Esos locos que corren

Ayer, mientras esperaba el tren para ir a casa, ví en kiosco de diarios de la estación, una revista con una foto en la tapa del Cruce de los Andes, la compré y me fuí para el andén a leerla mientras esperaba. Fuí ojeándola de atrás para adelante, como suelo hacer, la nota del cruce era mínima y para nada interesante. Es la primera vez que la compro, y me resultó super entrentenida (menos la nota que fui a buscar). Y de repente, comienzo a leer un texto que me pone la piel de gallina. Y cómo es de un escritor uruguayo, y una revista argentina, quise ponerlo acá, para compartirlo con los que se pasean por acá, y vibran con cada movimiento de la carrera…

Yo los conozco.
Los he visto muchas veces.
Son raros.
Algunos salen temprano a la mañana y se empeñan en ganarle al sol.
Otros se insolan al mediodía, se cansan a la tarde o intentan que no los atropelle un camión por la noche.
Están locos.
En verano corren, trotan, transpiran, se deshidratan y finalmente se cansan… sólo para disfrutar del descanso.
En invierno se tapan, se abrigan, se quejan, se enfrían, se resfrían y dejan que la lluvia les moje la cara.
Yo los he visto.
Pasan rápido por la rambla, despacio entre los árboles, serpentean caminos de tierra, trepan cuestas empedradas, trotan en la banquina de una carretera perdida, esquivan olas en la playa, cruzan puentes de madera, pisan hojas secas, suben cerros, saltan charcos, atraviesan parques, se molestan con los autos que no frenan, disparan de un perro y corren, corren y corren.
Escuchan música que acompaña el ritmo de sus piernas, escuchan a los horneros y a las gaviotas, escuchan sus latidos y su propia respiración, miran hacia delante, miran sus pies, huelen el viento que pasó por los eucaliptos, la brisa que salió de los naranjos, respiran el aire que llega de los pinos y entreparan cuando pasan frente a los jazmines.
Yo los he visto.
No están bien de la cabeza.
Usan championes con aire y zapatillas de marca, corren descalzos o gastan calzados.
Traspiran camisetas, calzan gorras y miden una y otra vez su propio tiempo. Están tratando de ganarle a alguien.
Trotan con el cuerpo flojo, pasan a la del perro blanco, pican después de la columna, buscan una canilla para refrescarse… y siguen.
Se inscriben en todas las carreras… pero no ganan ninguna.
Empiezan a correrla en la noche anterior, sueñan que trotan y a la mañana se levantan como niños en Día de Reyes.
Han preparado la ropa que descansa sobre una silla, como lo hacían en su infancia en víspera de vacaciones.
El día antes de la carrera comen pastas y no toman alcohol, pero se premian con descaro y con asado apenas termina la competencia.
Nunca pude calcularles la edad pero seguramente tienen entre 15 y 85 años. Son hombres y mujeres.
No están bien.
Se anotan en carreras de ocho o diez kilómetros y antes de empezar saben que no podrán ganar aunque falten todos los demás.
Estrenan ansiedad en cada salida y unos minutos antes de la largada necesitan ir al baño.
Ajustan su cronómetro y tratan de ubicar a los cuatro o cinco a los que hay que ganarles.
Son sus referencias de carrera: “Cinco que corren parecido a mí”. Ganarle a uno solo de ellos será suficiente para dormir a la noche con una sonrisa.
Disfrutan cuando pasan a otro corredor… pero lo alientan, le dicen que falta poco y le piden que no afloje.
Preguntan por el puesto de hidratación y se enojan porque no aparece.
Están locos, ellos saben que en sus casas tienen el agua que quieran, sin esperar que se la entregue un niño que levanta un vaso cuando pasan.
Se quejan del sol que los mata o de la lluvia que no los deja ver.
Están mal, ellos saben que allí cerca está la sombra de un sauce o el resguardo de un alero.
No las preparan… pero tienen todas las excusas para el momento en que llegan a la meta.
No las preparan…son parte de ellos.
El viento en contra, no corría una gota de aire, el calzado nuevo, el circuito mal medido, los que largan caminando adelante y no te dejan pasar, el cumpleaños que fuimos anoche, la llaga en el pie derecho de la costura de la media nueva, la rodilla que me volvió a traicionar, arranqué demasiado rápido, no dieron agua, al llegar iba a picar pero no quise.
Disfrutan al largar, disfrutan al correr y cuando llegan disfrutan de levantar los brazos porque dicen que lo han conseguido.
¡Qué ganaron una vez más! No se dieron cuenta de que apenas si perdieron con un centenar o un millar de personas… pero insisten con que volvieron a ganar. Son raros. Se inventan una meta en cada carrera.
Se ganan a sí mismos, a los que insisten en mirarlos desde la vereda, a los que los miran por televisión y a los que ni siquiera saben que hay locos que corren.
Les tiemblan las manos cuando se pinchan la ropa al colocarse el número, simplemente por que no están bien. Los he visto pasar.
Les duelen las piernas, se acalambran, les cuesta respirar, tienen puntadas en el costado… pero siguen.
A medida que avanzan en la carrera los músculos sufren más y más, la cara se les desfigura, la transpiración corre por sus caras, las puntadas empiezan a repetirse y dos kilómetros antes de la llegada comienzan a preguntarse que están haciendo allí.
¿Por qué no ser uno de los cuerdos que aplauden desde la vereda?
Están locos.
Yo los conozco bien.
Cuando llegan se abrazan de su mujer o de su esposo que disimulan a puro amor la transpiración en su cara y en su cuerpo.
Los esperan sus hijos y hasta algún nieto o algún abuelo les pega un grito solidario cuando atraviesan la meta.
Llevan un cartel en la frente que apaga y prende que dice “Llegué -Tarea Cumplida”.
Apenas llegan toman agua y se mojan la cabeza, se tiran en el pasto a reponerse pero se paran enseguida porque lo saludan los que llegaron antes.
Se vuelven a tirar y otra vez se paran porque van a saludar a los que llegan después que ellos. Intentan tirar una pared con las dos manos, suben su pierna desde el tobillo, abrazan a otro loco que llega más transpirado que ellos.
Los he visto muchas veces.
Están mal de la cabeza.
Miran con cariño y sin lástima al que llega diez minutos después, respetan al último y al penúltimo porque dicen que son respetados por el primero y por el segundo.
Disfrutan de los aplausos aunque vengan cerrando la marcha ganándole solamente a la ambulancia o al tipo de la moto.
Se agrupan por equipos y viajan 200 kilómetros para correr 10. Compran todas las fotos que les sacan y no advierten que son iguales a las de la carrera anterior.
Cuelgan sus medallas en lugares de la casa en que la visita pueda verlas y tengan que preguntar.
Están mal. -Esta es del mes pasado- dicen tratando de usar su tono más humilde. -Esta es la primera que gané- dicen omitiendo informar que esa se la entregaban a todos, incluyendo al que llegaba último y al inspector de tránsito.
Dos días después de la carrera ya están tempranito saltando charcos, subiendo cordones, braceando rítmicamente, saludando ciclistas, golpeando las palmas de las manos de los colegas que se cruzan.
Dicen que pocas personas por estos tiempos son capaces de estar solos -consigo mismo- una hora por día.
Dicen que los pescadores, los nadadores y algunos más.
Dicen que la gente no se banca tanto silencio.
Dicen que ellos lo disfrutan.
Dicen que proyectan y hacen balances, que se arrepienten y se congratulan, se cuestionan, preparan sus días mientras corren y conversan sin miedos con ellos mismos.
Dicen que el resto busca excusas para estar siempre acompañado.
Están mal de la cabeza.
Yo los he visto.
Algunos solo caminan… pero un día… cuando nadie los mira, se animan y trotan un poquito.
En unos meses empezarán a transformarse y quedarán tan locos como ellos.
Estiran, se miran, giran, respiran, suspiran y se tiran.
Pican, frenan y vuelven a picar.
Me parece que quieren ganarle a la muerte.
Ellos dicen que quieren ganarle a la vida.
Están completamente locos.

Marciano Durán – Escritor Uruguayo

Ufff, se me escapó otra lagrimita…

Cruce de los Andes Columbia – Cronista Invitado

El otro día en los comentarios de uno de mis post, surgió el tema del “cruce de los Andes Columbia” que es una carrera que quiero hacer desde antes de empezar a correr. Leyendo en el foro el Kilómetro, uno de los foristas, Estebita colgó su experiencia allí, la verdad que está bárbara, asi que quise ponerla acá, junto con sus fotos (y ovbiamente con su permiso, ¡gracias Estebita!) La modalidad del cruce en cuestión, son tres días de 30 kilómetro cada uno yendo de Argentina a Chile.
Shhh! apaguen las luces que empieza….
Hace menos de 24 horas que terminó el cruce de los andes, por si no ha sido suficiente, voy a repetirlo acá (ahora que tengo algo de experiencia ya que fue mi primer cruce) que es una aventura que todos debieramos intentar…
Me cuesta escribir (acabo de contestar algunos mails) porque cada vez que recuerdo cosas, se me llenan los ojos de lágrimas.
Recuerdo ayer en la llegada mientras corríamos por Chile los ultimos 10 kilometros en la ruta, como cada coche (lamentablemente sólo los de chapa argentina) que nos cruzaba nos tocaban bocina y nos alentaban. Era increible como te salían fuerzas de donde no tenías, y al mismo tiempo estabas en cada momento al borde del quiebre. Te tocaban bocina, y llorabas, y te olvidabas de la sed que tenías y al mismo tiempo arrancabas el trote que te saliera…
Nadie tenía agua. La ruta, los 30 grados.. muchísma humedad. gente caminando. algunos sentados en el borde de la ruta tratando de reponerse un poco. equipos caminando abrazados, o algunos agarrados de la mochila del compañero para no caerse… Por eso, por lo que sabíamos que significaba esa llegada: creo que todos los que recorrimos ese camino de vuelta a la frontera: le devolvíamos esa emoción a los que venían detras.
Recuerdo un muchacho grande, con un gran cuerpo, muy musculoso, que habrá llegado unos 10 minutos después que nuestro equipo (“sin límites”), a 200 metros de la llegada me puse a aplaudirlo muy fuerte y la expresion en la cara de nene llorando y conteniendose al mismo tiempo que tenía ese hombreton, la felicidad de que estaba a pasos de cumplir su sueño. Habíamos empezado a las 8 menos cuarto de la mañana.
Habíamos subido 1500 metros durante 20 km, pasamos por el collado de la montaña, miramos un poquito el glaciar, y empezamos a bajar trotando. Primero sobre rocas, flojas, después. pastos. mas adelante senderos del ancho de una persona abiertos a machete,. entre vegetacion. Con tierra colorada, muy finita, mucha tierra! El recuerdo de cruzar arrollos y cada arrollo era una bendicion. te ponías en cuatro patas y bebías como un animal.. mojarse la cabeza, la gorra, y volver a correr para abajo… mirando las cintas que marcaban el camino, pero mirando abajo para no tropezar con piedras. ramas, no quedarse pegado a una rosa mosqueta. una chica se clavó en la nariz de frente una rama, que suerte que fue en la nariz! que cerca de ser una desgracia que estuvo, era impresionante como le quedó la nariz, desgarrada, como sangraba!.. pero terminó la carrera. Que emocioen ver los equipos femeninos corriendo! que valientes! que fuertes que son! Ver la cantidad de gente rengueando. con las lesiones de rodillas que deben haber sido las mas comunes, vendados.
Lo que es el espiritu humano! como cuando alguien quiere algo mucho, como cuando el orgullo se puede canalizar de manera positiva! bueno. No los quiero aburrrir, les agradezco me permitan expresarme. Tengo toneladas de cosas que quisiera contar, pero por ahora me basta con “abrir la mano”, y seguir una semana mas acá en el sur, viviendo. Que sabio, y que satisfecho que me sentía acá, estos 3 días, concretando todo lo que había soñado, y aún mas! y muchísimas cosas se las debo a Ustedes, que como comunidad me han aconsejado, cuantos consejos geniales! Si yo hace 2 meses no había probado un solo gel en mi vida! Maratoniano que me aconsejó como recuperarme cada etapa! y te hice caso al pie de la letra! había gente que se me acercaba porque se sorprendía de que me metiera en el agua helada y salia, y elongaba y de vuelta al agua.. Así unas 3 horas. y yo: transmitía lo que aprendí: se los contaba. bueno. pero esto es muy desprolijo. así vienen los recuerdos.

Estos 3 días vi. heroismo, solidaridad. egoismo,. estupidez, ignorancia, belleza, bellezas!, amistad, enojos, pasion, coraje, fuerza, empeño, frustacion, triunfos. Todo junto, Una larga película de 72 horas, en donde uno era el protagonista.

Campamento 1. En el lago Rosario.

Casi llegando a la cumbre: véanse las hormiguitas en el centro de la foto. al fondo: la fumarola del volcán, con su musguito y sus charcos de azufre.

Ultimo día: la pendiente de subida: 1500 metros de desnivel.

Tratamiento post carrera. El agua estaba algo fresquita. El mas petiso soy yo! obvio! ”

Hasta aquí su crónica, el febrero del 2008 con suerte… la mia!!!

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Recién acabo de llegar de entrenar, totalmente hambreada! menos mal que antes de llegar a mi oficina la enganché a la del carrito y lo vacié casi… Y ahora, luego de dos facturas y un montón de cerealitas puedo contar la historia.
15 min masomenos de entrada en calor (por ahí fueron un poco mas, no lo té) Hice 4 pasadas de 900 mts en el óvalo. No me salieron muy bien. NO me supe medir al principcio y por mas que pensé que me quedaba resto no salieron bien. A saber:
1º 3’33
2º 3’35
3º 3’33

4º 3’41 (en esta dejé la vida y asi y todo me salió mal)
Asi que acá me tienen, con puchero y trompita de elefante.