Ahora es después

¿Valió la pena el esfuerzo al que sometí mi rodilla lesionada por hacer el cruce?

Lo pienso, y lo pienso y no encuentro quiebre: si.

Hace 40 días que terminó la carrera y la cuarentena de actividades sigue. Corrí dos veces desde entonces: la primera, en la semana siguiente, me pegué una pasada de unos cuantos metros para que no perdamos el catamarán que nos llevaría al bosque de Arrayanes, y ví las estrellas; la segunda, este domingo, persiguiendo a Paula para que no se caiga en la plaza, y sentí el tirón.

Cuando fuí al traumatólogo, lo primero que me preguntó (con cara de miedo) es que carrera seguía ahora y le dije lisa y concisamente: mi único objetivo ahora es recuperar la rodilla. “Bien” me dijo el doc, y luego de un minucioso examen el dictamen fue “te hacés una resonancia para ver que el tendón no se halla lastimado y en base a eso, vemos el plan a seguir.

Asi que estoy esperando y sin apuro. El cruce me dejó satisfecha y no se me mueve un pelo por tener que seguir parada. En otro momento, habría tenido ganas de hacerme un “harakiri” por terner que parar 10 días. Hoy lo tomo con calma, como una sucesión de hecho lógicos a mi elección.

Cruce de los Andes, parte II

Ese primer día en el Camping “Los Césares” fue increíble, el sol, las montañas, el lago de ensueño.
Después de almorzar, nos fuimos a remojar al lago. Apenas a orillas del campamento, estaba todo el mundo, era la torre de babel, mil idiomas pero todos iradiabamos felicidad. Mi rodilla agradecida por el fresco del agua, aunque pasados unos minutos ya se sentía bien. Y me dieron ganas de nadar. Migue me miraba como si me hubiera poseído un demonio. Es que encontré en él, a alguien más friolento que yo, cosa que pensaba imposible. Pero asi es.

Para la derecha, a lo lejos , se veía una playita con menos gente, asi que rumbeamos para allá y yo pude dedicarme a disfrutar del agua a mi antojo. Se veía hasta la última piedra del fondo.

Llegaba la hora de las curaciones, las heridas de guerra eran muchas. Para empezar, se me habían hecho unas ampollas en cada articulación del dedo gordo, la rodilla me dolía un poco, asique luego de unos masajes y estiramientos, me emparché y nos dedicamos a disfrutar las tarde espectacular que hacía.

Andaba desesperada por un café (para variar) pero no lograba conseguir agua caliente, se había terminado en la cantina, y el baño estaba cerrado para conectar el calentador electrico que tenía. Estaba tan desesperada que me fui a preguntarles a los del camión generador, que daba energía al centro de datos de la organización si me dejaban enchufar. Obvio que un NO rotundo fue la respuesta, pero justo ví que abrían el expendio de agua nuevamente, y alcancé a poner nuestros vasos térmicos en la cola antes que la vuelvan a cerrar. Ya anoté para la próxima, traer un calentador a combustible por lo menos para el agua caliente.

La tarde iba cayendo y se fue llenando el aire de humo de la carne a la parrilla que cocinaban para la cena. Fue medio caotíca, se hizo tarde, se superpuso con la charla técnica, y al final, entre una cosa y otra nos acostamos recién cerca de medianoche, y al otro día había que entregar tempranísimo los containers.

Durante la madrugada, pasó lo que temía que pasara. Quise ir al baño, y mientras me decidía a ir o no, desperté sin querer a Migue y fuimos con nuestros frontales en la cabeza, cruzando el campamento en completo silencio. Hacía frío y estaba húmedo. Éramos dos luciérnagas perdidas por la cordillera.

Ya a las cinco de la madrugada, la fiebre comezó a hervir alrededor y nos despertamos sin necesidad del aparato. Durante la noche había llovido y una fina capa de agua lo impregnaba todo. Había que apurarse, si no entregábamos a tiempo el container, no llegaba hasta la noche en el segundo campamento.

Metidos a medias en la carpa, tomamos nuestro café con leche (bueno, migue se tomó un nesquik, o “colacao” como él le decía) con pancitos con mermelada de frambuesa, pasas, nueces y yo le adosé una barrita energética sabor mazapán, Casi como un hotel 5 estrellas.


Teníamos el “día fácil” por delante.

Se larga en tandas de cincuenta, y nos toca la cuarta salida por los tiempos del día anterior. Parques Nacionales, le había dicho al organizador, que era imposible que larguen 900 almas y se metan de golpe en el parque. Nos pusimos atrás, casi cuando estaban por salir. Y fue asi… sin dolor, como suele decirse.

Fuimos poco tiempo por un camino de ripio, hasta meternos en unos senderos que bordeaban el Manso, y entramos en lo que parecía un bosquecito encantado, en el que era imposible pasar a alguien, y los que iban con nosotros caminaban. Asi que, a caminar… hasta un mallin seco, que tampoco se podía correr demasiado. Era imposible. Era como si fuera un piso de cerámica con huellas de animales incorporada que hacen que estés por caerte a cada rato.

Llegamos a un camino de montaña para autos y lo corrimos mientras no subía, y esto de haber corrido casi todo el tiempo, hizo que mis rodillas empiezen a pasarme factura.

Los últimos kilómetros venía mal. Me dolía. Pero quería llegar de una vez. Pasamos por un puesto de gendarmería y pensé que habíamos terminado. No, faltaba un poco. Alguien nos dice que ya casi estamos, “¡el último esfuerzo!”. Migue me da la mano para darme fuerzas, y se lo agradezco de corazón. Con la bandera de nuestro Sponsor en una mano y mi compañero llevándome de la mano, vemos el arco de llegada, y entramos…


Armamos la carpa bajo una fina llovizna, que poco a poco dejó paso a un hermoso día. Era tempranísimo, ni las once de la mañana y después de picar algo nos fuimos para el rio, a intentar relajar las piernas en el agua del Manso. Cosa imposible, duré menos de 20 segundo con las rodillas en el agua, sentía que los pies me iban a explotar. Esteban me decía: “aguantá el primer minuto que después se banca”. Salí desesperada, me agarré a Zanetti y me doble en dos con los ojos cerrados porque no aguantaba el dolor que sentía en los pies. Y se ve que a una pobre ranita de 1 cm de largo que andaba por ahí le había ido peor: directamente le faltaba una pierna…

Estaba cansada, al cerrar los ojos a la siesta, fue como adentrarme en un mundo de pesadillas, cuando quise despertarme a la hora y media, me era imposible, era como que un hilo de plata me succionaba y no me dejaba escapar. Sólo el calor que sentía (creo) fue lo que me hizo salir del pequeño horno que se había convertido la carpa. No había estirado demasiado, y temía que me quede agarrotada, asi que nos fuimos cerca del rio y “hacía que” estiraba, al final se convirtió en una merienda grupal improvisada y nos pusimos todos en ronda de indios. Hablando, como si estuvieramos en guerra y planearamos la estrategia para la batalla de mañana.

Como siempre, llegó la noche y entre una cosa y la otra se hizo tarde. Pero, no se si por la siesta o porqué, seguimos habando con Migue largo rato, como si estuvierámos en un pijama party de adolescentes, sin querer dormir y que no termine nunca el día.

Amaneció gélido. Yo me había acostado ya con la ropa que iba a correr, para no tener que cambiarme (obvio que sin la pechera, que a esta altura, la única forma de tenerla cerca, era por el lado de afuera, ya que habíamos decidido conjuntamente que no la lavábamos hasta terminar la carrera), fue un desayuno automático, en silencio, solo se podía escuchar el tiritar de cada cuerpo.

La largada era a las 7:30, para intentar tener algún indicio de luz. Yo no podía entrar en calor, y Miguel menos. Cuando casi era la hora, nos fuimos para la largada. Este día, salimos con los bastones, sabíamos que iban a ser imprescindibles, y asi fue.

Como autómata voy a ponerme en posición después de la tercera salida. Era nuestro turno. Miguel no está seguro, no sabe nada, no se entera de nada, lo está pasando peor que yo. Comenzamos a correr y yo no siento los pies, los tengo dormidos por el frío. La rodilla me duele mucho, voy detrás de él, lo sigo y hay un momento que tengo ganas de llorar, lo trago, sigo corriendo. Ya es de día y hace media hora que estamos en carrera, pero no puedo entrar en calor, los músculos no me responden. Hace rato que nos pasaron casi todos los de la quinta largada, voy mal. Las bajadas son una tortura china.

Ya pasó una hora, y puedo decir que mis piernas me responden, Ya me saqué el rompevientos que tenía bajo la pechera como único abrigo y voy mejor. Nos metemos en unos seneros medio selváticos, donde el camino esta hecho por debajo del nivel del suelo, es como ir por un pasillo. De repente, vienen tres personas en la dirección contraria, son los punteros de la categoría mixtos, con un guía de montaña que los lleva hacia algún lado, evidentemente algo les pasó que abandonaron. Hasta hoy no lo sé.

Comienzan las mallines, esta vez son húmedos, y depende por donde toque pasar, llegan al tobillo o a la rodilla, y hasta alguno que quiso probar camino, quedo sumergido hasta a cintura en ese fango líquido y pantanoso. Pero como el humor ya estaba con nosotros, lo pasamos bien. Cuidando nada mas no doblarnos nada. Ya bastante tenemos en la mochila.

En algún momento comenzamos a meternos por sendero cada vez mas cerrados, siempre para arriba. Nos topamos con varios arroyos de montaña que tienen “puentes” improvisados, troncos con alguna soga o algo similar. De repente, en el medio de la nada, un kiosco, con lista de precios y todo, parecía chiste. Supongo que era para los montañistas que caminan por ahí, pero parecía un chiste. Miguel por fin para a hacer pis, hace dos horas reloj que viene diciendo que quiere, como los niños.

Y seguimos corriendo, cada vez con mas obstáculos, decenas de árboles caídos que hay que pasarlos por arriba o por abajo, te van rompiendo las piernas de a poco, lentamente. Hay algunos senderos inundados, con maderas para pasarlos. La única manera es ir tanteando con el bastón la profundidad, para no caer en algún pozo profundo, y así todo, de repente mi pierna izquierda cae, y se hunde hasta arriba de la rodilla, una trampa me sujeta el pié, no lo puedo sacar, y no veo nada ya que es barro líquido, mi pié tiene a los dos lados maderas, o algo que lo retiene, Miguel intenta ayudarme, entre los dos agarramos mi pierna y no podemos, ¿qué hacemos? Lo volvemos a intentar entre los dos y por fin va cediendo. No se si antes o poco después, cruzamos a unos corredores que estan barados al costado, uno sentado en algún recodo de la roca y el otro sobre él: lo está cosiendo, tiene una abertura profunda desde arriba de la ceja hasta comenzado el cuero cabelludo, parece un labio vertical.

Cada vez mas arriba estamos, hasta que de repente, salimos a un espacio abierto, y nos chocamos con la vista de un glaciar increíble, y mas abajo, cascadas. Nos quedamos mirando como tontos, es impactante. Ahora hay que bajar por la roca, Migue trastabilla y cae de lleno sobre una roca pero se para rápido, me lo quedo mirando para verle la cara, pero me dice que esta bien, que cayó sobre la mochila. Al rato, por intentar agarrarme y no caerme, me sostengo de una planta espinosa y veo las estrellas, todo el guante me queda lleno de “toritos”, era la misma mano que me había quemado una ortiga antes, me río… es increíble…! Guardo el guante inutilizado y seguimos, se ve un valle. No se bien cuanto nos falta, mi compañero se niega a decirme cuanto vamos para que no me deprima, estamos ya hace muchas horas en carrera.

Ya estamos mas que mal los dos, el dolor de mi rodilla y el de su abductor van con nosotros como mudos ángeles negros. Es un dolor helado. Ya caminamos en cualquier lado, o remedamos corridas, apenas un poco mas de ritmo. Me había tomado cuatro geles pero el último sin poder terminarlo, me dió náuseas. Pero pensaba que tomando el isotónico estaba bien, le digo a cada rato que tome agua a Migue, no me hace caso, por un momento pienso en plantarme hasta que no tome algo, pero veo que bebe algo y desisto.

Según el gps de Migue, faltan mas de 9 km para llegar, que se nos antojan eternos. Pero comenzamos a escuchar voces, y yo me acuerdo de la vez que Estebita me mostró los planos del Club Andino y sabía que si estabamos cerca del lago Frias, después teníamos los úlitmos tres kilómetros, que ya nos habían dicho que eran en subida, pero ya casi estábamos.

Y si, nos topamos con el verde del Frias, yo no puedo mas, los gritos de los corredores que ya habían terminado y esperaban el barco no logran motivarme, Estebita y Zanetti nos gritan, nos aplauden ¡¡vamos chicos!! ya casi están, pero de no ser por Migue, mi carrera hubiera terminado ahi, cuando empezamos a subir (eran tres kilómetros con una pendiente de 200mts), vuelve a tirar de mi. A él, el darse cuenta que ya casi terminábamos, fue como una inyección de energía, se lo veía feliz, contento. Yo era una lacra. Agarré uno de los bastones y me fui ayudando para subir, y Migue tiraba de mi… no solo de la mano, sino con sus palabras. Comienza a hacerme una especie de entrevista, se reía, intentaba subirme la moral, pero me es casi imposible hablar. Caminamos abrazados como dos lisiaditos, y los corredores que van bajando nos alientan, nos dicen fuerza… fuerza! Es eterna la subida, no se bien cuanto tardamos, pero fue mucho tiempo.

Y de repente, el arco… hay que hacer una cosa rara, porque lo pusieron al revés para que en las fotos se vea el cartel de “Chile”, cruzamos, nos miramos incrédulos, estamos sucios, dolidos, emocionados, hambrientos, felices… y nos abrazamos agarrándonos con temor a que el otro se escape. Nos volvemos a mirar, seguimos sin poder creerlo, el tiempo se detiene y solo existimos él y yo.

Cruzando los Andes (parte 1)

Estoy con Miguel volando hacia Bariloche, y una mar de incertidumbres nos embarga. Aún no sabemos si podremos correr o no. Mi rodilla, recuperándose a 1.000 por hora de una tendinitis rotuliana, y su abductor, con mil dolores, no nos daban la seguridad de nada. Él desde la última media maratón no hacía nada; yo, desde hace quince días que me la pasaba en kinesiología, con hielo, nadando alguna vez o con algo de bici. ¿Podremos enfrentar el desafío?

Nos planteamos salir a “probarnos” las mañana de la acreditación. Y salimos. El gps nos decía que casi íbamos a 7… jaja… estábamos los que se dice “cagados en las patas”, pero igual decidimos no perdernos de estar en la salida del reto.

Partimos hacia la Villa Catedral, donde se hacía la acreditación y el armado del container que llevaría todos los efectos personales que despecharíamos para los campamentos. El día no podía ser mejor, el sol se desplegaba sobre el pequeño caserío Andino, de sueño. Todos estábamos exaltados, alegres, derrochando ansiedad por todos los poros.
La mañana de la carrera, madrugamos. Aunque mucho no se había podido dormir. Los nervios son terribles. Un desayuno a las apuradas, y a prepararse para la guerra (asi lo sentía yo). Vaselina en los pies, y en cada parte posible a rozar, chequear por enésima vez las cosas de las mochila, que estén los elementos obligatorios, lo que queríamos llevar.

La largada estaba a orillas del lago Mascardi, sobre la ruta es imposible pasarse, hay corredores por todos lados como hormigas alrededor de un pote de azucar. Casi sin darme cuenta, largan los primeros: “Caballeros”, “Mixtos” y “caballeros entre 80 y 100 años” salíamos segundos. Estoy nerviosa, ¿qué hay mas allá? No hay tiempo de pensar, la cuenta regresiva la gritamos nosotros y largamos… a los pocos metros, ya había que cruzar el primer arroyo, había gente que intentaba no mojarse las zapatillas ¿se habrán equivocado de carrera? Fue caótico, el pobre Estebita había perdido a su compañero Zanetti, desesperado gritaba para todos lados, había varios en la misma situación.

Antes del kilómetro 1.5, lo impensable: la tira de la cintura de mi mochila se rompe, me quedo con una parte en la mano y no lo creo. La até como pude, pero se me fue desatando varias veces, hasta que finalmente la enganché con la tira del cierre del bosillo de adelante (odié a José Salomón)
Después de hacer el costering por el lago, nos metimos por un sendero que subía, caminamos. Con mi rodilla, no me animaba a treparla corriendo, migue salió disparado para arriba y le grité que yo caminaba, me esperó mas arriba y seguimos por senderos cada vez mas para arriba, por ahí bajábamos y ahí yo lo disfrutaba un montón, era algo que había practicado bastante, haciendo zig zag con pasitos cortos como esquiando, adquiría una velocidad increíble…

Llegamos a una cumbre, según el que estaba en el puesto de control, la mas alta del día. Se veía de fondo el lago, las cumbres, el glaciar. Ni siquiera la nube de polvo rojo que levantábamos nosotros mismos, aplacaban la hermosura de lo que veíamos todos, anonadados.

Seguimos el camino que nos marcaban las cintas puestas cada tanto del CDC, y fuimos bordeando el lago. Aunque había bajadas y subidas, pasábamos gente. Cuando podíamos, pedíamos izquierda o derecha y avanzábamos, era divertido.

Cruzamos varios arroyitos mas, y de repente, entramos en un desierto, con matas bajas y poca sombra. El cansancio ya hacía mella en nosotros, y los dolores también. Mas de tres horas llevábamos corriendo y el calor era abrumador. Corría por inercia, por seguirlo a Migue, porque de haber estado sola, hubiera caminado. Casi siempre fui delante, marcando el ritmo yo, por ser la mas “lenta”, pero ahora me era imposible…

A lo lejos vemos el río Manso, imposible no detectarlo por su color celeste lechoso. Aún no se por que le llaman así, porque no tiene nada de manso. Cruzamos de la mano para jugar con el equilibrio mutuo, a los pocos metros siento un hacha en las piernas, es como haber metido las piernas en hielo, el dolor es feroz, ya no siento las piernas. Al salir nos dicen que faltan 700 metros… ¿cómo correrlos? si nos quedamos sin pies. Avanzamos torpemente, yo aún sin poder creer que falta tan poco, vamos casi cuatro horas, y de repente, empezamos a ver mas gente, corredores que caminan hacia donde veníamos. Entonces lo creo, estamos casi en meta, me embarga una emoción increíble, nos damos la mano con mi compañero de aventuras y pasamos el arco, mirando extasiados el lago Mascardi y fundiéndonos en un abrazo de felicidad.

Buscamos a los amigos, nos sacamos fotos con la mugre que llevabábamos. Estebita me dice: no lo vas creer! estás negra! jajaja, intento limpiarme con la pechera, pero ya está inutilizable…
Seguimos rumbo a la búsqueda de los containers, para armar el campamento y poder descansar. Por suerte teníamos contratada la comida de la organización, asi que ni bien armada la carpa nos fuimos por nuestros pollos a la parrila con ensalada, que devoré como si fuera caviar de beluga.

Ya estaba, el primer día había sido un éxito total, lo habíamos disfrutado y podíamos pensar en un día dos. Asi cada día, paso a paso…

Desde hace unos días puse unas fotos en el picasa, de los primero días… pasen y vean!

Cruzamos…

Ya ven que el equipo “Atletismo Arroyo” lo consiguió…
Por ahora les dejo esta foto de la llegada del segundo día, el día más corto, pero más rápido. Fue una experiencia increíble y haberla compartido con alguien de la calidad humana de Miguel, fue lo una de las mejores cosas. Formamos un excelente conjunción, y hubo momentos en que yo necesité su apoyo y viceversa… ¡Gracias!

vermouth con papas fritas y good show!!!…*

Así decía el granTATO… cuando finalizaba su programa, y como supongo que este, muy probablemente, sea mi último post hasta la vuelta (hija, nunca digas nunca) Me despido así…

Un videito que ya había puesto por acá, pero editado suuuper cool… tranqui, nada de cosas que te dejen dando vueltas. Disfrútenlo y recuerden que van con nosotros. Terminemos o no esta aventura. Ya me siento feliz.

La página de la organización, El club de Corredores, probablemente ponga todas las noches un resumen diario. No se esperen gran cosa, alguna fotito o si alguien palmó en el camino, no mas que eso. Aunque uno nunca sabe, por ahí nos sorprenden gratamente. Acabo de leer que están “vendiendo” que van a estar algunas “figuras” por ahí gracias a ellos, se esmeran un toque.

“La gran atracción del Cruce de los Andes será la presencia del atleta Etíope Bekele. También estarán el Keniata Rotich, el español Aurelio Olivar y posiblemente si se recupera de su lesión el mejor atleta argentino de todos los tiempos Antonio Silio. “

Nos vemos a la vuelta (aunque andaré dando vueltitas hasta el martes)

A nada (Cuenta regresiva)

Los nervios me dejan asi… sin palabras.

Esots últimos días de la previa me están dejando a la miseria. Que si los pasajes, las mochilas, el equipaje, los bastones de trekking, los geles, las barras porteicas, mas geles, la kinesiologia, el insomnio, hacer mil veces las listas de cosas, ir al cdc a pagar todas las benditas/malditas cosas, que el viaje de vuelta por los lagos, los nuevos colegios de los chicos, me tengo que mudar, ultimar detalles para mi vuelta a la facultad, el gatorade en polvo, el banco… ¡HELP!

Por eso es, que no aparezco mucho por ningún lado!

Un beso enoooorme a todos los que nos están ayudando a Miguel y a mi en esta aventura, a los que intentan, pero no pueden. A los que intentan.. y si pudieron!

EN fin, es increible como se movilizaron para darnos apoyo de todo tipo!!!
Estamos cargadisimos de ilusiones y esperanzas…
ME olvidaba, a eso se le suma los rumores de avispas amarillas asesinas por la zona, y los feroces pudues… nada es facil en esta vida

Calendario 2008

Queda menos de un mes para el ansiado “Cruce de los Andes”. Por suerte, o mejor dicho, gracias a MERAK, conseguimos un sponsor para nuestro equipo, asi que en honor a los valientes que nos apoyan, ya dejamos de ser un número y somos la dupla “Atletismo Arroyo”. Pero, como nos faltaba todavía algo mas para completar los gastos, quemamos algunas neuronas y se nos ocurrió hacer un calendario! (nunca se sabrá quién fue el de la idea, jaja, aunque creo que es medio obvio… )

Como se podrán imaginar, ni somos profesionales de la fotografía ni del modalaje. Asi que los que quieran apoyarnos en este emprendimiento, sepan que está hecho a pulmón y con muchísima buena onda (tendríamos que hacer después un calendario con las fotos del Backstage, jaja, que fue para alquilar balcones)

En el sidebar, está el link al Paypal, un sistema seguro de compra por internet. Es fundamental que dejen su mail, porque ahí van a recibir el “combo calendario”, que consiste en un archivo con el Calendario Cruce de los Andes 2008 en pps, otro archivo en pdf para que lo puedan imprimir y puedan verlo y reirse a cada rato, y un tercer archivo en formato jpeg para que nos recuerden mes a mes en el fondo de pantalla (espero que no tengan pesadillas después…).

Mil gracias a todos por adelantado, y espero que lo disfruten. Ah, y sean buenitos con las críticas eh?!

42º en Baires

Me duele la rodilla. Me quiero morir. No, no por el dolor, mas bien, por pensar que tengo una maldición con los entrenamientos. Es como si tuviera un tope de suerte y cuando sobrepasa el límite… ¡chau! (me caí, si si, torpe yo, maldita raiz en el camino).

En este momento, voy en el tren, con un calor abrazador que no te suelta, te aprieta con sus garras y no te deja respirar. Abro la botella de “Villa del Sur Fizz” fría, pero la satisfacción del líquido helado es esporádica. Dos segundos mas tarde, estoy en brazos de este amante cruel y posesivo. Vuelvo a abrir la botella, vuelvo a sentir el momentáneo bienestar y caigo de nuevo en el sopor.
Es la 1:17 de la tarde y me sumerjo en el letargo. Mi mente se dispara…

el 2008 comenzó

Terminé el año corriendo, y lo empecé también así. Claro, de forma metafórica.

El 31, con un día de 1.000 grados de sensación térmica en Buenos Aires, salí a entrenar. Corrección, a intentar entrenar. Lo único que pude hacer fueron 55 minutos a paso lamentable, sin intervalos, sin nada de nada, salvo correr. Palermo estaba casi desierta, eran las 8 de la noche y evidentemente todos andaban en los preparativos de la cena de año nuevo. Como mi santa madre se encargaba de todo (de la cena) pude escaparme a correr.

Andaba medio cagada en las patas, la soledad por esos parajes no es buena, y aunque era de día porque el cambio de horario del día anterior hacía que siendo casi las nueve hubiera luz, igual andaba alerta. En eso veo que un chico en bici se daba vuelta y me miraba, y yo pensaba “la ca**ué” y ahora ¿qué quiere? … unos metros mas adelante, tenía un fotógrafo personal, asique quedó hasta inmortalizada mi salida…

La semana pasada entre las navidades y eso, bajó sustancialemente mi entrenamiento, logré 55 km y todos en plan juntar km, nada de calidad y ni nada de eso… Esta semana ya llevo dos días de entrenamiento, y ayer pude meter dos por 25’, costaron… costaron, mis piernas todavía no logran la “velocidad” de otras épocas previas a la maratón.

Iba a poner que mi compañero está a tiempo de cambiar, pero no, ya no queda tiempo. A casi un mes del Cruce de los Andes, ya no hay vuelta atrás.

Tres al hilo

Lunes:
10:00 horas. Sola
entrenamiento: resistencia (1:22 hs)
gimnasio: 1hora
estiramientos: los que pude
suelo: asfalto (poco) tierra y pasto
temperatura: calor

Martes:
14:58 horas. Sola
entrenamiento: velocidad
gimnasio: 1hora
estiramientos: por reloj, complete 30” cada grupo muscular (tomá!)
suelo: asfalto (poco) tierra y pasto
temperatura: calorrr, mucho calorrrr

Miércoles:
8:30 horas. Sola
entrenamiento: lo que salga en 55 min
estiramientos: mientras iba cruzando la calle/esperando que me abran/bañándome
suelo: asfalto (poco) tierra y pasto
Viento agradable, aunque se notó el calorcete

(No, no le presté el blog a una conocida bloguera “amiga” de Tarzan. Aunque lo parezca)

Asi arranque ayer mi entrenamiento, por suerte salió todo bien. Cuando salí para palermo, iba pensando donde corno hacer el trabajo, que el sol estaba que secaba las uvas y ya no daba mas del calor. En eso andaba pensando, cuando me di cuenta que una agradable sombra me había cubierto, ¡sí! había entrado a un corredor de árboles que hay por Figueroa Alcorta, justo entre Monroe y la YPF de la calle Echevarria, i-de-al para esta siestita calurosa que me impregnaba. Y gracias a eso, pude terminar muy bien. Era un día facilongo, pero de ahí directo al gym para la rutina de pesas. Con las axilas paspadas y poca gana de “fierros”.

Hoy seguí con mi cuota que me tocaba, pero arranqué tarde. Por esperar a Lucio que entre a un examen, no me quedó demasiado tiempo y tuve que recortar, para que no me “recorten en cuadraditos” en mi trabajo… Pero siendo mi tercer día concecutivo de entreno ( no lo puedo creer, tendria que festejarlo, hace …. no, nunca hice tres dias seguidos) aunque no haya terminado, me siento conforme. Hoy descanso de gym, y mañana gym y descanso de corrida. Viernes, 20 km y el sabado 21 de la cross. SI todo sale como lo tengo planeado, sería una semana redonda!

Un pedido al gobierno de la C.A.B.A: que no siga poniendo bebederos estrategicamente ubicados para hidratarse…. SI NO FUNCIONAN! no sirve de nada que sean tan cool y minimalistas ¡si no sale una gota de agua!