos de antihistamínico (solo Loratadina)
4 (cuatro) Sobres de sales minerales para rehidratación tipo OMS o Pedialyte.
6 (seis) Comprimidos de Ibuprofeno 400 mg.
1 (una) Cinta adhesiva de 2,5 cm de ancho por 1,5 m de largo (no sirve Duct Tape)
1 (un) Par de guantes descartables de latex.
1 (una) Pinza de depilar.
1 (una) Tijera pequeña.
Y obviamente, la comida… mas el agua. Por suerte, es una zona con mucha irrigación de agua, asi que no hay que salir super cargados con líquido.

La organización, como todos los años, durante la carrera hace un «Vivo» de cada participante, va marcando on-line cada vez que vamos pasando por los diferentes puestos de control, o si alguno abandona, también.

Y como supuestamente va a haber señal, voy a implementar «posts móviles» cada tanto, sobre todo para mi familia que andan un poco perocupados que la nena ande por ahí dando vueltas por la montaña. Y, como tengo hecho el rss hacia Facebook, también aparacerá por ahí ¡cuánta tecnología! ¿no?

Coletazos

Esta imagen que se mandó Estebita, está buenísima! con el recorrido del Orientatlón sobre el Google Earth. Queda bien en claro, como dimos vueltas al cuete en muchos casos.

Pero lo mas importante… lo mas mas importante, es que esta semana, luego de mas de siete meses.. ¡corrí! (en la cumbrecita me pegué varias carreritas, pero no seguidas) Por 30 minutos, estuve corriendo, iba a seis por kilómetro, pero me sentía Paula Radcliffe! iban pasando los minutos y yo seguía. No lo podía creer… Hubiera seguido, de no ser porque tampoco hay que matarse el primer día (o segundo) Me sentía tan pero tan bien… la primavera llegó, y con todo! Siento que la sangre comenzó a circular de nuevo por mi cuerpo.

Videito de la cumbrecita hecho por Horacio, se ve nuestro momento triunfal cuando llegamos el primer día, y las acotaciones tontas que decíamos por la ansiedad…

agregado a último momento: esta foto que va a continuación, es de uno de los equipos padre/hijo, que es una de las categorías que hay en los orientatlones ¡me encantó! y a mi hijo Lucio tambien… ya me veo en próximas ediciones con «niño»

Bajo mil estrellas, me guiñó un ojo la luna y yo sonreí

{Orientatlón «La Cumbrecita»}

Volví con todos mis objetivos cumplidos, o sea que me puedo sentir feliz.

El formato de la carrera es de lo mas atípico: 10 minutos antes de la largada, reparten en un folio cerrado el mapa topográfico, con los testigos marcados pero sin numerar, y el pasaporte para ir marcando los testigos referenciados con sus respectivas coordenadas para ubicar en el mapa. Con la prohibición bajo amenaza de muerte, que no se podía abrir hasta que se diera la largada (bueno, no de muerte, pero casi).

A las 14:00hs sonó la sirena de largada, y nadie salió corriendo. Cada uno se sentó a la sombra a ver el mapa y hacer las marcas y los trazados. Nada de adrenalina, calma chicha total.
Ya teníamos charlado con Estebita, Viv, Horacio, Juan Manuel y Melina de salir juntos. Miramos el mapa, y nos decidimos por el testigo 1, había que salir del pueblo para el lado del cementerio. Era el mas cerca y como estaba sobre el sendero de las 4×4 (marcado en verde en el mapa) creo que fue lo primero que se nos ocurrió.

Enfilamos para allá. A mi me había quedado medio miedito de la charla técnica, de repente, toda la seguridad que tenía se me había ido a pique.
Fuimos subiendo por la calle de tierra, pasamos el cartel de “cementerio”, y seguimos por el sendero que parecía para cabritas todo terreno y no para 4×4, pero había que seguir hasta la curva de los 1550 mts, donde aparecía el testigo. Luego de zigzaguear y de parar en varios lados con la duda existencial: ¿por acá será? Llegamos a nuestro 1er testigo, foto del grupo, marqué pasaporte con la hora y el código, y decidimos seguir al 10, que estaba en dirección sudoeste y a la misma altura.

Horacio, Estebita, Gurisa
Meli y Juan Manuel
El haber encontrado el primer testigo, me había llenado de confianza. Encaramos nuestro segundo objetivo: el testigo 10. Según en el mapa, en la misma curva de nivel, pero en dirección sureste. Fue fácil encontrarlo, mas allá de nuestra poca experiencia, había gente marcándolo y lo vimos desde lejos.

La lógica nos guío en busca del testigo 2 como tercer elección, había que seguir el sendero e ir subiendo hasta los 1650mts, bordeamos la ladera, (el terreno en si de toda la zona, era rocas, pajonales, arbustos achaparrados desperdigados por ahí, y mas rocas). En ese momento yo iba adelante, cuando vimos el río a lo lejos me tiro para la izquierda, todos los demás siguen derecho pero mi instinto me decía que estaba mas allá, por lo poco que podía interpretar del mapa, se lo veía después de una vaguada, cuando lo vi me sentí la reina del planeta, era el primero que había encontrado y me fui para allá, le grite a los chicos ¡por acá! Y al rato veo sus caras que iban asomando.

El desafío siguiente era el testigo 15, en dirección noroeste, a 1840 mts (maso), íbamos lento, la idea era guiarnos por el río, pero era muy escarpado, estábamos cansados y se iba haciendo tarde, ya pasaban de las cinco y no teníamos muy en claro donde estábamos. Pensábamos que podíamos llegar a estar en una pequeña planicie que justo tiene el nombre “merlo” encima, pero ahora, viendo el mapa a conciencia, pienso que lo mas probable, es que hayamos estado en la zona de “precaución” que dice el mapa, no se… y nunca lo sabré supongo.
Pero surge en el grupo la realidad: era tarde y lo mas probable era que no lo econtrásemos. Había que volver ya que quedaban menos de dos horas de luz y el stop de la carrera era a las 19hs, y lo peor: había que encontrar el campamento.

No llegábamos a un acuerdo. Estebita creía que lo mejor, ya que no sabíamos a ciencia cierta donde estábamos, era volver por el sendero verde hasta la cumbrecita y de ahí recién emprender el camino al campamento, pero yo no estaba de acuerdo, me parecía algo titánico, prefería tratar de ir al T2, nuestro último punto ubicable, y de ahí enfilar al campamento por arriba o debajo de las zarzamoras que estaban marcadas.

Estebita con toda la razón del mundo, me objetaba que sola no podía ir, que me “convenciera a alguien del grupo” para hacer esa jugada, como Horacio tenía la misma idea, fuimos con él para allá.
Como primer objetivo, llegar cerca del T2 para reposicionarnos, lo que resultó sencillísimo, en 15 minutos ya estábamos cruzando el río viendo de lejos el T2 y… nos engolosinamos pensando en voz alta que cerca de ahí estaba el T3 que pasaba justo sobre el río.
Nos fuimos de cabeza a buscarlo, pero siguiendo el río nos encajonamos y no pudimos seguir, y lo peor de todo, era que el testigo era mas arriba, estábamos en la curva de los 1620 y nos faltaban 25 mts para arriba, se veía una hermosa cascada que salía de un agujero de las rocas, ¿qué hacer? Eran casi las seis, estábamos ahí ahí, pero no había manera.
Le propongo a Horacio trepar por las rocas entre las zarzamoras y sus espinas, y una vez arriba, hacer un paneo rápido, y si no había nada visible, ir hacia el campamento, sin perder tiempo en algo que no tenía muchos visos de éxito.

Y así fue, nos fuimos con la sensación amarga del “casi”, pero si encima llegábamos tarde, nos pensalizaban con puntos en contra por cada minuto tarde después de las 19:00hs. Miramos para atrás, como quien deja a su amante abandonado y caminamos para el este para acercanos. El tema era que estábamos casi en un precipicio, lleno de espinas de zarzamoras y piedras, pero era la única que quedaba.

Horacio dice “ese es el cerro Wank, vamos para allá» (este cerro estaba justo al sur del triangulito verde que señalizaba el camp). Pero en el camino a cada rato aparecían quebradas, que había que ver como pasar, arriba-abajo-arriba, llegamos a la cumbre y ahí había dos chicos de la organización, les pregunto “¿el campamento para donde está? Cara de poker y no nos dicen nada los muy guachos, nos abrazamos al monolito donde decía “Cerro Wank” foto mediante, seguimos camino.
En el cerro Wank.

Luego de pasar varios lomos, vemos a lo lejos el campamento, bah, lo ve Horacio, yo veía unas carpitas y nada mas, y no se me ocurría que eso fuera el famoso y tan nombrado Campamento. Pero si, era nomás.

Siendo las 18:30hs nos pusimos en marcha y llegamos triunfales, trotecito mediante a las 18:52, entregamos los pasaportes y nos fuimos a buscar los bolsos de autoasistencia.

El mío no lo veía por ningún lado, y nos habían dicho al llegar que los que no estaban, era porque tenían penalización por exceso del peso límite permitido de 7kg por participante. Pero no, estaba ahí pero mi ansiedad no me había dejado verlo.
Mucho no tenía que hacer, porque no tenía que armar carpa ni nada, lo único era guardarles lugar a todos los del grupo.

En eso cae Zanetti, que llega con su bolso y me dice que se iba a marcarles el camino a los chicos con luces, los había cruzado y estaban demorados, al final ellos habían llegado hasta cierto punto después de que nos separamos y la organización no les había dejado seguir por el camino, explicándoles que iban a tardar demasiado, por lo que habían tenido que venir por el mismo lado que nosotros. Pero ya estaba oscureciendo y finalmente llegaron tipo 19:30 —no me acuerdo bien—, gracias a las señales de luces que les hacia Zanetti, perdiendo todos los puntos que habían hecho, pero obviamente mas que felices por la aventura. En realidad muchísimos llegaron fuera de término. Parece que a todos les resultó difícil el tema de calcular el tiempo/distancia.

Juan Manuel, Viv, Estebita, Melina Paula, Ana, Griffa, Horacio
y Zanetti en el piso (hacía friiio).

Todavía faltaban llegar Laura y su marido de nuestro grupo, teníamos cierta incertidumbre sobre qué les había pasado, ya que ella es una muy buena navegadora, ganó muchas veces los orientatlones anteriores en su categoría
Armamos “fogón” entre todos, mejor dicho algo asi, porque en realidad cada uno estaba con su calentador haciéndose su comida, pero fue un tercer tiempo entretenido, in recambiando “manjares” y compartiendo las vivencias del día.
A las 9 de la noche, dicen por altoparlante, que los dos equipos que estaban perdidos ya estaban ubicado y en camino. Laura y Juan Pablo era uno de los equipos perdidos. Ya se sentía el frío asi que 9:30 cada uno se fue acovachando para pasar la noche.

Continuará… (si, continuará)
(el mapa)

Recapitulemos:

Había caído la noche sobre el hermoso vallecito que Pablo Bravo (el organizador) había elegido para el campamento. La luna iluminaba todo, asi que cuando me fui a buscar algún lugarcito alejado como bañito improvisado, apagué la luz del frontal. Había subido por la cuesta que llevaba hacia la tranquera y se veían perfectas las carpitas y toda la vegetación del lugar. Se sentía raro, como si todos te miraran. Pero era solo la sensación.

Me hubiera quedado ahí un rato, sentada en una piedra, absorbiendo la paz que se sentía. Pero ví que alguien se acercaba con las mismas intenciones que yo, y comencé a bajar para no estorbar.

Estaba por cruzar el pequeño hilo de agua que separaba en dos el valle, cuando me percato que una luna gigante, me sonreía, como haciendo las paces. Dándome la pauta que está ahí conmigo, aunque haya momentos que no la vea, aunque haya momentos que dude de ella.
Me fui silbando bajito, con una sonrisa cómplice que no lograba guardarme.

Ya estaba lista para dormir. Una de las pruebas se me venía encima: dormir a la intemperie. Me metía en la bolsa de dormir, a su vez, metí la bolsa en el vivisac. Ya estaba abrigada con unos pantalones de polar sobre las calzas largas; dos pares de medias térmicas; una remera térmica, un softshell y un buzo polar; gorro de lana que me había dejado el Cruce de los Andes y nos gritamos las buenas noches entre todos y cerré los ojos. Primero no encontraba posición cómoda. Era raro sentir el frío en la cara, pero me puse de forma que la gran capucha del Vivisac, hiciera de mini carpita sobre mi cabeza. En algún momento me dormí, y no me desperté hasta que les sonó el despertador a un grupo que teníamos al lado (a las tres de la mañana).
Había sido prueba superada.

Desayuné un café con leche y comencé a prepararme para la salida. Pautada a las 5 de la mañana. Al final, hasta que todos estuvimos listos, se hicieron las 5:20. Esto es lo que tienen este tipo de carreras, en realidad, uno puede salir mas tarde, el que se perjudica es uno, porque cuenta con menos tiempo.

Al entregarnos los pasaportes, Pablo nos tira un tip: subiendo por la cuesta, al pasar dos puestos de estancias (uno a cada lado) había que doblar a la izquierda y al lado de un árbol y una piedra, estaba el testigo 4. Y siguiendo por el sendero que salía de ahí, se llegaba al 11. Papita pal’loro dijimos todos y nos fuimos con los frontales prendidos.

Eramos 5: Estebita, Viv, Zanetti, Horacio y yo, y el camino se nos une Juanmps, un chico que después nos enteramso que era del foro también.
En un momento pasamos un puesto y doblamos para la izquierda, el cerro que se veía estaba lleno de lucecitas de otros corredores, de un lado y del otro de la vaguada. De repente vimos un pino… una piedra… ¡debe estar el testigo ahí! A la carga mis valientes y fuimos para allá. Obviamente no estaba, recién a las 7:01 de la mañana pudimos marcarlo, cuando ya había amanecido, y después de haber andado y desandado los alrededores mil veces. Y porque había alguien que lo estaba marcando….

Amanece y marcamos el primer testigo del segundo día.

Como ya había amanecido, se veía claramente la senda que salía para arriba, y un chico nos confirma que subiendo hasta la cima, al pasar una tranquera, se accedía al testigo 11.
Era una subida condenada, costaba por las piedras sueltas, pero como el camino se veía, era cuestión de llegar hasta arriba. Al pasar el alambrado, seguimos para abajo y justo al lado de una quebradita junto a un río, estaba el objetivo. Creo que este valía 50 puntos. Igualmente, los puntos no los iba contando. Me daba igual.

Marcando el Testigo 11.
El testigo 12 parecía fácil, había que subir hasta un sendero y de ahí bajar, se lo veía en una ladera. Buscamos, buscamos y buscamos, pero nunca pudimos dar con él. Mirábamos el mapa, fantaseábamos que esa casita que veíamos era la que estaba marcada, entonces … bla bla… Nunca lo encontramos. Había que hacer el duelo y cambiar de planes.

Totalmente desorientados buscando el T12.

Nos habíamos quedado Horacio, Juamps y yo, y mirando el mapa vemos de ir tras el 5 para luego llegar hasta los testigos de la tirolesa. Había que desandar hasta el T4 y de ahí agarrar el sendero verde. Cuando llegamos finalmente al T4, eran casi las 10:30 de la mañana, yo ya no veía posible intentar levantar el 5, para mi había que ir directo a las tirolesas e intentar llegar a tiempo a las 12 a La Cumbrecita. Pero Juan no estaba convencido. Ahí nos volvimos a unir con la otra parte del grupo y mas adelante, con Laura y su familia, que venían del 5 y nos dicen que era muy complicado acceder a él. Con mas razón digo que es mejor ir a lo seguro. Y partimos hacia allá.

Yendo hacia el testigo de la tirolesa.

Las señas eran doblar en la tranquera cerca del poste de luz, a la izquierda. Pero se abrían varios caminos y estábamos medio jugados con el tiempo, estos testigos cerraban a las 11 y ya casi era la hora. Corríamos de un lado hacia el otro, sin encontrar el acceso, hasta que nos grita uno del Staff de la carrera ¡por acá!

Corriendo, llegamos a la estructura de la primer tirolesa, yo canto primera y me colocan los arneses y el casco y… uiiiiiiiiii hasta le otro lado, ahí marcabas el pasaporte y uiiiiii hacia el otro lado, había que pisar en la zona azul… ¡en el blanco! me grita el monitor que recepcionaba. Así que doblé el puntaje del testigo, uiiiiiiii hasta la última.

Cuando estuvimos todos juntos, sonrientes como nenes de preescolar en el parque, emprendemos la vuelta, ya había terminado la carrera.

11:30 estábamos entrando por el puente del pueblo, los últimos metros los hicimos corriendo entre bromas y gritos de júbilo.
Nos fuimos a buscar los bolsos y a dar un baño merecidamente ganado.
Almuerzo con choripanes y cervezas provistas por Azimutrek, entrega de premios y sorteos (no gané absolutamente nada y eso que había muucho, malísima mi suerte)
Y a casita, 800km mediante.

Para que se entienda mejor de lo que hablo, recorté la zona del mapa donde nos movimos y con color morado está el primer día, y con fuccia el segundo:

(Obviamente, el poder de síntesis me lo dejé en alguna roca por las sierras).

Perdidotlón a la vista

Entre el sábado y el domingo dejé el bolso y la mochila preparadas. ¡Cuántas cosas para guardar! Fue casi un desafío meterlo dentro.

A diferencia del cruce, hay que llevar mas cosas en carrera, la bolsa de domir por ejemplo. Y te penalizan con puntos en contra si no tenés las cosas obligatorias, y yo no estoy como para perder ni un mísero punto con mi pobre cultura orientatlonista. Así que hasta me conseguí una navaja multiuso para no perder los 50puntos que me descontaban por no tenerla.

La comida en su lugar, voy a porbar la que será mi comida de la primera noche en la misión: polenta+leche en polvo+caldo en polvo+queso junto con la hornillita minimalista que me conseguí para achicar peso y espacio. (llevo algo mas por si las moscas)

También, si el tiempo me deja, voy a vivaquear. . O sea, nada de carpa. Me llevo el aislante+la bolsa de dormir+vivisac. Claro que tengo reservada hotelería de lujo junto a Viv en su carpa, por si llega a llover o si mi equipete no aguanta el frío. Tampoco la pavada, como diríamos acá.

La ansiedad de siete meses sin hacer nada es bastante. Es como que fuí acumulando y para colmo, está el tema de si sabré orientarme, o mejore dicho, encontrar algún testigo y no pasar papelones. Pinta lindo, incluso vamos a tener que pasar, al grito de iorolei-iorolei, por una tirolesa de un poco mas de 500 mts si queremos acceder a uno de los testigos.


El viernes a la noche embarcamos en el micro que nos lleva a las sierras de los comechingones. Y ahí, se sabrá la verdad. Si hay tomatina o no.

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actualización 11 /9:

acabo de recibir un mail de la organización, que vino con video incluido, parece que en el testigo que queda pasando la tirolesa, se puede hacer doblete de puntaje!

Faltan 2 días para la carrera!!

Les contamos a todos que parte de la organización ya se encuentra en LA CUMBRECITA realizando el montaje de los testigos y tareas de logística.

Hay NOVEDADES para competidores y acompañantes!!

El circuito de tirolesas tendrá 3 importantísimos trazados de varios cientos de metros cada uno y habrá un testigo de 25 puntos (T6) al finalizar la primera tirolesa y uno de 50 puntos (T7) al finalizar la segunda. Este T7 tendrá la particularidad que duplicará su puntaje a los competidores que logren hacer contacto con la tierra, en la ¨zona color azul¨ que se encontrará al finalizar dicha tirolesa (ver video en este mail)(la organizacion se hará cargo de los equipos de cuerdas)

ver video:

Todo lo relacionado a la carrera y a las tirolesas será detalladamente explicado en la charla obligatoria a competidores que comenzará a las 12:00 del día sábado. Será FUNDAMENTAL para TODOS los competidores que estén presentes en esta charla.

Los chicos crecen y el tiempo pasa.

Y por fin mi nombre aparece en una lista de inscriptos para una carrera. El Orientatlón «La Cumbrecita» será no solo mi bautismo de la temporada, sino de los orientatlones. Carreras muy singulares donde el objetivo, es sumar puntos encontrando puntos testigos marcados en un mapa.
La caracterísitica de este en particular, es que tiene formato expedición, hay un stop obligatorio a las 19hs y se vuelve a largar a las 5 de la mañana del otro día. Al momento de la largada, te enterás donde está el campamento, al cual cada corredor tiene que llegar por medio de las cartas topográficas, la brújula, el sentido común y que se yo… la suerte.
En general, muchos de los que vamos, también iremos porbando cosas para el objetivo final: La Misión.

Estoy enferma hoy, el finde me enfrié y no me siento muy bien que digamos. Pero estoy entusiasmada-emocionada por tener en menos de tres semanas esta carrera.

Mientras tanto (y no en ciudad gótica) mi hijo Lucio osó pasarme en altura, ahora me abraza y parezco la hija de él. Paulita le dijo chau a la cuna y Santi ahora duerme «en el segundo piso». Y yo, que intento no sentirme una anciana, con comentarios de mis hijos como «mami pero si vos sos muy flaquita para subir esa cama» cuando después de armar la cama cucheta, intentaba ponerla de pie. Pero, ¡lo hice! Y Santu me miraba con cara de «sos mi héroe».

Cruce de los Andes, parte II

Ese primer día en el Camping «Los Césares» fue increíble, el sol, las montañas, el lago de ensueño.
Después de almorzar, nos fuimos a remojar al lago. Apenas a orillas del campamento, estaba todo el mundo, era la torre de babel, mil idiomas pero todos iradiabamos felicidad. Mi rodilla agradecida por el fresco del agua, aunque pasados unos minutos ya se sentía bien. Y me dieron ganas de nadar. Migue me miraba como si me hubiera poseído un demonio. Es que encontré en él, a alguien más friolento que yo, cosa que pensaba imposible. Pero asi es.

Para la derecha, a lo lejos , se veía una playita con menos gente, asi que rumbeamos para allá y yo pude dedicarme a disfrutar del agua a mi antojo. Se veía hasta la última piedra del fondo.

Llegaba la hora de las curaciones, las heridas de guerra eran muchas. Para empezar, se me habían hecho unas ampollas en cada articulación del dedo gordo, la rodilla me dolía un poco, asique luego de unos masajes y estiramientos, me emparché y nos dedicamos a disfrutar las tarde espectacular que hacía.

Andaba desesperada por un café (para variar) pero no lograba conseguir agua caliente, se había terminado en la cantina, y el baño estaba cerrado para conectar el calentador electrico que tenía. Estaba tan desesperada que me fui a preguntarles a los del camión generador, que daba energía al centro de datos de la organización si me dejaban enchufar. Obvio que un NO rotundo fue la respuesta, pero justo ví que abrían el expendio de agua nuevamente, y alcancé a poner nuestros vasos térmicos en la cola antes que la vuelvan a cerrar. Ya anoté para la próxima, traer un calentador a combustible por lo menos para el agua caliente.

La tarde iba cayendo y se fue llenando el aire de humo de la carne a la parrilla que cocinaban para la cena. Fue medio caotíca, se hizo tarde, se superpuso con la charla técnica, y al final, entre una cosa y otra nos acostamos recién cerca de medianoche, y al otro día había que entregar tempranísimo los containers.

Durante la madrugada, pasó lo que temía que pasara. Quise ir al baño, y mientras me decidía a ir o no, desperté sin querer a Migue y fuimos con nuestros frontales en la cabeza, cruzando el campamento en completo silencio. Hacía frío y estaba húmedo. Éramos dos luciérnagas perdidas por la cordillera.

Ya a las cinco de la madrugada, la fiebre comezó a hervir alrededor y nos despertamos sin necesidad del aparato. Durante la noche había llovido y una fina capa de agua lo impregnaba todo. Había que apurarse, si no entregábamos a tiempo el container, no llegaba hasta la noche en el segundo campamento.

Metidos a medias en la carpa, tomamos nuestro café con leche (bueno, migue se tomó un nesquik, o «colacao» como él le decía) con pancitos con mermelada de frambuesa, pasas, nueces y yo le adosé una barrita energética sabor mazapán, Casi como un hotel 5 estrellas.


Teníamos el «día fácil» por delante.

Se larga en tandas de cincuenta, y nos toca la cuarta salida por los tiempos del día anterior. Parques Nacionales, le había dicho al organizador, que era imposible que larguen 900 almas y se metan de golpe en el parque. Nos pusimos atrás, casi cuando estaban por salir. Y fue asi… sin dolor, como suele decirse.

Fuimos poco tiempo por un camino de ripio, hasta meternos en unos senderos que bordeaban el Manso, y entramos en lo que parecía un bosquecito encantado, en el que era imposible pasar a alguien, y los que iban con nosotros caminaban. Asi que, a caminar… hasta un mallin seco, que tampoco se podía correr demasiado. Era imposible. Era como si fuera un piso de cerámica con huellas de animales incorporada que hacen que estés por caerte a cada rato.

Llegamos a un camino de montaña para autos y lo corrimos mientras no subía, y esto de haber corrido casi todo el tiempo, hizo que mis rodillas empiezen a pasarme factura.

Los últimos kilómetros venía mal. Me dolía. Pero quería llegar de una vez. Pasamos por un puesto de gendarmería y pensé que habíamos terminado. No, faltaba un poco. Alguien nos dice que ya casi estamos, «¡el último esfuerzo!». Migue me da la mano para darme fuerzas, y se lo agradezco de corazón. Con la bandera de nuestro Sponsor en una mano y mi compañero llevándome de la mano, vemos el arco de llegada, y entramos…


Armamos la carpa bajo una fina llovizna, que poco a poco dejó paso a un hermoso día. Era tempranísimo, ni las once de la mañana y después de picar algo nos fuimos para el rio, a intentar relajar las piernas en el agua del Manso. Cosa imposible, duré menos de 20 segundo con las rodillas en el agua, sentía que los pies me iban a explotar. Esteban me decía: «aguantá el primer minuto que después se banca». Salí desesperada, me agarré a Zanetti y me doble en dos con los ojos cerrados porque no aguantaba el dolor que sentía en los pies. Y se ve que a una pobre ranita de 1 cm de largo que andaba por ahí le había ido peor: directamente le faltaba una pierna…

Estaba cansada, al cerrar los ojos a la siesta, fue como adentrarme en un mundo de pesadillas, cuando quise despertarme a la hora y media, me era imposible, era como que un hilo de plata me succionaba y no me dejaba escapar. Sólo el calor que sentía (creo) fue lo que me hizo salir del pequeño horno que se había convertido la carpa. No había estirado demasiado, y temía que me quede agarrotada, asi que nos fuimos cerca del rio y «hacía que» estiraba, al final se convirtió en una merienda grupal improvisada y nos pusimos todos en ronda de indios. Hablando, como si estuvieramos en guerra y planearamos la estrategia para la batalla de mañana.

Como siempre, llegó la noche y entre una cosa y la otra se hizo tarde. Pero, no se si por la siesta o porqué, seguimos habando con Migue largo rato, como si estuvierámos en un pijama party de adolescentes, sin querer dormir y que no termine nunca el día.

Amaneció gélido. Yo me había acostado ya con la ropa que iba a correr, para no tener que cambiarme (obvio que sin la pechera, que a esta altura, la única forma de tenerla cerca, era por el lado de afuera, ya que habíamos decidido conjuntamente que no la lavábamos hasta terminar la carrera), fue un desayuno automático, en silencio, solo se podía escuchar el tiritar de cada cuerpo.

La largada era a las 7:30, para intentar tener algún indicio de luz. Yo no podía entrar en calor, y Miguel menos. Cuando casi era la hora, nos fuimos para la largada. Este día, salimos con los bastones, sabíamos que iban a ser imprescindibles, y asi fue.

Como autómata voy a ponerme en posición después de la tercera salida. Era nuestro turno. Miguel no está seguro, no sabe nada, no se entera de nada, lo está pasando peor que yo. Comenzamos a correr y yo no siento los pies, los tengo dormidos por el frío. La rodilla me duele mucho, voy detrás de él, lo sigo y hay un momento que tengo ganas de llorar, lo trago, sigo corriendo. Ya es de día y hace media hora que estamos en carrera, pero no puedo entrar en calor, los músculos no me responden. Hace rato que nos pasaron casi todos los de la quinta largada, voy mal. Las bajadas son una tortura china.

Ya pasó una hora, y puedo decir que mis piernas me responden, Ya me saqué el rompevientos que tenía bajo la pechera como único abrigo y voy mejor. Nos metemos en unos seneros medio selváticos, donde el camino esta hecho por debajo del nivel del suelo, es como ir por un pasillo. De repente, vienen tres personas en la dirección contraria, son los punteros de la categoría mixtos, con un guía de montaña que los lleva hacia algún lado, evidentemente algo les pasó que abandonaron. Hasta hoy no lo sé.

Comienzan las mallines, esta vez son húmedos, y depende por donde toque pasar, llegan al tobillo o a la rodilla, y hasta alguno que quiso probar camino, quedo sumergido hasta a cintura en ese fango líquido y pantanoso. Pero como el humor ya estaba con nosotros, lo pasamos bien. Cuidando nada mas no doblarnos nada. Ya bastante tenemos en la mochila.

En algún momento comenzamos a meternos por sendero cada vez mas cerrados, siempre para arriba. Nos topamos con varios arroyos de montaña que tienen «puentes» improvisados, troncos con alguna soga o algo similar. De repente, en el medio de la nada, un kiosco, con lista de precios y todo, parecía chiste. Supongo que era para los montañistas que caminan por ahí, pero parecía un chiste. Miguel por fin para a hacer pis, hace dos horas reloj que viene diciendo que quiere, como los niños.

Y seguimos corriendo, cada vez con mas obstáculos, decenas de árboles caídos que hay que pasarlos por arriba o por abajo, te van rompiendo las piernas de a poco, lentamente. Hay algunos senderos inundados, con maderas para pasarlos. La única manera es ir tanteando con el bastón la profundidad, para no caer en algún pozo profundo, y así todo, de repente mi pierna izquierda cae, y se hunde hasta arriba de la rodilla, una trampa me sujeta el pié, no lo puedo sacar, y no veo nada ya que es barro líquido, mi pié tiene a los dos lados maderas, o algo que lo retiene, Miguel intenta ayudarme, entre los dos agarramos mi pierna y no podemos, ¿qué hacemos? Lo volvemos a intentar entre los dos y por fin va cediendo. No se si antes o poco después, cruzamos a unos corredores que estan barados al costado, uno sentado en algún recodo de la roca y el otro sobre él: lo está cosiendo, tiene una abertura profunda desde arriba de la ceja hasta comenzado el cuero cabelludo, parece un labio vertical.

Cada vez mas arriba estamos, hasta que de repente, salimos a un espacio abierto, y nos chocamos con la vista de un glaciar increíble, y mas abajo, cascadas. Nos quedamos mirando como tontos, es impactante. Ahora hay que bajar por la roca, Migue trastabilla y cae de lleno sobre una roca pero se para rápido, me lo quedo mirando para verle la cara, pero me dice que esta bien, que cayó sobre la mochila. Al rato, por intentar agarrarme y no caerme, me sostengo de una planta espinosa y veo las estrellas, todo el guante me queda lleno de «toritos», era la misma mano que me había quemado una ortiga antes, me río… es increíble…! Guardo el guante inutilizado y seguimos, se ve un valle. No se bien cuanto nos falta, mi compañero se niega a decirme cuanto vamos para que no me deprima, estamos ya hace muchas horas en carrera.

Ya estamos mas que mal los dos, el dolor de mi rodilla y el de su abductor van con nosotros como mudos ángeles negros. Es un dolor helado. Ya caminamos en cualquier lado, o remedamos corridas, apenas un poco mas de ritmo. Me había tomado cuatro geles pero el último sin poder terminarlo, me dió náuseas. Pero pensaba que tomando el isotónico estaba bien, le digo a cada rato que tome agua a Migue, no me hace caso, por un momento pienso en plantarme hasta que no tome algo, pero veo que bebe algo y desisto.

Según el gps de Migue, faltan mas de 9 km para llegar, que se nos antojan eternos. Pero comenzamos a escuchar voces, y yo me acuerdo de la vez que Estebita me mostró los planos del Club Andino y sabía que si estabamos cerca del lago Frias, después teníamos los úlitmos tres kilómetros, que ya nos habían dicho que eran en subida, pero ya casi estábamos.

Y si, nos topamos con el verde del Frias, yo no puedo mas, los gritos de los corredores que ya habían terminado y esperaban el barco no logran motivarme, Estebita y Zanetti nos gritan, nos aplauden ¡¡vamos chicos!! ya casi están, pero de no ser por Migue, mi carrera hubiera terminado ahi, cuando empezamos a subir (eran tres kilómetros con una pendiente de 200mts), vuelve a tirar de mi. A él, el darse cuenta que ya casi terminábamos, fue como una inyección de energía, se lo veía feliz, contento. Yo era una lacra. Agarré uno de los bastones y me fui ayudando para subir, y Migue tiraba de mi… no solo de la mano, sino con sus palabras. Comienza a hacerme una especie de entrevista, se reía, intentaba subirme la moral, pero me es casi imposible hablar. Caminamos abrazados como dos lisiaditos, y los corredores que van bajando nos alientan, nos dicen fuerza… fuerza! Es eterna la subida, no se bien cuanto tardamos, pero fue mucho tiempo.

Y de repente, el arco… hay que hacer una cosa rara, porque lo pusieron al revés para que en las fotos se vea el cartel de «Chile», cruzamos, nos miramos incrédulos, estamos sucios, dolidos, emocionados, hambrientos, felices… y nos abrazamos agarrándonos con temor a que el otro se escape. Nos volvemos a mirar, seguimos sin poder creerlo, el tiempo se detiene y solo existimos él y yo.

Cruzando los Andes (parte 1)

Estoy con Miguel volando hacia Bariloche, y una mar de incertidumbres nos embarga. Aún no sabemos si podremos correr o no. Mi rodilla, recuperándose a 1.000 por hora de una tendinitis rotuliana, y su abductor, con mil dolores, no nos daban la seguridad de nada. Él desde la última media maratón no hacía nada; yo, desde hace quince días que me la pasaba en kinesiología, con hielo, nadando alguna vez o con algo de bici. ¿Podremos enfrentar el desafío?

Nos planteamos salir a «probarnos» las mañana de la acreditación. Y salimos. El gps nos decía que casi íbamos a 7… jaja… estábamos los que se dice «cagados en las patas», pero igual decidimos no perdernos de estar en la salida del reto.

Partimos hacia la Villa Catedral, donde se hacía la acreditación y el armado del container que llevaría todos los efectos personales que despecharíamos para los campamentos. El día no podía ser mejor, el sol se desplegaba sobre el pequeño caserío Andino, de sueño. Todos estábamos exaltados, alegres, derrochando ansiedad por todos los poros.
La mañana de la carrera, madrugamos. Aunque mucho no se había podido dormir. Los nervios son terribles. Un desayuno a las apuradas, y a prepararse para la guerra (asi lo sentía yo). Vaselina en los pies, y en cada parte posible a rozar, chequear por enésima vez las cosas de las mochila, que estén los elementos obligatorios, lo que queríamos llevar.

La largada estaba a orillas del lago Mascardi, sobre la ruta es imposible pasarse, hay corredores por todos lados como hormigas alrededor de un pote de azucar. Casi sin darme cuenta, largan los primeros: «Caballeros», «Mixtos» y «caballeros entre 80 y 100 años» salíamos segundos. Estoy nerviosa, ¿qué hay mas allá? No hay tiempo de pensar, la cuenta regresiva la gritamos nosotros y largamos… a los pocos metros, ya había que cruzar el primer arroyo, había gente que intentaba no mojarse las zapatillas ¿se habrán equivocado de carrera? Fue caótico, el pobre Estebita había perdido a su compañero Zanetti, desesperado gritaba para todos lados, había varios en la misma situación.

Antes del kilómetro 1.5, lo impensable: la tira de la cintura de mi mochila se rompe, me quedo con una parte en la mano y no lo creo. La até como pude, pero se me fue desatando varias veces, hasta que finalmente la enganché con la tira del cierre del bosillo de adelante (odié a José Salomón)
Después de hacer el costering por el lago, nos metimos por un sendero que subía, caminamos. Con mi rodilla, no me animaba a treparla corriendo, migue salió disparado para arriba y le grité que yo caminaba, me esperó mas arriba y seguimos por senderos cada vez mas para arriba, por ahí bajábamos y ahí yo lo disfrutaba un montón, era algo que había practicado bastante, haciendo zig zag con pasitos cortos como esquiando, adquiría una velocidad increíble…

Llegamos a una cumbre, según el que estaba en el puesto de control, la mas alta del día. Se veía de fondo el lago, las cumbres, el glaciar. Ni siquiera la nube de polvo rojo que levantábamos nosotros mismos, aplacaban la hermosura de lo que veíamos todos, anonadados.

Seguimos el camino que nos marcaban las cintas puestas cada tanto del CDC, y fuimos bordeando el lago. Aunque había bajadas y subidas, pasábamos gente. Cuando podíamos, pedíamos izquierda o derecha y avanzábamos, era divertido.

Cruzamos varios arroyitos mas, y de repente, entramos en un desierto, con matas bajas y poca sombra. El cansancio ya hacía mella en nosotros, y los dolores también. Mas de tres horas llevábamos corriendo y el calor era abrumador. Corría por inercia, por seguirlo a Migue, porque de haber estado sola, hubiera caminado. Casi siempre fui delante, marcando el ritmo yo, por ser la mas «lenta», pero ahora me era imposible…

A lo lejos vemos el río Manso, imposible no detectarlo por su color celeste lechoso. Aún no se por que le llaman así, porque no tiene nada de manso. Cruzamos de la mano para jugar con el equilibrio mutuo, a los pocos metros siento un hacha en las piernas, es como haber metido las piernas en hielo, el dolor es feroz, ya no siento las piernas. Al salir nos dicen que faltan 700 metros… ¿cómo correrlos? si nos quedamos sin pies. Avanzamos torpemente, yo aún sin poder creer que falta tan poco, vamos casi cuatro horas, y de repente, empezamos a ver mas gente, corredores que caminan hacia donde veníamos. Entonces lo creo, estamos casi en meta, me embarga una emoción increíble, nos damos la mano con mi compañero de aventuras y pasamos el arco, mirando extasiados el lago Mascardi y fundiéndonos en un abrazo de felicidad.

Buscamos a los amigos, nos sacamos fotos con la mugre que llevabábamos. Estebita me dice: no lo vas creer! estás negra! jajaja, intento limpiarme con la pechera, pero ya está inutilizable…
Seguimos rumbo a la búsqueda de los containers, para armar el campamento y poder descansar. Por suerte teníamos contratada la comida de la organización, asi que ni bien armada la carpa nos fuimos por nuestros pollos a la parrila con ensalada, que devoré como si fuera caviar de beluga.

Ya estaba, el primer día había sido un éxito total, lo habíamos disfrutado y podíamos pensar en un día dos. Asi cada día, paso a paso…

Desde hace unos días puse unas fotos en el picasa, de los primero días… pasen y vean!